Es el mundo externo y su inflamación crónica, es una aguda crispación, por suerte existe la poesía. Se descama, se desplaza, emerge. Está entre nosotros.
Defender la cultura es defender nuestra identidad, resguardando la memoria en tiempos aciagos donde algunos intentan hacernos creer que los artistas no son importantes en la sociedad. El arte y las humanidades juegan un papel preponderante en lo que fuimos, en lo que somos y en ese futuro a construir. Defender la cultura es defendernos a nosotros y a los que vendrán. No hay silencio que acalle la diversidad de voces porque cultura es creación, es igualdad.
Por eso cuando me enteré de que un grupo de poetas iba a manifestarse en defensa de la cultura argentina sentí una gran alegría. Me acordé de Alberto Szpunberg (1940-2020), que me contó de la existencia de la Asamblea de Poetas. “¿Qué uno entre todos / si no todos? / ¿Qué todos / si no uno y uno y uno / en cada uno y todos / en cada uno / y en todos? / ¿Qué ayer o mañana / sino siempre?”
Leopoldo Teuco Castilla fue quien organizó junto con Norberto Barleand el Primer Encuentro Amba Entero, que es parte del Movimiento Poético de la Argentina Entera, una iniciativa solidaria que abarca a todo el país para difundir y promover la poesía.
“Ante todo este vandalismo, ¿puede hacer algo la poesía? –se pregunta Teuco Castilla en el encuentro, que se realizó el 16 de diciembre último–. Sí, puede. Ella desde su origen viene desde el fondo de los tiempos defendiendo la armonía del hombre con el hombre, con la naturaleza y con el universo. Y es porque es hecha por la naturaleza que nos incluye. Sabe más porque viene cargada con todas las dimensiones del cosmos. Por eso conoce el futuro, de allí que al poeta se lo llame vate, porque tiene el don del vaticinio. Y porque preserva el lenguaje donde están inscriptos todos los tiempos, toda la travesía y todo lo visible y lo invisible que potencian el mundo.”
“Esto es ciudad de Buenos Aires y el primer cordón del conurbano –cuenta Norberto Barleand–. Por ahora vamos a tratar de extender a toda la provincia. Decir simplemente que la centralidad es la poesía. La poesía de la Argentina entera para la defensa de nuestra cultura. Es una federalización de la poesía, y que ahora tenemos a través de un mecanismo muy operativo y práctico que es el WhatsApp. Hemos convocado a treinta autores, la idea es juntarnos, unirnos, en celebrar lo que podemos celebrar, en resistir, en pasar a la ofensiva y decir ‘acá estamos con la poesía’.”
Los siguientes son algunos de los poemas que formaron parte del encuentro, en el que también leyeron Margarita Fossard, Estela Kallay, Graciela Licciardi, Adolfo M. Ponti y Cary Macena.
Gloria Arcuschin – “Cuestión de orden”
No me gusta el jardín / de mi patio. / Con desprecio de tarde destemplada / le digo a mi hijo: me recuerda al de mamá, / en el fondo, desprolijo y mezclado. / Aunque no tanto, aquí no hay latas oxidadas / de aceite Cocinero, fuentones de zinc, / ya retirados y / llenos de agujeros. / A mí me gustan, me responde él, eran lindos, / No me gusta reitero, lo quiero / sin macetas, voy a dejar un cantero chico, / con cañas, minimalista / y pintado todo de blanco. / Ideologías y utopías como latas oxidadas, / con un malvón blanco que asoma, / ay mamá, papá y tus lecciones de Esperanto, que / sería lenguaje universal, junto / al maestro del barrio y sus ideas igualitarias, je / Yo, de la generación vencida. Pero, / no te creas tanto. / Hoy cielo celeste y mucho verde flúo / suburbano, pileta de verano para niños, / casi de juguete, / este patio / me cuenta cierto orden, cierta certeza, veo / mi vida sin bordes / tan desmañada siempre / ajetreada y convulsa. / Revolucionaria casi, aunque sea una palabra devaluada, / tal vez, / solo tal vez. / En mi vida de certezas y pasiones/ sin rumbo, / en mi vida tal vez / también haya un cierto orden / de rosas mezcladas con lavandas, / que persisten en vivir. / Luchan por vivir. / Rojas y provocativas.
Daniel Arias
Me quema esta intemperie infinita / este ciclo donde el insomnio estalla / y las metáforas cantan sin ángeles ni atavíos / en su holocausto inútil y perverso. / ¿A quién conmueve algo tan superfluo? / Esta voz de piedra inerte que no alivia el hambre / no cura deshonra, no llora con otras lágrimas / ni celebra nupcias con el desamparo. / Un sollozo no es suficiente para salir / de tanta miseria con este Dios olvidadizo, / qué mano limpia la sangre de los enfermos / si no hay una piedra en la frente del orgullo. / Lo abstracto no sirve para vestir un abandono / ni la música con su humo fatuo consuela. / Como confiar con tanto remolino de polvo / en la mirada ausente de una frase, como / ver algo iluminado con tanta tormenta de ojos / tanto huésped en una consonante indecisa / con tanta certeza del dolor, tanto tiempo / de hambre de justicia en esta inútil huida, / en esta orquesta de palabras vacías, / torbellino impuro que seca la razón y canta / bajo el diapasón de una lengua inexplicable. / Solo se necesita que hablen el corazón, / con memoria, sin olvidos, pleno, ardiente y fiel, / sin tiempo ni plazos, justo y libre / para soñar despiertos un mundo feliz.
Rubén Balseiro – “Peregrinos del tiempo”
Aquí vivimos, es el mundo, / no lo hicieron tus manos ni las mías, / lo recibimos hecho, nos recibió, / que más decir. / Nos pesan los oscuros océanos, / nos enceguece la arena, / nos hace daño el sol. / Vamos como de paso / aunque ansiamos quedarnos, / no somos sino vagos peregrinos del tiempo. / A veces no llegamos, / a veces si llegamos no sabemos a dónde, / y allí donde has estado, / algún día estaré. / Parece que vivimos o a esto que nos ocurre / lo hemos llamado vida / y no nos hemos visto, / somos desconocidos hasta del propio espejo. / Peregrinos del tiempo, / en una telaraña / que nos hace creer que somos libres, / damos vueltas y vueltas, / hacia un centro impreciso, / esa boca final que nos devora.
Marina Cavalletti – “Parto”
Yo no había nacido cuando / mataron a Rosendo en La Real / Tampoco cuando Alejandra / sembró el árbol de Diana / ni cuando Perlongher escribió hay cadáveres / o cuando Manal grabó Avellaneda Blues / Yo no había nacido cuando / mataron a Azucena, / cuando el infierno / simplemente / figuraba en la Biblia / Me asomé a la vida / en un barrio obrero / Transité la música y también la palabra / A veces fantaseo / con antiguos vecinos / Imagino a Rodolfo en la esquina / de Sarmiento y Mitre / Lo veo, en su casa / tecleando en su Olivetti / Evoco a Pizarnik, con su voz subterránea / sentada en algún pupitre de la Escuela Normal / a Néstor ensayando, a mano alzada, poemas / y a esa Madre. / Ni muerta la han matado. / Yo / que no había nacido, / conozco esos lugares / Canto el blues / Reescribo la historia / desde los que fueron / Un beso en la puerta del Fiorito / Versos para los desaparecidos / en la cartelera / del colegio / las caras de Darío y Maxi / cuando bajo del tren / Conozco esos lugares / me definen / nos definen / nos muestran / que las calles / son mucho más que nombres / conozco esos lugares / desde antes de nacer los conozco / en la voz de mi padre / de mi madre / de todos / nosotros decimos / sabemos: / hay que parir a la memoria / en cada esquina.
Luis Benítez – “La Recoleta”
Aquí en la Calle de las Tunas / (que le dicen Callao) terminaba Buenos Aires. / Más allá, la pampa. Luego, la múltiple / Galería de sus nombres. / Rodríguez de la Peña recibió la parcela / Que le dio su rey y alzó la casona, / Hecha de buena fortuna y contrabando. / Aquí escondió tres días / A un infortunado inglés, Beresford, / En previsión de ciertos sucesos que, después, / Urgirían el auxilio de otra corona, como todas, / Codiciosa de los cuatro puntos cardinales. / Era cosa de quedarnos con La Aduana / Como fuera, aquel mediodía de mayo. / A unas cuadras, en Quintana, / Por más mentas la Calle Larga, / La cíclica inundación trajo un jaguar / Que saltó sobre el jinete / Buscando el cuello de su zaino. / Aquí La Mazorca acorraló unitarios / Y luego unitarios colgaron federales / De innúmeros naranjales. Era barrio bravo de día / Y de noche se salía con trabuco, tercerolas / Y puñal, solo obligado. Y por las dudas. / En plaza Arenales –el Hueco de las Cabecitas– / Se ahorraba mucho sepultando esclavos, / Hasta que de los terrones sueltos / Alzaban la calavera. Luego otros crímenes / Y miserias y grandezas y lástimas / Sin pensar en estos nos hicieron la patria.
Luis Raúl Calvo – “Casa tomada”
Es la historia de siempre, los intrusos / se apoderan hasta de nuestros miedos / más infantiles. / Nada dejan librado al azar. / La consumación del sueño, el asesinato / de Trenton deslizado en la silla vacía / del primer morador, las constelaciones / de los primitivos enamorados / que alguna vez pernoctaron por las / raídas habitaciones. / Por allí no pasaron ni arquitectos / de medio pelo, ni ingenieros con la / lengua doblada por el derrumbe / del edificio contiguo / ni la mano de obra desocupada / por las atroces muertes del pasado. / Alguien se equivocó de paradero y confundió / la humedad de los cimientos con la barrendera / de trenzas doradas, la ironía del tuerto / con los rojos zócalos de la intemperie / la pasión del amor con la seguridad del hastío. / ¿Quién es quién en este desamparado / Aguantadero / sin rosas ni madreselvas para ofrecer / a las visitas hospitalarias? / De algo estamos seguros: no habrá abogado / capaz / de aplicar la consabida ley de desalojo. / Si han tomado la casa, es hora de partir / hacia otro lugar.
Carlos Carbone – “Algunos trenes”
A veces solo viajo en los trenes que pierdo / y mi corazón va por ciudades que nunca me nombraran / esa distancia / amuralladas de catástrofes / y de hoteles olvidables / Solo voy / como un loco obligado contra su voluntad / en una historia contada tras el insomnio / vista con el ojo cerrado / y una fatiga de ahogados inauditos / Solo con un espejo clavado en el pecho / derrotado / vencedor / y nuevamente derrotado / ¡¡Ay belleza!! / de arena y música / abrirle la puerta al laberinto / Dentro algo brilla / en las copas algo canta / un incendio convoca y llama / al recuerdo azul / de los días volcánicos / A veces solo viajo en los trenes que no volverán.
Alejandro Cesario – “Esperanza”
Chinitilla huérfana. / Silabario / sobre la mesada. / Solita / pringa el pan en su escudilla, / solita / asperja la mata de albahaca / y va a la escuela.
Liliana Corredera – “esas cosas”
(el pasado ha decidido estar hoy presente / para que no se pierda la memoria de los hechos / Antonio Gutiérrez) a veces / me veo / caminar en muchedumbre / a mano las banderas / el grito / a veces / giro para ver quiénes / me acompañan / con quiénes puedo conversar / del país / me nostalgio / con el eco de los pasos / boquiabierta / iba / voy / estoy / con esas cosas
Silvia Marina Crespo – “Preludio contra el olvido”
Voy a cortar el lienzo del día / al ras de su boca melancólica / Voy escuchar un deseo estrellado / mudaré en vertiente para saltar entre las rocas / en yuyo sobre las manos del aire / para atravesar las tormentas terrestres / Voy a quitar los ojos / de estos muros que levantan / como nosotros levantamos las banderas / Voy a poner el suelo y el aire al oído para conocer el preludio / donde improvisa el mes de septiembre / a tocar el idioma terso de la piedra oceánica / a descubrir una trama en las hojas del ginkgo / Voy a seguir la vocación de la humedad / hasta ser hongo coronado en su trono de barro / Reformaré la caligrafía del viento / que lleva y trae palabras remotas / a la inauguración del futuro / Continuaré una lógica respiratoria / en una circulatoria justicia solar / Iré a tientas deslumbrada / en busca de fragmentos perdidos / los reconoceré por sus espasmos / bajo la ráfaga de un caballo / cuando su trote va cosiendo el horizonte / donde mordió la furia / donde quemó el pavor de la historia ciega/ de este ciego país
María Julia Druille – “Salvar los restos”
Cada paso al borde del abismo / En manos de la furia y el desborde / ¿Qué hilachas de país nos quedará? / ¿Qué de los que entregaron su vida por la patria? / ¿Quién de tantos olvidados en el frente? / los sin nombre, las mujeres cosiendo heridos / aquellos cavadores de vías / los soldados de Malvinas / los médicos que surcaron el país / los maestros de fronteras / transitamos silentes el despojo / saquean impunes y ostensibles / ¿qué de la montaña y su vientre? / ¿su secreto tesoro, su trampa mortal? / hambrearán a los hombres que creyeron y / los otros cuando despierten / ya los trenes habrán partido / enmascarados en la larga noche / será triste reconocernos vacíos / en la honda traición y los embustes / pero descubrimos/ descubriremos / tal vez no sea tarde / que podemos hacer frente / que el nido de la resistencia late vivo / aunque los voraces picos / los que roen la médula / los rapaces que descuartizan el mundo / los que rascan hasta el fondo las entrañas de la Tierra / crean que vencerán para siempre / Pero la semilla de lo nuevo está creciendo / Tarda como tardan las cosas más difíciles / Y defendamos con las uñas su cosecha / porque un cambio en el mundo se avecina
María Marta Donett – “Casa tomada”
(A Julio Cortázar) Regaba los malvones / en el patio de la casa / hasta que la incertidumbre / secó el agua en una discusión extensa, / penetrante. / Un desacuerdo en el pasillo / cerró la primera puerta. / Había quienes empujaban / y quienes resistían. / Quienes avanzaban con premura / y quienes defendían / el espacio común. / Comenzaron a marchitarse los malvones. / Entonces la casa también comenzó a partirse / como un cuerpo dividido: / un ala llena de consignas, / otra llena de cautela, / y en el medio / La Palabra / que amenazaba con desaparecer. / Primero fue una habitación, / después el cuarto en donde estaban los libros, / después la música que bajó el volumen. / Y un día… La Palabra / empezó a llegar tarde, / ya no encontraba la silla, / ya no encontraba ni el mantel / ni la mesa o el pan. / Hasta que avanzó el ocaso: / la casa estaba ocupada / y nosotros afuera entre malvones marchitos. / Hoy vengo a exigir mi espacio / reclamo mi lugar: / para que La Palabra respire, / para que el Arte no tenga que pedir permiso, / para que pensar no sea una falta. / Porque cuando el Arte se pliega, / no crece el orden: crece el miedo. / Y una casa sin palabras no es un refugio, / es la intemperie con techo. / Y un país sin palabras / no se gobierna, / se clausura.
Sara Mamani – “Marrón”
Una niña marrón / curiosa del mundo / Antes de primer grado aprendió / el secreto del abecedario / Y sumaba y restaba / con escarbadientes / La rodeaban patronos milagrosos / No entendía nada / Y más temprano que tarde / el golpe del martillo / Su madre sólo le decía / que sea fuerte le decía / La injusticia quebró / tantos idiomas / Pero una a una / las letras propias / van apareciendo / en el mes de agosto.
Alicia Márquez – “Los suicidios”
(Para Pablo Grillo) Sabemos que muchos perros que pierden a sus amos, se dejan morir. / Si las ballenas quieren matarse / se dice que encallan intencionalmente. / Se comenta también que algunos elefantes / altamente estresados pisan sus trompas / o saltan de los acantilados para terminar con dolores prolongados, / y se cuenta que los gatos angustiados por los terremotos / se suicidan. / Aquí, el cincuenta y seis por ciento de los argentinos hizo lo mismo.
Mariel Monente – “Luz de gas”
(Y construí tu rostro / ́Con adivinaciones del amor. Construía tu rostro / En los lejanos patios de la infancia. Juan Gelman) Casi sin nombre / y apenas un rostro / el párpado voraz / te borronea. / Aquellos que supieron de vos / huyen de mí o mueren. / Solo sé que ella reía / cuando tu voz y tu canto / encendían la noche junto al río. / Su risa construye / tu silueta perdida / trae tu morada marrón. / Alguien enciende / la luz de gas / las sombras se agigantan.
Rubén Sebastián Melero – “Nada”
Lluvia de meteoritos / sobre las ciudades / la voz del hambre grita / en las panzas vacías / el miedo hace temblar / el cuerpo de los niños / todos los días la sangre / reescribe historias / y mueren, otra vez, / los santos inocentes / nada / volverá a ser igual / en el jardín de los olivos
Leandro Murciego – “a Néstor Perlongher”
En la calle veo cadáveres. / Bajo las baldosas, / en los umbrales, / en las paradas de colectivos, / detrás de los árboles / hay cadáveres. / En las marchas y contramarchas, / en los jubilados que no llegan a fin de mes, / en el humo de las fábricas que raquitiza, / en las plazas que aún lloran por sus areneros, / en hospitales, afuera y adentro / hay cadáveres. / En los restaurantes que revientan en hora pico / y en aquellos que des-esperan a toda hora, / en los bancos de los parques, / en la puerta de los bancos / hay cadáveres. / En lo macabro de la ausencia del Estado, / en la risa dañada de su titular, / en el eco de sus uniformadas palabras, / hay cadáveres. / Hay cadáveres señor presidente / muertos de hambre, de frío, / de soledad, de indiferencia. / Están haciendo de esta tierra / un campo santo. / Están sembrando mártires / y crucificando a todo un pueblo. / En nuestras calles hay cadáveres y asesinos, / hay cadáveres y cómplices. / En nuestra tierra –ahora ácrata– hay cadáveres / esperando su momento. / “¡Ay! ¡Cadáveres!”
Nora Nardo – “¿Y ahora qué?”
La verdad es relativa / que somos ocaso y amanecer / que los páramos funden / nuestros días / y duelen más las ausencias, la/ finitud. / Ahora que habito la noche / con sus misterios dolorosos / y la incertidumbre mora en los / intersticios de mi piel / escribo en los negros pliegues / de mis entrañas / Grito en esta vaciedad / no soy cerezo / no soy almendro / solo polvo / fragmento en extinción. / Y ahora que el fin descansa en / el principio / expiran mis sueños / sin distinguir el rojo del naranja / ni el bruno azul. / Es este sosiego que se derrama / es este poema / que se desprende / casi, casi congelado / en este suspiro sin luz. / Hay país, país, país.
Mirta Venezia – “Violencia doméstica”
árbol saturado de nísperos / piel tirante bajo el golpe de puño / –vos con tu almohadón de espinas– / tus ganas de callarme entre los dedos / me fui a lomo de un caballo negro / para que tu oscuridad no me descubra / me fui tan viva / cuando llegue al paraíso / el hijo que perdí me abrirá los brazos / a salvo / pronunciaré su nombre
Edda Sartori – “Ese pez huyendo rojo”
(A la tripulación del ARA San Juan) en las dormideras del mar / bella mole transparente / ciega resplandece / en fuga / gravísima ondina / intenta ser esa bestia / memoriosa / se inicia rojo / en agonía / ahora tensa deshace / su gorda nervadura y / estalla luz en / sus torsiones / ahora la líquida aleta / va devora imanta el vaivén del / inhóspito / ahí granate hilo morado / como pájaro / como nave / ahí apasionada astucia / milimetra su envión / mamario / su boscaje oro / ahí la bárbara de / envolturas invisibles / quién la llama / quién la aborda / quién atroz junta despampanantes / sus despojos / quién remonta abre / lenta púrpura / el ala que / enmudecida voraz / cubre su / último temblor / en la hondura coda / del océano / ah el cuerno de caza / amorata el sonido / ah cuánto oscuro / me enronquece / ah el goce / mutante de / ese pez huyendo rojo
Dora A. Roldán – “Los infames”
Allí están los infames / Ahí mismo los serviles / despuntando la presa / la despedazan / con uñas y dientes / con la perversidad de sus almas / dispuestos a no dejar / hasta que la contienda sea, / solo una cortina de humo en el frenesí, mezclados por turno. /sin descanso cortan el aire, en dos perfiles con la boca torcida la burla inhala en no sentir /el animal que son. / Donde cierra la huella de todo gesto humano / el ruido seco del mundo, donde el espejo de la frustración, no les devuelve imagen / solo ven con afán / idolatrados de pertenencia / carentes de consagración.
María Victoria Rivas – “Al esqueleto rotulado ‘fósil representativo de una raza de gigantes’ en el Museo de La Plata”
1883 / La O abierta de su boca / que se excava / hacia el relámpago / su ámbito sonoro / donde se calla el sin porqué / en un estruendo de tambores / Ahí afuera / los lirios en la orilla del río / la seda y el hierro / en el idilio del tiempo / Todo lo deja / y va mansamente / A cada mirada / los filos y el latido / las encerronas / entre los valles y las hondonadas / esta vez Kóoch ha desatado el caos / en un haz de equívocos / Eso de alejarse de sus ancestros / en la cuerda floja / en la cresta los escalofríos / los augurios tan vulnerables / Eso de palparse en la cascada absurda de un ensueño / Y la pampa árida a lo lejos / Ahora / que el rumor de caballos / vadea los campos / serán rastros de sangre / Ahora / que el mal es bien / se escarba un nuevo mundo / y se hace rito / Mefistófeles endiablándose con Mandinga/ los aplausos / los bravos los bravísimos / Buenos Aires: el fin de su itinerario / La textura de sus bronquios / bajo las estrellas húmedas de la ciudad / esas membranas en fuga / el vértigo de las llagas / más allá / cieno y confusión / Ese sondeo de indicios / como una incisión líquida / que obsesiona lo calcáreo / que anuda mandatos / de héroe sin sepultura / el cacique / un fósil encrespado / que engasa / los mármoles de los museos / Orkeke / el cacique / recorre lo eterno a caballo / no tiene consuelo / aún busca la hermandad
David Sorbille – “Armando Tejada Gómez”
(A Gloriana Tejada) Es cierto que nunca te fuiste / solo tomaste de prestado / el último peldaño que lleva al cielo / y ahora caminas de nuevo entre nosotros / alterando el orden de lo injusto / silbando la canción del alma libre / haciendo que la pausa de nuestra furia cotidiana / se transforme en ternura / y entonces atrevernos a rescatar la flor / que tu poesía nos legó / porque si un verso dice lo que somos / se debe a que la semilla tuvo el destino final / de los que como tú abrieron las puertas de la vida / y llevan un niño en la mirada.
Salvador Verzi – “Encuentro”
Esperé tanto este momento. / Durante mi espera pasaron cosas, / yo, impaciente a veces / a veces paciente, esperaba. / Mientras en India morían niños / y vacas sagradas en las calles / el Etna vomitaba fuego sobre Sicilia / y los hombres fuego contra otros hombres. / Mataron a Lennon y nacían quintillizos. / Yo, preparaba mi mejor traje, / la camisa de seda y los zapatos lustrados. / Ocupado en mis asuntos y mis tribulaciones… / Mientras caía un meteorito en el Sahara / y una estrella fugaz en La Florida, un terremoto sacudía Mexico, / temblaba Mendoza y Chile / y la lluvia cubría la selva africana. / Yo emparejaba mis bigotes / limaba mis uñas y sanaba pacientes / esperando este momento. / Pasaron años, pasaron gobiernos y epidemias, / se estrenaron operas, ciudades e inventos, / se cantaron goles, himnos y plegarias. / Espere tanto y los relojes no se detuvieron/ aparecieron mis primeras canas/ y desaparecieron algunos cabellos. / Llego el día y el momento, / me encontré en zapatillas y jean, / en remera y sonriendo a dientes llenos. / Me alegra tanto haberme esperado / que hoy me encontré / y puedo abrazarme y mirarme / me felicito por la espera. / Siguen pasando cosas en el mundo / mientras yo me reencuentro conmigo.
Andrés Utello – “Encuentro con Pancho en Fiambalá”
El poeta Acuña / ha dicho que vendrá. / Zarzamora y ajenjo / para tanta alegría, / que arda sobre los cerros / la mansa piel. / Transcurre un silencio verde / en el monte. / Toda espera es eterna / pero él, ha dicho que vendrá. / Que tiemble la muerte / si lo enarbola / que se estremezca el llanto / si lo retiene / que se pudra toda la albahaca / de esta tierra, / si el poeta no dijo la verdad. / Traigan más vino / los infelices / su saco blanco / recitará a Li Po. / Llorará sobre sus ruinas, / dirá: madre, Fiambalá, / ternura. / La misma luna que lo llama. / El poeta Acuña / ha dicho que vendrá.
Escuchando esa tarde a poetas de nuestro país alzando su voz en defensa de la cultura se entremezcla en estas líneas Maya Angelou: “Tú puedes escribirme en la historia / con tus amargas, torcidas mentiras, / puedes arrojarme al fango / y aún así, como el polvo… yo me levanto (…) Me levanto, / a un amanecer maravillosamente claro, / me levanto, / brindado los regalos, legados por mis ancestros. / Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo. / Me levanto. / Me levanto. / Me levanto”.
