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Caras y Caretas

           

El mismo perro con otro collar

Los planes económicos de Martínez de Hoz, el menemismo y el tándem Milei-Caputo tienen un hilo conductor en la apertura comercial y la liberalización financiera, al tiempo que desatienden sus efectos sobre la producción y el empleo.

En el eterno péndulo que caracteriza a la Argentina, en las últimas décadas hay tres momentos clave en que este osciló a la derecha, todos atravesados por procesos de apertura y liberalización de los mercados, con impacto social en los dos primeros casos y anticipo de que el tercero va por el mismo camino.

El programa económico de la dictadura militar 1976-1983, que en estos días cumple medio siglo, marcó un cambio radical en la matriz productiva del país, pero también a nivel ideológico, al instaurar la primacía de la especulación financiera y la apertura comercial sobre la lógica de la producción y el mercado interno.

Esa experiencia tuvo continuidades claras en el Plan de Convertibilidad del menemismo a partir de 1991, que siguió por una década. Su mayor legado fue la fractura económica y social que dejó el estallido de diciembre de 2001, ya en la presidencia de Fernando de la Rúa.

Y también hay semejanzas con el programa económico de Javier Milei, que hace de la apertura económica y la desregulación la razón de todas sus políticas. El programa lleva algo más de dos años de vigencia y aún no se sabe hasta dónde llegará la voluntad de achicar el Estado y desregular a favor de los sectores más concentrados de la economía. Lo que se ve hasta ahora no es muy auspicioso.

LA FÓRMULA

En los tres casos hay un factor común de arranque, que es el combate a la inflación, que en algún punto marcó el devenir de esos gobiernos. La dictadura comenzó en medio de una crisis de estancamiento (ciclos de stop and go), con alta inflación y desequilibrios macro.

El Plan de Convertibilidad llegó en 1991 para estabilizar una economía en hiperinflación (5.000 por ciento anual en 1989 y rebrote en 1990), mientras que Javier Milei empezó su modelo libertario a las puertas de la híper, con déficit fiscal abultado, cepo cambiario y el comercio exterior bloqueado por la falta de dólares.

Frente a ello, la dictadura aplicó un fuerte ajuste fiscal, con apertura comercial, liberalización del sector financiero y una política cambiaria basada en devaluaciones frecuentes (Tablita de Martínez de Hoz).

La sanción de la ley 2.526 de Entidades Financieras, en 1977, cambió para siempre el negocio de los bancos, que pasaron de un enfoque basado en prestar al sector productivo a un modelo de banca privada con foco en el crédito al consumo, la especulación financiera y generación de ingresos vía comisiones y aranceles.

La convertibilidad 1 a 1 entre peso y dólar por ley redujo drásticamente la inflación en los 90, pero fue un corsé para la industria. A la par, avanzó en un amplio programa de privatizaciones, muchas de ellas sospechadas de corrupción.

El modelo libertario redujo la inflación del 12 por ciento mensual a cerca del 3 actual, luego de haber tocado 1,5 por ciento en junio de 2025. La receta es “motosierra” al gasto público, tipo de cambio flexible con minidevaluaciones (crawling peg) y luego bandas de flotación, desregulación en dosis extremas y privatizaciones en agenda.

LA APERTURA

Hay una matriz invariable entre los tres programas, con eje en la apertura comercial vía incentivo a importaciones, que afectaron a la industria en el gobierno militar, una receta muy similar a la que aplicaron Menem-Cavallo en los 90, aunque con protección a ciertos sectores, que viró a una apertura muy amplia en el actual gobierno.

A diferencia de la dictadura, en la convertibilidad se desarrolló mucho el vínculo con Brasil por la vigencia del Mercosur, mientras que Milei reniega de esa relación bilateral, pero avanza en acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Estados Unidos, buscando mayor integración a las cadenas globales de valor.

Sin embargo, la realidad indica que la estructura del comercio exterior se primarizó al compás de la pérdida de competitividad, por el llamado “costo argentino” y el peso que tienen los impuestos.

La apertura comercial se basó, en los tres casos, en reducciones arancelarias a bienes importados, pero también el atraso cambiario como incentivo adicional. Con el peso sobrevaluado, es más difícil exportar, cada vez se importa más y crece la salida de turistas argentinos al exterior. Fue la “plata dulce” en los 80, el “deme dos” en los 90 y hoy las vacaciones en Brasil, el Caribe o Europa.

DESINDUSTRIALIZACIÓN Y DEUDA

La contracara de este fenómeno fue y es la caída de la producción nacional y el deterioro del entramado industrial, en especial las pymes, el eslabón más débil de la cadena. En la dictadura hubo un claro proceso de desindustrialización y cierre de fábricas, con aumento de la desocupación.

El proceso se replicó en el 1 a 1. La clave fue la pérdida de competitividad y el impacto en la inversión, y solo crecieron los sectores de servicios y extractivos de recursos naturales. Con Milei el sector industrial no puede competir con bienes importados y se pierden empleos en los sectores intensivos en mano de obra.

Párrafo aparte merece la deuda. Durante el gobierno militar el persistente déficit fiscal se financió con una abultada deuda externa, que obligó a declarar el default en 1982, y que condicionó al gobierno de Raúl Alfonsín tras la dictadura.

En la convertibilidad la rueda de la deuda siguió girando y sumando ceros, entrando en el Plan Brady en 1993. Hoy el peso de la deuda sigue siendo importante y la llave para evitar que explote es el roll over (renegociación) en cada vencimiento.

Todo esto bajo la tutela, en los tres casos, de Estados Unidos. Los militares se acercaron a Washington por su fuerte apoyo a las dictaduras del continente. En el menemismo primaron el Consenso de Washington, el neoliberalismo y las “relaciones carnales”, mientras que Milei es el mejor alumno de un indescifrable Donald Trump, aunque este es proteccionista en extremo y Milei se jacta de ser liberal libertario.

Escrito por
Carlos Boyadjian
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