• Buscar

Caras y Caretas

           

Florecer de a dos

Ilustración: Ricardo Ajler

Se hicieron inseparables cuando ambos volvían a llenar recitales durante el retorno de la democracia. Desde entonces compartieron mucho más que escenarios.

Cuando activás un recuerdo, a veces le das vida. Lo podés hacer hasta reproduciendo un video. Mercedes Sosa, en ese sentido, no es un espectro que nos sobrevuela, es una flor que nos envuelve. Después de un susurro hecho con la vocal “o”, la cantora de todos los tiempos dice: “Sobre la palma de mi lengua vive el himno de mi corazón”. Dice, y quiebra, y se presenta, y nos recuerda, y nos estremece, y nos corta la respiración. Esa versión de “Himno de mi corazón”, escrita por Miguel Abuelo, quedó registrada en Cantora (2009). Quizás uno de los últimos grandes momentos compartidos entre León Gieco y Mercedes Sosa. Quizás el último gran registro de esa amistad.

Se puede ir de atrás para adelante, o en sintonía con los mayores momentos de esa relación. Una que nació en los jóvenes 80 y que perduró hasta el fin de sus días en este plano. León va a decir que esa unión sigue dando rienda suelta a nuevos capítulos. Los que ya están escritos son un montón, por eso empezar por el registro de Cantora funciona como un gesto formal de su música, de las músicas, pero también del tipo de presencia y amistad que llevaban adelante. Sobre la palma de su lengua vive el himno de nuestros corazones.

En el libro Y un millón de manos que me aplauden (Gourmet Musical, 2023), Fabián Matus contó cómo fue que le hizo llegar a su madre el casete con esa primera versión de “Solo le pido a Dios”, una de las canciones insignias de Gieco. En uno de sus primeros viajes para visitar a su madre, que en ese momento ya se trasladaba de París a Madrid, Matus llevó el casete que le había dado especialmente Gieco. Después de un abrazo y un beso puso la canción. Le gustó al instante. Supo que formaría parte de su repertorio y que la canción iba a llegar a lugares inesperados. Antes, la música nueva podía tardar algunos años en llegar, como en este caso. En el marco de ese libro sobre la vuelta de Mercedes, Gieco declaró: “Mercedes fue un hada que convirtió una canción simple en un himno. Fue ella la que le dio esa impronta”.

En su autobiografía León Gieco. Crónica de un sueño (Planeta, 2011), escrita en parcería con Oscar Finkelstein, el músico contó su encuentro con el enemigo: “Cuando entré en la oficina del General Montes, iba a sentarme pero el tipo se quedó parado, sacó una pistola y me dijo que nunca más vuelva a cantar esa canción porque si lo hacía me iba a pegar un balazo en la cabeza. Eso fue todo”. Era el año 1978. No solo que no acató la orden sino que fue la canción elegida para cantar en vivo por primera vez junto a Mercedes en su vuelta al país. Fue en el marco de los históricos shows del Teatro Ópera que la cantora dio en febrero de 1982. Después de eso, la canción tuvo alas y la unión fue la de un abrazo para siempre.

“Los compositores nos moríamos de gusto, placer y emoción si ella elegía nuestras canciones porque las enmarcaba y te dejaba ese cuadro colgado en tu pared”, aclaró León en 2021 para Télam. Fue en la trastienda de su cumpleaños número 70 y al poco tiempo de haber publicado un poema inédito dedicado a su amiga Mercedes. Partes de sus versos dicen: “Esta voz que se tejió con el viento, hirió al aire con garras suaves, con palabras de amor y de guerra para que el mundo entero cante. Se hizo paño de todos los colores, cubre del sol sus rayos, calienta el frío que iguala, seca lo sombrío por largo rato.”

COMO UN PÁJARO LIBRE

Para las andanzas por el mismo camino, esta amistad duró más de treinta años. Imaginen la cantidad de vestuarios, de reuniones sin cámaras, de ensayos con nuevas ideas, de anécdotas en el vivo. De cuando Mercedes le sopló una letra a León en un escenario donde también tocaría U2, de cuando junto a Víctor Heredia se quedaron en la esquina de su departamento esperando noticias de la salud de su amiga cantora, de cuando lo llamaba cada vez que ella iba a incorporar una nueva canción de su autoría para un nuevo disco de estudio, de cuando él la llamaba cuando estaba triste, o angustiado, o pasado, o emocionado. De cuando ellos dos se miraron por primera vez y forjaron una parte enorme de nuestra música argentina.

En el marco de la gira de Mercedes Sosa a finales de 1982, ya en su vuelta definitiva, está el registro visual de cuando León Gieco se sube al escenario para hacer, nuevamente, “Solo le pido a Dios”. Se puede ver en el documental titulado Como un pájaro libre. Ahí, antes de la canción con León, Mercedes dice que ella tiene la suerte de contar con los “nuevos” jóvenes, de ser protegida por ellos pero también de escucharlos. Y en esa misma escena aparece León en el escenario de Ferro con una sonrisa enorme. Todavía se vestía como si formara parte de la troupe de Crosby, Stills, Nash y Young. La cancha, estallada, se explotó las manos cuando ella cantó: “Solo le pido a Dios que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar / a vivir una cultura diferente”.

La cultura social y de amistad de nuestro territorio siempre fue algo que destacó Mercedes Sosa en el exilio. Hablaba en el marco, también, del inicio de la amistad con León Gieco. Una que duró en los mil escenarios y tantas canciones. De hecho podría escribirse una canción para recibir ese final. Pero también está el cierre del poema inédito de León para Mercedes: “Esta voz que se tejió con el viento / pule los bordes groseros de mi única escultura / que con los años fui haciendo, / saluda el final de las olas, / se clava en la cruz de las estrellas, / abanica al infinito y se funde con el cielo”.

Escrito por
Redacción
Ver todos los artículos
Escrito por Redacción

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo