¿El turismo de museos famosos se vuelve cada vez más exclusivo y restrictivo? ¿Solo para quienes tienen mayor poder adquisitivo? El 14 de enero entró en vigencia una medida inédita en el Louvre de París: las entradas para turistas no europeos aumentaron a 32 euros –frente a los 22 previos–, salvo para los menores de 18 años: es un incremento del 45 por ciento. Se trata de una medida para recaudar fondos para una futura renovación, pero también la decisión se dio en el contexto global de la masificación turística en los museos más renombrados del mundo. Visitarlos, ahora, se vuelve acaso una experiencia premium para extranjeros.
En enero, los sindicatos del Louvre –la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y la Confederación General del Trabajo (CGT)– criticaron unánimemente el encarecimiento del precio de la entrada para los no europeos en nombre del “universalismo del Louvre” y del “acceso igualitario” a sus colecciones. En tanto, las autoridades aumentaron las entradas a 32 euros no solo por las futuras obras de refacción –el proyecto “Nuevo Renacimiento”, que llevará diez años–, sino para lidiar con el incremento notorio de turistas, día tras día, que transforma al Louvre en una experiencia acelerada y estresante.
En medio de estas polémicas, el museo ya había sido noticia mundial en octubre de 2025, cuando cuatro personas ingresaron por una ventana y extrajeron joyas reales valuadas en más de 100 millones de dólares: los sindicatos denunciaron evidentes fallas de seguridad. Y junto con ello están los problemas de infraestructura: en los últimos meses, una galería debió cerrar por el deterioro del edificio y un escape de agua dañó cientos de obras de la biblioteca del Departamenro de Antigüedades Egipcias. ¿Cómo impactó todo ello en la afluencia de turistas en el Louvre? Los números no dejan de sorprender.
Según datos oficiales, a lo largo de 2025 el Louvre recibió nueve millones de visitantes –300 mil más que en 2024– y un 73 por ciento de ellos fueron extranjeros. Y, del total de turistas internacionales, el 40 por ciento provino de países no europeos. Esto permite dimensionar el impacto de las nuevas tarifas, que alertan a los trabajadores sobre la dirección del museo y las condiciones laborales. Pero, ¿todos deben pagar? En 2025, unas tres millones de personas (los grupos escolares, extraescolares y de enseñanza superior, así como del sector social, sanitario y de discapacidad) gozaron de entrada gratuita. El museo también es gratuito todos los primeros viernes de cada mes desde las 18 (salvo en julio y agosto).
En ese marco hubo muestras masivas día tras día: entre el 24 de enero y el 24 de agosto de 2025, la exposición “Louvre Couture”, con objetos de arte y de moda, atrajo el récord de un millón de personas. Luego, “Una pasión china: la Colección Thiers”, recibió más de 300 mil visitantes del 14 de mayo al 25 de agosto de 2025, y “Figuras del loco: de la Edad Media al Romanticismo” había atraído a más de 250 mil personas entre el 16 de octubre de 2024 y el 3 de febrero de 2025. La masificación es indudable y por eso el lunes 5 de enero los sindicatos retomaron la huelga por mejores condiciones laborales, debido a la sobrecarga de tareas y a la escasez de personal, sobre todo en las áreas de vigilancia de salas.

Entre el paro y la afluencia masiva
La protesta de la CDFT y la CGT –iniciada originalmente el 15 de diciembre– recomenzó casi tres meses después de que, el 19 de octubre de 2025, unos ladrones robaran, en siete minutos, joyas reales de 102 millones de dólares. Por eso los sindicatos denuncian la falta de personal para garantizar condiciones seguras para los empleados y para los visitantes. Pero también, una vez más, cuestionan el aumento de la entrada para visitantes no europeos y piden mayor presupuesto. ¿El Louvre se vuelve, así, una experiencia más exclusiva que popular, al menos para los parámetros de los turistas que pueden ir a Francia?
Ya el paro total de diciembre de 2025 –votado por personal de sala, de seguridad, técnicos y administrativos– había tenido un enorme impacto en el Louvre: ocurrió en temporada alta, con miles de turistas en París y entradas vendidas con meses de anticipación. Porque, para los sindicatos del museo, la enorme afluencia de turistas deriva en turnos agotadores, menores pausas de turnos, menor seguridad y presión para sostener el funcionamiento de la institución. Los gremios dicen que “la falta de personal y de presupuesto pone en riesgo un patrimonio artístico único”. E insisten en la CFDT y la CGT: “La falta de inversión es la causa”.
Ante este problema presupuestario y de mantenimiento, las fallas técnicas y los cierres preventivos o parciales de salas fueron cada vez más regulares. Y esas medidas se observan a simple vista: se forman largas filas en la explanada del Louvre, hay visitantes indignados y se genera un impacto directo en la economía turística de París. El turismo europeo y no europeo sigue aumentando, pero el Louvre no parece saber cómo cobijar a los visitantes globales, cómo resguardar el patrimonio y cómo cuidar a sus trabajadores.
¿Qué sucede en otros museos del mundo? En Viena, el Palacio Belvedere, el Museo Albertina y el Museo de Historia del Arte (KHM) elevaron los precios hasta un 50 por ciento desde 2020. Así, cobran este año entre 19 y 24 euros: son precios parecidos a instituciones consideradas, hasta ahora, entre las más caras del mundo, como el Louvre, que –como se dijo– cuesta 22 euros para residentes en la Unión Europea y 32 para el resto, o el Metropolitan de Nueva York, cuyo ingreso ronda los 30 dólares.
¿Qué argumentan en Austria? El director del KHM, Jonathan Fine, reconoció el incremento en los precios, aunque dijo que “el arte y el acceso al arte son valiosos y cuestan dinero”. Como él, los directores de los demás museos de Viena justifican las subidas por el encarecimiento de los gastos de personal, la calefacción, la investigación o el mantenimiento y el alquiler de sus instalaciones, muchas de ellas situadas en edificios históricos de la antigua capital imperial.
Pero, pese a los incrementos, en Viena ocurre como en París: los museos austríacos obtuvieron en 2025 más visitantes que nunca. El Belvedere recibió a 2,3 millones de personas, el KHM más de dos millones y, el Albertina, más de 1,3 millones. Y los más damnificados son, nuevamente, los turistas no europeos. No casualmente, el 14 de enero, Miguel Falomir, director del Museo del Prado, que por tercer año consecutivo batió su mejor marca histórica con 3,5 millones de visitantes, declaró: “El museo no necesita un solo visitante más; probablemente lo que necesite es un perfil distinto”.
Y profundizó: “Ir al Prado no puede ser como ir en el metro en hora punta”. Para ello “habrá que redimensionar el tamaño de los grupos de visitas y replantear los accesos, para que no se acumule tanta gente”. Y remató: “El Prado es entre ocho y nueve veces más pequeño que el Louvre, con más de nueve millones de visitantes al año. De momento no colapsamos, pero queremos seguir ofreciendo una experiencia grata”. Ante ello, los museos se replantean cuántos serán los turistas con acceso cotidiano a sus salas privilegiadas. Y la duda se acentúa: ¿Ir a museos famosos se volverá una experiencia de élite?
