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LA CONSTRUCCIÓN DEL MITO

Congressman Jair Bolsonaro speaks during a forum hosted by newsmagazine Veja in Sao Paulo, Brazil, November 27, 2017. REUTERS/Leonardo Benassatto

El flamante mandatario de Brasil comenzó su carrera política con la planificación de una rebeldía militar por mejoras salariales. Desde entonces no paró. Durante treinta años ocupó cargos legislativos saltando de una fuerza a otra, hasta que en 2018 creó el Partido Social Liberal, con el que llegó a la presidencia.

Por Ayelén Oliva. Nacionalista, conservador, nostálgico de la dictadura, misógino, violento. ¿Cómo fue el recorrido del militar Jair Bolsonaro para dejar de ser un personaje marginal de la política brasileña, que desde el comienzo de su carrera eligió trabajar en la construcción de una figura heroica tan ficcional como cautivadora, hasta llegar a ser presidente del país más grande de Sudamérica?

Nacido en las afueras de San Pablo, Bolsonaro optó por vivir en Resende, en el estado de Río de Janeiro, a fines de los 70, cuando ingresó a la escuela de cadetes mientras el país continuaba en dictadura. Fue en 1987, a sus 31 años, cuando entusiasmado por el respaldo público que recibió después de ser detenido por la publicación de un artículo donde denunciaba los bajos sueldos de los militares, planificó la operación Beco Sem Saída (callejón sin salida), que hizo estallar bombas de baja potencia en cuarteles y academias militares en protesta por los bajos salarios. El Tribunal Militar encargado de juzgarlo lo absolvió, al año siguiente, por falta de pruebas. Bolsonaro comenzó en ese momento su carrera política.

Ya en el Partido Demócrata Cristiano fue electo concejal de Río de Janeiro, un cargo que le duró poco porque en las elecciones de 1990 consiguió ser electo para diputado federal por el mismo partido. Después vendrían otros cuatro mandatos sucesivos en los que fue saltando de partido en partido hasta terminar en el Partido Social

Liberal, un espacio político casi inexistente utilizado con éxito como sello de goma para presentar su candidatura a presidente.

Con la banda presidencial ya sobre el pecho, llamó la atención que, por primera vez en la historia, la esposa de un mandatario hiciera uso de la palabra en una asunción presidencial antes que el jefe de Estado. Michelle Firmo Reinaldo, de 38 años, conoció a Bolsonaro en 2007 mientras trabajaba como secretaria parlamentaria en la Cámara de Diputados. El discurso en lenguaje de señas que dio el 1 de enero no llamó la atención; la mayoría de los brasileños sabe que Firmo Reinaldo es miembro del ministerio de sordos de la iglesia evangélica Bautista Actitud, en Barra da Tijuca. Desde el Planalto, Firmo Reinaldo envió dos mensajes claros. En primer lugar, tendrá un rol activo en humanizar la figura dura del presidente por medio de la construcción de un perfil amable y sencillo, que incluye amplias sonrisas, demostraciones de cariño público y un supuesto respaldo a las minorías, una de las principales críticas que recibe a menudo el nuevo gobierno. Por otro lado, fue un guiño al voto evangélico, que, desde la construcción de una campaña atravesada por un profundo fundamentalismo religioso, resultó un elemento clave para alcanzar la presidencia.

Pero antes de su matrimonio con Firmo Reinaldo, con quien tuvo a su única hija mujer, el presidente estuvo casado con Rogéria Bolsonaro, con quien tuvo tres hijos, Flávio, Carlos y Eduardo, y, un tiempo más tarde, con Ana Cristina, con quien tuvo a Renan.

UN CLARO Y MESIÁNICO OBJETIVO

La familia Bolsonaro, con el paso del tiempo, supo construir un perfil definidamente político. “Policía Federal, abogado, tercer hijo de Jair Bolsonaro y el diputado federal más votado de la historia de Brasil.” Así es como se define Eduardo Bolsonaro, de 34 años, que cumple el rol político más activo dentro de su familia. Hace cuatro años llegó al Congreso para ocupar una banca junto a su padre. Pero en diciembre dio un paso más allá y lideró la primera Cumbre Conservadora de las Américas, que reunió a los principales exponentes de la ultraderecha regional, desde el candidato de extrema derecha a la presidencia de Chile, el pinochetista José Antonio Kast, hasta el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Una señal de alerta del papel internacional que tendrá el menor de los Bolsonaro.

Flávio Bolsonaro, el mayor, fue electo senador por el estado de Río de Janeiro en las últimas elecciones. De 37 años, fue diputado estatal por cuatro períodos, es decir, durante 16 años, en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, y recién en este año dio el salto a la política nacional. El otro de sus hijos, Carlos, es el responsable de la comunicación en redes sociales del presidente desde 2014. De perfil más bajo, actualmente es concejal en Río de Janeiro.

Bolsonaro, consciente de su objetivo político, desde la destitución de Dilma Rousseff viene trabajando en la construcción de una figura que se presente como salvadora ante el desastre político y el fuerte vacío de poder que vive Brasil.

Durante la campaña, el spot electoral más popular llevó el nombre “O mito chegou, o Brasil acordou” (“El mito llegó, el Brasil despertó”), y en él se veía cómo desde el Pan de Azúcar se quebraban las piedras hasta aparecer una especie de gigante todopoderoso que sería capaz de salvar a Brasil del profundo desencanto y de la desilusión política. Así, sin miedo al ridículo, la campaña trabajó en la construcción de una especie de héroe nacional ficcional, nacido del morro de la ciudad carioca, que, surgido de la nada y con características monstruosas, salvaría a Brasil. La estrategia funcionó.

Bolsonaro supo aprovechar el descontento social para construirse como un dirigente de fábula capaz de sacar a Brasil de las ruinas que dejó la destrucción total de la política después del estallido del escándalo de corrupción del caso Lava Jato. Y lo hizo golpeando los puntos débiles de una sociedad abatida donde el componente fantasioso y el fundamentalismo religioso son elementos imprescindibles a la hora de generar empatía para la construcción de un respaldo popular.

Bolsonaro lo consiguió, llegó a presidente y sumó a la consiga “Brasil encima de todos”, “Dios encima de todos”. En los próximos años se verá cuánto de esa quimera todopoderosa será efectivo en la práctica.

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