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Caras y Caretas

           

Dos miradas sobre el silencio

El eterno Beatle escribió “Watching the Wheels” como un manifiesto sobre el retiro y la calma. La versión autorizada de García retoma esa idea y la expande desde otro paisaje emocional, creando un puente inesperado entre ambos músicos.

“Watching the Wheels” fue el tercer y último simple del álbum Double Fantasy, lanzado el 27 de marzo de 1981, a poco más de cuatro meses de la salida del disco conjunto de John Lennon y Yoko Ono, cuando el mundo todavía no salía de su estupor por el asesinato del ex Beatle a manos de su fan Mark Chapman el 8 de diciembre de 1980.

La canción –quizá el alegato más explícito del artista británico acerca de su vida por aquellos años– sostiene y defiende un tiempo personal que el músico decidió tomarse, bajándose de “las ruedas” que observa girar en los tres minutos y medio que dura el tema.

“Dicen que soy vago / cantando por ahí / y me dan cantidad de consejos / buenos para nada. / Cuando digo que estoy bien / ellos me miran sin entender / ¿Cómo poder ser feliz / si no estás en nuestro tren? / Estoy solo mirando las ruedas al girar / me gusta mucho estar acá”, señala su autor en el tema, de acuerdo con la traducción al español validada por Charly García, incluida legalmente dentro del repertorio de La lógica del escorpión (2024).

Lennon profundizó esta idea en los dos últimos reportajes ofrecidos antes de su muerte: uno con su compatriota Andy Peebles para BBC Radio One y otro con Jonathan Cott para la revista Rolling Stone. Pero antes conviene repasar cómo llegó a construir ese álbum compartido con Yoko luego de cinco años de silencio artístico, un proceso que, en verdad, había comenzado bastante antes.

Más allá de ese lustro de ostracismo tras editar su sexto disco solista, Rock ’n’ Roll, es necesario repasar una etapa agitada que incluyó, entre otros hechos, la mudanza a Nueva York en 1971; la vinculación con grupos de activismo político que motivó la vigilancia del FBI; las trabas y demoras para obtener la residencia en Estados Unidos; la separación de Yoko Ono durante cerca de dos años y una brumosa relación con May Pang, en medio de un traslado a Los Ángeles con escándalos públicos; el reencuentro con Ono y el nacimiento de su hijo Sean, el 9 de octubre de 1975, el mismo día en que John cumplía 35 años.

TENGO UN PASADO, PERO NO TENGO QUE VIVIR PARA ÉL

La llegada de Sean impulsó decisivamente su repliegue hacia la vida familiar, un período que John narró a Peebles en un material denominado “La última conversación”, cuando señaló: “No fue una cuestión de resistirse. El primer medio año, o año entero, tuve esta especie de sensación en el fondo de mi cabeza de que debía hacerlo, y pasaba por períodos de pánico porque ya no estaba en el Billboard ni salía en Studio 54 con Mick y Bianca… quiero decir, simplemente yo ya no existía. Sentía un poco de miedo de eso, me venía como una paranoia, y luego desaparecía porque tenía que ocuparme del pequeño o de cualquier otra cosa que tuviera entre manos. Pero eso solo duró unos nueve meses y luego, de golpe, desapareció y me di cuenta de que había vida después de la muerte, que se podía vivir sin aquello y fue estupendo. Y me quedaba sentado por ahí pensando: ¿qué me recuerda esto? Me recuerda cuando tenía 15 años. No tenía que escribir canciones: escribía si quería y tocaba rock ’n’ roll si quería. No estaba obligado a hacerlo: no había un estándar imaginario levantado por mí o por algún grupo de críticos o lo que fuera”.

En otro tramo de esa charla, donde también participó Ono, Lennon reveló sus sensaciones al volver a crear y sostuvo: “De algún modo fue como regresar a aquello, y fue entonces cuando, de golpe, pude hacerlo de nuevo y con facilidad. Lo que más me gustó –aparte de grabarlas– es la inspiración, el espíritu. No es que esté ahí sentado como un artesano escribiendo, porque eso puedo hacerlo. ¿Quieres una canción sobre los plátanos para una película? Puedo hacer eso, soy capaz de producirlo así de fácil; tal vez no me hiciera muy feliz, pero podría hacerlo a ese nivel. Pero lo que me hace feliz es cuando estoy como poseído y de repente surge en medio de la noche. Esa es la parte apasionante”.

EL UNIVERSO ES UNA RUEDA

En el otro reportaje, realizado por Cott –que, según el periodista de Rolling Stone, se extendió durante nueve horas–, Lennon también dio su visión sobre aquella etapa de retiro y dijo: “Esa ilusión de que yo me aislé de la sociedad fue un chiste. Yo era una persona igual al resto; trabajaba de nueve a cinco haciendo pan, cambiando pañales y cuidando al bebé. La gente no paraba de preguntar: ‘¿Por qué desapareciste?, ¿por qué te escondiste?’. Pero yo no me escondía. Me fui a Singapur, a Sudáfrica, Hong Kong y las Bermudas. He estado en todos los sitios del maldito universo e hice cosas bastante normales, como ir al cine, pero no escribí ni una nota. Tener un niño fue algo muy importante para nosotros. La gente podría haber olvidado cuántas veces intentamos conseguirlo, cuántos abortos tuvimos y las ocasiones en que Yoko estuvo cerca de la muerte… De hecho, tuvimos un bebé que nació muerto. También tuvimos problemas con las drogas y un montón de conflictos públicos y privados que alimentamos nosotros y nuestros amigos. Pero es lo que hay. Nos pusimos en situaciones muy estresantes, pero al final conseguimos tener el bebé que llevábamos diez años intentando tener, y no íbamos a echarlo a perder”.

A corazón abierto y con Yoko a su lado, John insistió: “Esto va así: unas veces arriba y otras abajo, arriba y abajo… Pero, ¿qué somos nosotros, máquinas? ¿Qué es lo que esperan? ¿Quieren que me suicide en el escenario? ¿Quieren que Yoko y yo garchemos o que nos matemos el uno al otro en el escenario? Cuando criticaron ‘From Me to You’ (lanzado como sencillo de los Beatles en 1963) como un peldaño por debajo de lo que hacía el grupo, me di cuenta de que tienes que resistir. Hay una especie de mecanismo por el que entras en la rueda y tienes que continuar girando”.

El cronista acotó: “Como lo que decís en ‘Watching the Wheels’. ¿Qué son las ruedas?”. Y Lennon respondió: “El universo es una rueda. Ruedas que giran y giran. Son mis propias ruedas, sobre todo. Pero, ya sabes, verme a mí mismo es ver a los demás. Y también me veo a mí mismo a través de mi hijo”.

Escrito por
Sergio Arboleya
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