El presidente estadounidense Donald Trump, centrado en su omnipotencia, amenazó con eliminar la civilización persa en una jornada. No tuvo en cuenta que, en cuatro mil años, no lo han logrado ni los griegos con Alejandro Magno, ni los árabes, ni los turcos, ni los mongoles descendientes de Gengis Kan.
Desde la antigüedad, la ubicación estratégica de Irán, por ser puente entre Asia y Europa, convirtió a ese territorio en un permanente objeto de disputa. En el siglo XX se sumó la codicia por su riqueza petrolera. Es por eso que su ADN se compone de prudencia estratégica, resiliencia y tenacidad. Los actuales ataques estadounidenses son apenas el último episodio de una larga epopeya.
¿Cómo cambió para siempre su historia política y económica con el hallazgo del petróleo? El 26 de mayo de 1908, cuando todavía el país se llamaba Persia, el empresario británico William Knox D’Arcy encontró crudo en las montañas Zagros, en la región suroccidental del país. Fue el primero en Asia Occidental, zona que los colonizadores europeos denominan Oriente Medio. D’Arcy, como director de la Anglo-Persian Oil Company (más tarde rebautizada British Petroleum), obtuvo los derechos del crudo iraní y pagaba a la monarquía del sha de Persia apenas el 16 por ciento anual de los beneficios.
La explotación de ese recurso natural a gran escala no solo produjo un cambio radical en la región (que se convirtió en la más alta prioridad para las potencias occidentales) sino también en el Reino Unido, máxima potencia de la época, que aprovechó esta revolución energética para multiplicar su capacidad industrial y fortalecer su supremacía en los mares. El petróleo iraní transformó profundamente la dinámica de la geopolítica mundial desde los comienzos del siglo XX.
Por entonces, la sumisión de la monarquía persa al Imperio británico era total. Las medidas que adoptaba el sha eran cambios cosméticos. No obstante, tomó una decisión político-cultural significativa: el 21 de marzo de 1935, Reza Sha Pahlaví solicitó a la comunidad internacional adoptar oficialmente el nombre de “Irán” (que significa “Tierra de los Arios” y es como históricamente el pueblo se refería a sí mismo y a su país) en lugar de “Persia” (nombre dado por los griegos en referencia a Pars). El cambio apuntaba a un fortalecimiento de la identidad nacional iraní pero también implicaba la clausura de miles de años de historia persa.
EL IRÁN DEMOCRÁTICO
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, un clima fuerte de descolonización, soberanismo y transformaciones democráticas recorrió especialmente África y Asia. Para fines de la década del 50, la disconformidad del pueblo iraní con su monarquía y la oposición al dominio británico (India se había liberado de Londres en 1947) alimentaban un clima de alta inestabilidad.
En abril de 1951, un líder nacionalista de enorme carisma y popularidad, Mohammad Mosaddegh, fue elegido democráticamente como primer ministro. El nuevo gobernante no solo puso en marcha medidas democráticas, sino que, en abierto desafío al Imperio británico, logró que el Parlamento iraní aprobara por unanimidad la nacionalización del petróleo y la expropiación de la Anglo-Iranian Oil Company.
El Reino Unido no lo toleró. No estaba dispuesto de ninguna manera a compartir las ganancias con los verdaderos dueños de los recursos naturales. En 1953, la agencia de inteligencia MI6 junto a su novel compañera la CIA (creada en 1947) provocaron un golpe de Estado contra Mosaddegh y reinstalaron la monarquía entreguista de Reza Pahlaví.
La Operación Ajax fue el bautismo de fuego de la agencia estadounidense. El segundo golpe de Estado de la CIA fue la Operación PBSuccess, al año siguiente, 1954, contra el presidente Jacobo Árbenz en Guatemala.
“El oro negro favoreció el capitalismo de posguerra gracias a su mayor densidad energética, flexibilidad química y facilidad de transporte, y consolidó toda una serie de nuevas tecnologías e industrias”, explicó a Caras y Caretas el historiador y doctor en Ciencias Sociales Martín Martinelli. “La transición al petróleo y el ascenso de la potencia estadounidense tuvieron profundas implicancias para el centro de la conexión entre África y Asia”.
Como explica Martinelli, tanto las políticas de Mosaddegh y su Partido del Frente Nacional como el posterior golpe de Estado tuvieron importantes consecuencias. “La decisión del premier iraní repercutió en los Estados árabes cercanos, donde el eslogan ‘petróleo árabe para los árabes’ ganó una popularidad generalizada en medio del estado de ánimo anticolonial general”.
Al estilo de las actuales “revoluciones de colores”, en Irán los golpistas pusieron en marcha operaciones mediáticas, organizaron disturbios, sobornaron y crearon el caos. “El derrocamiento de Mosaddegh mostró el nuevo papel de Estados Unidos y la participación de la CIA fue precursora de las intervenciones posteriores de la Casa Blanca, como el golpe en Guatemala y el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, en 1973”.
Con la colaboración de Londres y Washington, Reza Pahleví reinó durante 25 años con mano de hierro. Su temida y odiada policía secreta, la SAVAK, nada tiene que envidiarles a las dictaduras militares latinoamericanas: entre otros crímenes, encarcelaban, torturaban y violaban sexualmente a los opositores; censuraban libros, películas y medios de comunicación además de realizar constantemente ejecuciones sumarias. La SAVAK operó hasta 1979, año de la Revolución Islámica.
Durante décadas, Estados Unidos negó haber intervenido en el derrocamiento de Mosaddegh hasta que, en junio de 2009, en El Cairo, el entonces presidente Barack Obama admitió sin reparos que la Casa Blanca había mentido públicamente y que efectivamente habían participado en la Operación Ajax de 1953, junto con sus aliados británicos.
“El petróleo (y el gas) es parte sustancial de la vida iraní porque impulsó ese cambio en el gobierno, y también, fue un vuelco posterior a la Revolución Islámica iraní de 1979. Más allá de los cambios ideológicos resulta sustancial el posicionamiento de alejamiento del control directo estadounidense luego de haber sido uno de sus principales bastiones en la región”, agregó Martinelli.

LA REVOLUCIÓN ISLÁMICA
El primer opositor público al régimen monárquico de Reza Pahleví fue el ayatolá Ruhollah Jomeini, quien criticaba abiertamente no solo la posición del sha respecto del islam sino también sus reformas contra las clases más desprotegidas y la pérdida de soberanía del país. Jomeini tuvo que exiliarse en Francia y desde allí organizó lo que históricamente se conoce como la Revolución Islámica, con dos pilares básicos (además del religioso): el nacionalismo iraní y el concepto de justicia social.
La movilización de masas que el 1º de febrero de 1979 logró derribar a la monarquía iraní en nombre del islam fue una bisagra a nivel local e internacional. Como explica muy bien el notable historiador Eric Hobsbawm, hasta ese momento los fenómenos revolucionarios tenían una impronta laica. “En Irán, la izquierda tradicional estuvo presente y fue activa en el derrocamiento del sha, por ejemplo, a través de las huelgas de trabajadores. Pero la Revolución iraní fue la primera realizada y ganada bajo la bandera del fundamentalismo religioso. Para los revolucionarios de la vieja escuela esto era un hecho anómalo”, escribió.
Al asumir, Jomeini reivindicó de inmediato la causa palestina (considerando a Israel como un ocupante ilegítimo); renombró al imperio norteamericano como el “Gran Satán” y marcó distancia de la lógica binaria (Estados Unidos versus Unión Soviética), dominante durante la Guerra Fría.
El nuevo sistema obtuvo una primera victoria al desafiar a la Casa Blanca en noviembre de 1979. En protesta por la injerencia de la CIA en la política iraní, un grupo de estudiantes ocupó la embajada estadounidense en Teherán y retuvo a 52 diplomáticos durante 444 días.
Poco después, Estados Unidos provocó una larga guerra entre vecinos. Irak invadió Irán en 1980 y la contienda duró ocho años. Causó cientos de miles de muertos y consumió dos tercios de los ingresos nacionales iraníes. Siempre de manera artera, en julio de 1988, el Pentágono lanzó dos misiles contra un avión de pasajeros iraní y produjo una masacre. Al mes siguiente, Irak e Irán firmaron el cese del fuego.
La guerra con Irak dejó huellas profundas. Irán internalizó entonces el criterio de “defensa sagrada” y desarrolló las estrategias militares basadas en la resistencia, en la guerra asimétrica y en evitar la búsqueda de victorias rápidas. Muchos de los actuales dirigentes del gobierno iraní lucharon como jóvenes soldados u oficiales en la guerra Irak-Irán.
EL NUEVO ROL, EN EL SIGLO XXI
A partir de la década de 1990, Washington incrementó las sanciones económicas contra Teherán y penalizó las inversiones extranjeras en su sector energético. El expresidente Ronald Reagan incluyó a Irán en la lista de los “Estados canallas”. Ya en el siglo XXI, Estados Unidos, como único hegemón global, intensificó el hostigamiento contra el gobierno islámico. El expresidente George Bush hijo lo demonizó como parte del “eje del mal” y consideró realizar operaciones bélicas con la excusa de evitar que el país persa construyera la bomba atómica.
Desde 1979 Irán asegura que por decisión de los líderes supremos está prohibido fabricar esa bomba. En efecto, un decreto religioso (fatua) prohíbe su elaboración (este decreto puede modificarse a través de otra fatua). El uso de energía nuclear permitido debe ser solo con fines medicinales y pacíficos.
Desde el 28 de febrero de 2026, a partir de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, una nueva etapa ha comenzado. ¿Qué papel cumple el petróleo en este nuevo escenario?
“Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán, al tiempo que lidera inversiones para una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro, incluso evitando los estrechos de Ormuz y de Malaca”, aseguró Martinelli.
Con las importantes transformaciones que se vienen produciendo en este siglo, caracterizadas principalmente por la declinación relativa pero irreversible del imperio norteamericano y la construcción de modelos alternativos, el rol de Irán suma nuevas perspectivas. Algunos de los cambios fundamentales que se han producido en los últimos años son: el acuerdo entre Irán y China (2021), por veinticinco años de asociación e intercambio de petróleo y gas, e inversiones en infraestructura y tecnología; la continuación del acuerdo nuclear con Irán; el corredor norte-sur entre Irán y Rusia; la mediación china entre Irán y Arabia Saudita; la creciente influencia de Beijing sobre esa región de Asia Occidental, y una incipiente desdolarización relacionada con el control iraní en el Estrecho de Ormuz y el intercambio en monedas nacionales de varios países, como los integrantes de los BRICS.
En este contexto, Estados Unidos tiene dos objetivos vitales: controlar la energía y sus rutas de transporte y evitar el acercamiento estratégico entre China, Rusia e Irán. “Luego del fracaso de la guerra arancelaria y económica, Washington apuesta por intervenciones militares directas en las potencias petroleras. Sin embargo, esta política impulsó una suba del precio del petróleo que afecta la economía mundial y refuerza la crisis sistémica actual”, subrayó Martinelli.
HACIA LA DESDOLARIZACIÓN
“El segundo factor sustancial para Estados Unidos es el alineamiento del dólar al petróleo (con los petrodólares) y el intento de evitar los intercambios en otras monedas”, continúa el especialista. “Defender al dólar implica combatir la creciente deuda estadounidense y financiar la hipertrofia militar”.
“El cierre del Estrecho de Ormuz y los posibles bloqueos del Estrecho de Bab Al-Mandeb muestran que luego de ser atacado, Irán, como una gran reserva petrolífera asociada a Rusia y China, puede tener un rol cada vez más preponderante en el escenario regional e incluso mundial y puede influir en los precios del petróleo. Eso sería un cambio de paradigma respecto de los controles que ejercieron por lo general las potencias occidentales en los cambios en los precios, cotización y transporte del petróleo”, afirmó Martinelli.
La Operación Furia Épica, imaginada como una acción relámpago con un drástico cambio de régimen en Irán, fracasó. El pueblo iraní se abroqueló más que nunca y la guerra se ha empantanado. El inmenso poder del Pentágono se enfrenta a la resistencia iraní y vuelve al futuro impredecible. El escenario regional y global está abierto y tal vez estos cambios sean el preanuncio de un nuevo mundo multipolar.
