Charly es mi amigo. Empezamos juntos, somos de la misma edad, del año 1951, somos escorpianos y en el horóscopo chino los dos somos Gato de Metal”, dijo León Gieco sobre Charly García en una breve entrevista televisiva en junio del año pasado que puede verse en las redes sociales.
Tan distintos y tan parecidos, Gieco y García dialogan desde hace más de cinco décadas construyendo un entramado de sonidos, palabras e ideas que, del rock a la canción, tiñen con colores propios la cultura popular argentina. Ese tiempo compartido comenzó en los 70, cuando ambos asomaron a la escena pública impulsados por talentos que ya se adivinaban únicos.
En “Gato de metal”, tema que Charly (nacido el 23 de octubre en Buenos Aires) incluyó en el álbum Filosofía barata y zapatos de goma (1990), entrega definiciones de personalidad plagadas de vivencias más que de astrología. Versos como “Tengo una ansiedad / como de año nuevo” o “Tengo miedo de la escena de la calle / tengo miedo que en la calle no haya nadie / Esa es la rapsodia de los que / decoran el tiempo”, parecen calzarle también a su amigo León (alumbrado el 20 de noviembre en Cañada Rosquín).
No como devolución de gentilezas sino como un hermoso tributo dentro de un fresco social de tono personal, Gieco registró en Mensajes del alma (1992) la pieza “Los Salieris de Charly”, cuyo estribillo repite: “Somos del grupo los Salieris de Charly / Le robamos melodías a él”.
UNA OFRENDA SIN PAR
Semejante ofrenda fue sostenida por León en distintas ocasiones. En una de ellas explicó que su amigo y colega “siempre fue el que más y mejores canciones hizo. Ese tema lo hice pensando en la película Amadeus (1984), de Milos Forman, básicamente porque yo siempre le respeté la genialidad a Charly”.
Pero los orígenes de la canción-homenaje son más antiguos e íntimos. Nacieron durante un cumpleaños de Alicia Scherman, compañera de Gieco desde 1972, al que García llegó sin regalo. En compensación, le obsequió una serie de interpretaciones de The Beatles “que, si lo escuchaba Paul McCartney, se lo llevaba para que sea parte del grupo”, evocó León.
Entre esos sacudones donde la vida real se mezcla con el cine, el creador de himnos como “Cinco siglos igual” y “La cultura es la sonrisa” urdió una de las obras más generosas de la música argentina, publicada dos décadas después de haber iniciado su vínculo con el agasajado.
La relación entre ambos artistas comenzó a principios de los 70 de un modo tenso, tal como relató el santafesino a Oscar Finkelstein en el libro León Gieco. Crónica de un sueño (1994):
“Para uno de esos recitales en Luz y Fuerza invitamos a Miguel Krochik (que con los años se convertiría en dueño de los estudios Panda) y a Sui Generis. El recital lo iba a abrir Krochik, después venía Sui Generis y al final tocábamos Miguel y Eugenio y yo, que éramos algo así como los dueños de la pelota.
Pero cuando llegó el momento de la entrada de Sui Generis, apareció el Gordo Pierre (Pierre Bayona, su manager) y nos dijo que no podía encontrar a Charly por ningún lado, y que sin él no podían salir a tocar. ‘¿Qué querés que haga? Toquen ustedes’, me dijo.
Por supuesto, cuando terminamos apareció Charly, que se había escondido para reservarse el cierre del recital, por consejo de Pierre. El recital lo habíamos organizado nosotros, ellos no habían hecho nada, pero consiguieron cerrar el espectáculo. Esa fue la primera vez que escuché a Sui Generis. Cuando lo vi tocar a Charly pensé: ‘Este es un genio. Yo algún día quiero tocar con este tipo. Voy a armar una banda y el tecladista va a ser Charly’. Qué iluso. A partir de ahí empezamos a ser amigos y a compartir un montón de experiencias artísticas y personales. Hasta hoy”.
EL SUPERGRUPO
Entre esas aventuras compartidas es imposible pasar por alto la reunión de Porsuigieco, supergrupo también integrado por Raúl Porchetto y María Rosa Yorio, que en su única y estupenda placa –recién reeditada y remasterizada– incluyó “El fantasma de Canterville”, otro eslabón central en el lazo entre García y Gieco.
“Un día, a las siete de la mañana, Charly me llamó para decirme que había compuesto un tema para mí. Era ‘El fantasma de Canterville’ y tuvo razón, porque tenía un ritmo country que me encantó”, recordó León sobre la canción, que sufrió censura en su primera versión grupal (sobrevivió a la primera tirada del álbum, pero luego fue reemplazada por ‘Antes de gira’). León la recuperó más tarde y la usó para titular su tercer disco solista, publicado en 1976, aunque debió modificarle algunas palabras.
En ese derrotero común, ambos también fueron representantes nacionales en el cierre de la gira internacional de Amnesty International en el estadio de River, donde se puso broche a un recorrido de 20 presentaciones por 15 países, junto a figuras de talla mundial como Sting, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Tracy Chapman y Youssou N’Dour.
En torno a la defensa de los derechos humanos, Gieco intervino en la polémica sobre la idea de García de representar los vuelos de la muerte arrojando maniquíes desde helicópteros durante un concierto del ciclo Buenos Aires Vivo III en febrero de 1999.
“Charly es un músico, un artista, un nene de pecho en comparación con la lucha que sostiene Hebe de Bonafini. Ella es la pelea en el barro y él es un frágil artista egocéntrico que quiere dar su visión de las cosas. Yo veo que los dos tienen razón”, sostuvo León.
Más cerca en el tiempo, en mayo de 2012, Gieco invitó a Charly a su concierto por los 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba, donde compartieron media docena de canciones y el ex Serú Girán bromeó: “Nos conocemos hace 400 años”.
Y en febrero de 2020, León fue parte de El Aguante & The Prostitution en el Cosquín Rock, y antes de entonar “Los Salieris de Charly”, tomando nota de que la banda reemplazaba la ausencia de su amigo –víctima de un accidente doméstico–, expresó:
“Esto no es un homenaje, es una suplencia”.
