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Caras y Caretas

           

Los secretos de Amram Blum, el “rabino de Perón”

Miguel Teitelbaum, secretario privado del rabino durante el primer peronismo, supo dar cuenta del vínculo de Perón con la comunidad judía desde su lugar de testigo privilegiado.

Fue un testigo privilegiado del vínculo de Perón con la comunidad judía, incluso desde un espacio marginal. Miguel Teitelbaum, fallecido en 2021 y que supo desempeñarse como secretario personal de Amran Blum, nacido en Hungría, doctorado por la Universidad Hebrea de Jerusalén, y oficiante en su país natal, Rumania y Palestina, antes de arribar al país en 1946 para liderar las comunidades de los templos de la calle Paso y de Lavalle, ambos en el barrio de Once. Pero también para ser nombrado por Juan Domingo Perón como su asesor en asuntos religiosos, lo que le otorgó acceso directo a su Secretaría Privada. Teitelbaum brindó años atrás uno de sus pocos testimonios sobre aquella época, parte del cual fue utilizado en el documental Perón y los judíos, del periodista Shlomo Slutzky (Cine.ar, 2020) y en el libro Los muchachos peronistas judíos, del historiador israelí Raanan Rein (Sudamericana, 2015).

En aquella entrevista, formulada por Slutzky y el autor de esta nota, Teitelbaum recordó cuando fue convocado por Blum a sus 19 años gracias a su buen dominio del hebreo y el inglés: “Era muy joven, y la política me llegaba de rebote, así que no tenía noción del lugar tan importante en el que estaba, porque a esa edad no se sabe dimensionar, mucho menos ver que uno está en el ojo de la tormenta, aunque veía que pasaban cosas muy importantes en esa casa”. Así, enumera los acuerdos de Blum con Perón para que los judíos tuvieran una capellanía en el Ejercito, que llevaría adelante el propio Blum, feriados en las festividades judías para los conscriptos, subvenciones para escuelas judías, posibilitar que un médico judío evitara la discriminación para ser titular de una cátedra en la Facultad de Medicina, o bien llevar adelante, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, una cátedra de hebreo y cultura judía. De hecho, Teitelbaum afirma que Perón “siempre atendió a Blum con la mayor deferencia, y nunca le negó nada de lo que fue a pedir, que yo sepa”. En este sentido, recuerda especialmente una anécdota que pinta de cuerpo entero el vínculo que propuso Perón, pues en la primera entrevista, a Blum se le cayó la kipá (el solideo) y Perón se agachó para recogérsela, lo cual, afirma Teitelbaum, generó un considerable impacto en el rabino.

La excelente sintonía con Blum contrastaba con la compleja relación que tenía Perón con la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), organización representativa del establishment de la comunidad, que al tiempo que mantenía una distancia ideológica con el peronismo, recelaba fuertemente del lugar privilegiado que Perón le otorgaba a Blum, así como de su impulso a la Organización Israelita Argentina (OIA), properonista.

Con todo, Teitelbaum recordaba que “el vínculo de Blum con la OIA era muy leve, al embajador en Israel designado por Perón y directivo de esa agrupación Pablo Manguel, Blum solo lo habrá visto una o dos veces. Y ninguna al presidente Ezequiel Jabotinsky”. De hecho, Teitelbaum añade que Blum “ignoraba a la OIA, incluso tenía mayor relación con la DAIA, ya que esta organización no tenía acceso a Perón, con lo que le era muy necesario acudir a Blum”. De la misma manera, la simpatía por Perón no implicaba que el rabino hiciera proselitismo a su favor, pues, afirmó Teitelbaum, “él no manifestaba mucho sus ideas políticas, era práctico, no era progresista, y lo que no hacía era usar el templo para hacer política, solo estaba interesado en favorecer a la comunidad y de ahí su llegada al presidente”.

Una relación política e intelectual

Con todo, el diario Jewish Telegraphic Agency del 20 de mayo de 1954 señaló que durante la inauguración formal de la Cátedra de Lengua y Literatura Hebrea en la Universidad de Buenos Aires, Blum reconoció a Perón por este nuevo espacio creado durante su gobierno, mientras que las crónicas de este mismo periódico judío del 24 de noviembre de ese año resaltaban que más de mil personas habían concurrido al ágape por el nombramiento de Blum como profesor de esta cátedra, entre los que se contaban “el Dr. Carlos Díaz, vicegobernador de la provincia de Buenos Aires; el doctor Antonio Benítez, presidente de la Cámara de Diputados, y el doctor Enrique de Aldama, director del Departamento Religioso del Ministerio de Cultura, este último como representante personal del presidente Juan Perón”, y que Blum dijo allí que el encuentro representaba en realidad “el agradecimiento de los judíos argentinos al Gobierno argentino por la creación de la Cátedra de Hebreo”, y que Perón había iniciado el proyecto debido a su gran respeto por la antigua cultura judía, resaltando el hecho de que el propio Perón hubiera nombrado a un rabino en ese cargo en lugar de un laico, lo cual era una señal de la “profunda tolerancia” del presidente.

En su tesis doctoral de 2002 “The Jews and Perón: Communal Politics and National Identity in Peronist Argentina, 1946-1955” para la Universidad de Ohio, el historiador norteamericano Lawrence D. Bell señala que Blum fue un actor central en la “diplomacia informal y la política corporativa de la comunidad judía” para sortear las tensiones con el gobierno peronista y especialmente clave para que la DAIA y la AMIA llegaran a Perón. Y coincide con la investigadora Susana Brauner, que en su libro Ortodoxia religiosa y pragmatismo político. Los judíos de origen sirio (Lumiere, 2009), señala que Blum, luego de gestionar en 1953 la reapertura de la fábrica de caramelos Mu-Mu, de los hermanos Groisman, cerrada por un aparente conflicto con la Fundación Eva Perón, resaltó “el espíritu justiciero” que animaba a Perón y a sus políticas “contrarias a toda discriminación racial”, además de pronunciar, en 1952, una oración por el restablecimiento de la salud de Evita. Por su parte, en el texto de Allan Metz “Reluctant partners: Juan Peron and the Jews of Argentina, 1946-1955”, se menciona que el rabino Ernesto Yattah señaló que Blum estaría junto a Perón durante el funeral de Evita, “guiándolo suavemente a recitar el Kadish del doliente”, una antigua oración en arameo que se recita en el judaísmo en memoria de los fallecidos.

De la misma forma, Teitelbaum recordaba invitaciones a Ramón Carrillo, Jorge Taiana, “y a casi todos los ministros peronistas” a la casa del rabino, “primero en Corrientes 2422 y luego en su petit hotel de la calle Ecuador, pero no era para hacer política, sino porque Blum era un hombre muy atractivo y tenía un gran conocimiento general, muy al tanto de la literatura centroeuropea y hebrea, además de hablar muy bien el hibrit, húngaro e inglés, era un verdadero Rabi (Maestro), que le dio a su trabajo un carácter más mundano que el del ortodoxo judío, porque era cuidadoso del cashrut (dieta de la religión judía) o de cuidar el Shabat (Sábado) pero también estaba al tanto de la actualidad”. Incluso, señala que “Blum entraba a un lugar y todos lo admiraban, con su altura de metro ochenta, la barba chambergo, su bastón con mango de plata y toda su presencia. Otra cosa que llamaba la atención era el auto en el que se desplazaba, un Oldsmobile 88, el cual creó la leyenda popular de que Perón se lo había regalado, pero lo que en realidad le había dado Perón era un permiso para importar el auto al dólar oficial, cuyo valor era menor al del mercado”.

Más allá de la mayor o menor cercanía de Blum con el peronismo, lo cierto es que a partir de 1955 cambiaría su suerte. Pero, paradójicamente, no por los militares golpistas de la “Revolución Libertadora”, sino por los dirigentes del establishment comunitario. Teitelbaum sostiene en efecto que “el almirante Isaac Rojas recibió a Blum y le quitó sus miedos, diciéndole que ellos protegerían a los judíos, ya que la Libertadora quería mostrar apertura. De hecho, justo se celebraban las Altas Fiestas de la comunidad y reforzaron la seguridad en los templos, sobre todo en Once. Además, a pocos días del golpe se celebró el Bar Mitzva del hijo mayor de Blum, en un festejo que duró dos días por la cantidad de gente que pasaba”.

Sin embargo, ya sin Perón en el gobierno, y mientras una revista judía lo denominaba “el protegido del tirano”, las autoridades de la DAIA decidieron cobrarse revancha: “Ellos le hicieron un vacío –afirma Teitelbaum–, habían tenido mucho celo de su lugar, debido a su incapacidad para vincularse con Perón y obtener beneficios para la comunidad, además de tener que ‘tercerizar’ su llegada al poder. Blum nunca le hizo daño a la comunidad, pero lo cierto es que fueron muy ingratos porque al caer Perón, lo usaron como chivo expiatorio y le hicieron un vacío que no soportó, por lo que se fue, a los pocos meses”. El destino de Blum sería Estados Unidos, donde oficiaría como rabino de la comunidad Young Israel de Los Angeles y luego de la Congregación Tiphereth Israel, en Brooklyn, hasta su fallecimiento.

Teitelbaum siguió con su vida. Se recibió de abogado, carrera que ejerció con gran éxito, y en los inicios de los años 90 fue un alto directivo de la DAIA. Sin embargo, no pudo retomar el contacto con el rabino: “Blum no quiso saber más nada de la Argentina, fue muy denigrado injustamente, y se fue enojado. Humanamente la comunidad fue muy ingrata con él”.

Agradecimiento: Rabino Yerahmiel Barylka

Escrito por
Julián Blejmar
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