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Caras y Caretas

           

La suma de todos los males

zzzznacp2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, AGOSTO 1: La presidenta del Senado Cristina Fernández de Kirchner recibió hoy al presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa, quien asumirá el miércoles como ministro de Economía, Producción y Agricultura de la Nación. Foto NAzzzz

Cuando se cumplen ochenta años de las elecciones que lo institucionalizaron, el movimiento se encuentra en una encrucijada: con su líder proscripta y encarcelada, y en la necesidad de construir un frente capaz de disputarle la hegemonía a la ideología libertaria.

Hay momentos en la vida en los que se junta todo. Son esas etapas en las que se acumulan dificultades en varios frentes a la vez. En la vida política ocurre lo mismo. Y le está pasando al peronismo en este 2026. En un mismo momento se cruzan los efectos de una persecución y proscripción como la de 1955; una suma de derrotas electorales como las de 1983 y 1987; 2015 y 2017, y un debate sobre el liderazgo como el de 1999.

Todo ocurre en simultáneo. Los temas se superponen y cada uno complica la resolución del otro.

LA PROSCRIPCIÓN

El punto más delicado del vendaval que sacude al peronismo es la proscripción y encarcelamiento de Cristina Fernández, la figura histórica más importante para el movimiento nacional-popular después de la muerte de Juan Perón. La prisión de Cristina fue la consumación de una lección histórica que distintos poderes del establishment argentino y extranjero querían dar. Es un mensaje para la dirigencia política de lo que le ocurre a quienes toman cierto tipo de decisiones y afectan ciertos intereses.

Detrás de esta estrategia están algunos de los grandes grupos económicos locales, conglomerados de empresas internacionales y hasta gobiernos extranjeros. En marzo del año pasado el secretario de Estado de Donald Trump, Marco Rubio, anunció que le quitaría a CFK la visa para ingresar a Estados Unidos. La medida fue la batiseñal para la cúpula del Poder Judicial argentino, que está siempre dispuesto a seguir los lineamientos de la embajada estadounidense. A estos grupos de poder se suman sectores que tienen influencia en algunas esferas judiciales, como los familiares de los militares condenados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, que quieren una revancha con el kirchnerismo por haber reactivado los juicios que se habían iniciado con el gobierno de Raúl Alfonsín y luego se habían interrumpido.

Por todo esto es tan importante que el peronismo ponga entre sus prioridades que Cristina recupere su libertad y sus derechos políticos. No es solamente una cuestión ética y de justicia. Es que no quede asentado en la historia que una presidenta que gobernó a favor del pueblo termina sus días presa y proscripta. Es derrotar la lección que la derecha quiere dejar tatuada en piedra.

DERROTAS Y LIDERAZGOS

Una de las tantas frases célebres de Perón decía: “El conductor es un fabricante de éxitos”. El fundador de uno de los movimientos políticos más importantes de América latina planteaba con esa definición la condición para mantener el liderazgo de una fuerza política.

La última experiencia de gobierno peronista fracasó. La gestión de Alberto Fernández dejó algunas marcas en la percepción social que será difícil remontar. La cantidad de pobres que había al inicio del gobierno del Frente de Todos en 2019 rondaba el 40 por ciento y en 2023 estaba exactamente igual o un poco peor. A esto se suma algo igual de complejo. El del FdT fue el único gobierno peronista desde 1983 que finalizó su ciclo dejando un clima de descalabro, de desgobierno. No había pasado con el final del menemismo y menos aún con el del kirchnerismo, que terminó con una Plaza de Mayo desbordada para despedir a la presidenta.

El final de Alberto, con casi 200 por ciento de inflación y el presidente corrido de la centralidad del gobierno que ocupaba Sergio Massa, se pareció más al modo en que terminaron Alfonsín, Fernando de la Rúa o Mauricio Macri, con todas las diferencias que hubo entre estos gobiernos no peronistas. El punto es que con el gobierno del FdT el peronismo perdió un activo que le reconocía toda la sociedad argentina: la gobernabilidad. Los antiperonistas podían aceptarlo a regañadientes, con frases como “solo el peronismo pue- de gobernar este país de mierda”, pero que en el fondo le daban ese atributo. Esto cambió y recuperar ese activo político llevará mucho tiempo.

La decisión de que Alberto fuera candidato fue tomada casi en soledad por CFK. Fue un movimiento de ajedrez brillante para enfrentar la elección. La presencia de Cristina en la boleta garantizaba que el núcleo duro, la mayoría del voto, se sintiera representado. Alberto encabezando la lista abría el juego para unificar al resto del PJ, ampliar y construir una mayoría. La elección se ganó cómodamente. Pero lo que funcionó como ecuación electoral no sirvió como esquema de gobierno. Por supuesto que la pandemia y el acuerdo con el FMI explican en gran medida lo que pasó con la gestión de Alberto. Pero no es posible separar las cosas. Cuando una apuesta política sale mal, el río arrastra todo. No hace diferencias. Era casi imposible entonces que luego de ese fracaso la conducción no entrara en crisis, porque el conductor, como dijo Perón, “es un fabricante de éxitos”.

El peronismo no tiene un sistema de sucesión aceptado por todos. Es uno de sus puntos débiles. En México, por ejemplo, Morena, el movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador, se apegó a la Constitución Mexicana y a la tradición del PRI: el presidente dura seis años y tiene que construir un sucesor porque cuando termina su mandato se va a la chingada y no vuelve más. Y así fue. Claudia Sheinbaum ganó las elecciones en junio de 2024 y AMLO –su mentor y el creador del movimiento– se fue a su rancho, al que le puso de nombre “La Chingada”.

El fracaso del gobierno de Alberto y las derrotas electorales de 2023 y 2025 se suman a la proscripción y generan una triple crisis. Nadie dice que sea fácil transitar las aguas agitadas en ese océano. Lo que ocurrió en Bolivia con el MAS –el partido de Evo Morales– y en Ecuador con el correísmo deben ser señales de alerta. Son experiencias que muestran que nada es eterno. Un movimiento político que parecía invencible, como el MAS, ni siquiera pudo entrar al balo- taje en la última elección por no encontrar una resolución a sus propias contradicciones, por hundirse en un fratricidio de suma cero. Nadie ganó esa guerra política. Perdieron todos. Aunque su historia sea más larga y haya superado varios momentos críticos, el peronismo no está exento de que le ocurra lo mismo.

Escrito por
Demián Verduga
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