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Caras y Caretas

           

“Hay que hacer conocer la música para enamorar a la gente de la cultura indígena”

La Charo acaba de publicar Areté, su último trabajo, integrado por canciones en lenguas originarias de la Argentina, Paraguay y Brasil.

Charo Bogarín, La Charo, es una artista formoseña, de origen guaraní. Su tatarabuelo fue el cacique Guayraré, cosa que supo cuando comenzó su búsqueda por encontrar tradiciones musicales ancestrales para retomarlas en una estética novedosa, algo que se cristalizó en la obra de Tonolec, dúo que formó con Diego Pérez. En 2017 comenzó su carrera solista, y acaba de presentar su cuarto disco de estudio Areté, compuesto por nueve canciones en lenguas originarias, tradicionales o de su autoría, que recorren los sonidos ancestrales de todo el territorio nacional, Paraguay y Brasil.

“Areté es una palabra guaraní que significa tiempo verdadero. La tomé de una festividad, el Arete Guasú, donde los integrantes de las diferentes comunidades guaraníes celebran sus tradiciones, sus dioses, sus creencias, sus costumbres. Y en ese arete, este tiempo verdadero, significa una escisión en el tiempo y en el espacio, es un tiempo de espiritualidad, es un tiempo de renacimiento, es un tiempo de sanación”, explicó Charo Bogarín a Caras y Caretas.

Charo Bogarín.

Junto a su show de presentación en la ciudad de Buenos Aires, Charo presentó el vinilo de este nuevo álbum, que contiene un muy logrado arte visual, asociado con el concepto musical

Areté va más allá de la cultura guaraní. ¿Cómo organizaste el disco para proponer una diversidad tan rica, tan bien articulada y en una clave que la corre de sus formatos tradicionales?

–Me parecía muy importante englobar estos nueve cantos indígenas a partir de ese concepto de espiritualidad y de mi visión como mujer indígena. Nunca hice el canto indígena tradicional, siempre fusioné versiones de cantos ancestrales, incluso aporté desde mi lugar escribiendo en lengua guaraní. No es algo nuevo esta fusión de música indígena con música electrónica. Desde que me inicié como cantora e investigadora de los músicos y la música en lenguas originarias, con Diego Pérez, eso empezamos a trabajar. Además siempre busqué aportar cantos al patrimonio cultural, musical, indígena de nuestro territorio.

–Algo muy interesante es como aun siendo lenguas y estéticas que no estamos acostumbrados a escuchar –mucho menos gracias a las radios y algoritmos– las canciones se incorporan naturalmente, el lenguaje nos suena familiar y el ritmo nos convoca a una identidad intensa.

–Creo que tiene que ver con dejarse atravesar por la obra de un artista. Esto funciona, y me parece fantástico, cuando la gente se toma el tiempo en escuchar un disco entero, porque hay un concepto en estas nueve canciones. Desde Tonolec nos pasaba, cuando la gente escuchaba las versiones que hacíamos de los cantos de cuna en lengua qom o lengua toba, de los cantos infantiles en lengua guaraní, era más fácil escuchar y adentrarse a través del ADN nativo que llevamos dentro que encontrarle una explicación. Y creo que con Areté pasó lo mismo. Por supuesto que la magia que tienen esos paisajes sonoros se debe a un gran trabajo de los dos productores musicales, Juan Sardi y Juan Blas Caballero, con quienes ya hemos hecho un álbum entero en 2019, Legado, disco de música electrónica donde interpretaba a nuestra gran cantora Mercedes Sosa.

–¿Quiénes te acompañan como invitadas en el disco?
–Tengo dos grandes invitadas. Ema Cuañeri es cantante formoseña, divulgadora del canto en lenguas qom y toba, que aportó dos canciones que pertenecen a su clan y que su padre le transmitió a través de la oralidad. Uno es un canto de empoderamiento de las niñas de las comunidades que van a pasar a una nueva etapa en su vida, cuando se convierten en señoritas. En ese momento las abuelas esperan afuera de la choza y le cantan “Ialolé”, que en lengua qom significa hijita mía, es un canto de empoderamiento para las niñas. Ema canta la parte ancestral, la parte que le legó su padre. El resto de la canción es letra y música mía. El otro canto que aportó Ema es un canto para sanar, Eikanoi”, que es un poco el espíritu de este álbum. Es un canto que su padre interpretaba con su sonaja para sanar con los soplidos de la curación, que suenan en la canción. Otra de las grandes cantoras es Carina Carriqueo, patagónica, quien aporta una canción de cuna en lengua selk’nam. Los Selk’nam son de Tierra del Fuego, y el último registro de sus cantos fue hecho por la antropóloga Anne Chapman, que vino en 1964 y registró el canto onomatopéyico de Lola Kiepja. Carina, que es cantora mapuche tehuelche, con sus creaciones hace un gran aporte al cancionero indígena de territorio argentino. Para el disco tiene sentido invitar a estas dos cantoras, con las cuales me siento totalmente alineada. Son cantoras que comparten que hay que hacer conocer la música para enamorar a la gente de la cultura indígena y de su música. Son mujeres que siguen aportando a través de su escritura nuevas canciones, y a través de las canciones se revitalizan las lenguas. Incluso para la lengua selk’nam, que está en peligro de extinción, la música es la gran batalladora para fortalecer a las culturas. Debemos compartir la música para que el otro se entere y nos vea desde lo que tenemos y no desde lo que nos falta.

–¿A cuáles lenguas pertenecen estas nueve canciones?

–Además de los cantos en lengua qom y selk’nam, en Areté hay canciones en lengua guaraní, en mbya guaraní, también en aché guaraní, porque yo trabajé con las infancias en Paraguay, con niños y niñas aché, y así construimos esta canción. Hay una canción en tupí guaraní, un canto guerrero en lengua tehuelche, escrita por Marlui Miranda, cantora e investigadora de la cultura indígena brasileña. Es un canto poderoso que aprendí cuando tuve que interpretar a Aimé Painé en la película de la directora Aymará Rovera. Hay también cantos en lengua mapuzungun. El canto en lengua selk’nam para mí es la gran joyita, el gran descubrimiento en este trabajo musical que lo vengo encarando desde hace años.

Charo Bogarín.

–¿Cuánto años te llevó este disco? 

–La idea de hacer este disco fue anterior a mi tercer álbum, Formoseña, de 2021. Surgió a partir de haber interpretado a Aimé Painé en la Patagonia. Empezar a conocer los cantos en lengua mapuzungun, más allá de los cantos en lengua qom y guaraní que siempre hice, y hacer propio el sueño de esta cantora mapuche tehuelche, que era que la gente del norte conozca las canciones de la gente del sur y viceversa. Ella viajaba a Chaco, a Formosa, y la gente qom, la gente wichi, la gente pilagá no conocía cómo sonaban los cantos en lengua mapuzungun. Quería armar ese corredor cultural de música indígena, en donde pudiéramos saber las canciones de los otros hermanos y de las otras latitudes. Me gustó mucho ese concepto, y desde ese momento me dije a mí misma que había que hacer un disco con lenguas diversas de territorio argentino. Después se extendió un poco a Paraguay, porque trabajé con las infancias guaraníes y aché guaraní. También, con un trabajo que hicimos con Tonolec con comunidades de Brasil, de Foz de Iguazú, recuperamos el canto de Marlui Miranda. Entonces hay cantos indígenas de territorio argentino, pero también del Paraguay y Brasil, en una manera de integrar estas grandes regiones culturales que somos. El concepto lo terminé cerrando durante el año pasado, cuando cumplimos veinte años con Tonolec. Nos juntamos con Diego, que somos hermanos de la vida y hermanos musicales, con la intención de hacer un disco para celebrar esas dos décadas, pero no nos dio el tiempo. Así me encontré con este álbum, que es el disco que yo hubiera querido hacer con Tonolec, pero por estas cuestiones no se dio. Seguí el camino y salió Areté, que aparte de venir macerándolo como artista solista, también involucra y tiene mucho que ver con mi esencia musical y el camino que hicimos juntos con Diego.

–Los videos de algunas canciones de Areté son pequeñas maravillas de la animación. ¿Quién hizo ese trabajo?

–El otro artista involucrado en este álbum es Alejandro Bustos, que trabaja dibujando en la arena. Es una técnica nada fácil de dominar, ni muy vista tampoco. En una caja, que se ilumina desde abajo, esparce la arena, escucha la canción y en tiempo real va dibujando sobre esa arena. Deshace su dibujo y vuelve a dibujar, otros rostros, caballos, niños y niñas jugando, bonetes, todo lo que tenga que ver con esa canción que va representando con su arte. Yo quería hacer tres videos, y le dije que me encantaría que estuvieran hechos con su arte en arena, ya que él tiene la virtud de que cuando está dibujando pone una cámara, lo filma y después lo edita. Para mí era importante destacar su visión para la estética de este álbum. Si bien la fotógrafa Alejandra López es quien hizo la fotografía que va en el arte de las plataformas digitales con bonetes, las que uso en mis redes y flyers publicitarios, es Alejandro Bustos quien aporta el arte de tapa del disco. Es un pix del video que él hizo del canto tehuelche.

–¿El bonete que usás en los conciertos y que aparece en los flyers de dónde surge?

–El bonete es característico de la fiesta Arete Guasú, de los guaraníes. Es icónico. Lo encontré en un libro de fotografías, escrito por Ticio Escobar, que me regaló Teresa Parodi. Ticio Escobar es de Paraguay, gran investigador de las culturas originarias y del patrimonio cultural. Fue ministro de Cultura durante la presidencia de Lugo y director del Museo del Barro. El bonete es muy típico de esta festividad, que es como la Semana Santa de los guaraníes. En un solo día en el que celebran la espiritualidad, su comunión con el otro, con la otra y con la naturaleza. Entonces mi hija, que es artista plástica y visual, me fabricó y me hizo tres bonetes. Y lo lindo fue que en Niceto, cuando presentamos el disco, unas fanas hermosas por su cuenta llevaron bonetes y distribuyeron a la gente que los usó mientras todos bailaban. Terminaron armando la fiesta abajo del escenario.

Escrito por
Daniel Cholakian
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