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Caras y Caretas

           

El perseguido

Después de recibir varias amenazas, el cantante dejó el país en 1978. Al regreso de la democracia, el éxito junto a Mercedes Sosa y Porchetto fue inmediato.

Como les ocurrió a muchos artistas, León Gieco vivió en carne propia la persecución de las fuerzas del orden de la última dictadura militar. Asediado, amenazado y hostigado, decidió vivir un tiempo en el exterior hasta su vuelta, en el año 81. Poquito tiempo antes del retorno de la democracia, participó de la composición de una canción que la anticipaba.

Era 1974 y a León Gieco, de apenas 23 años, la Triple A lo tenía en la mira. Le habían recomendado enfáticamente no continuar interpretando en vivo John el Cowboy, porque asociaban que su prosa hablaba de la muerte del comisario Alberto Villar. Villar estaba vinculado a la Triple A, y en octubre del 74, Montoneros puso una bomba en su barco: se detonó mientras paseaba con su esposa. “Los servicios se comieron que estaba anunciando su muerte y caí preso –contaría luego a Página/12–. Estuve en cana una semana.”

En 1975, le prohibieron tocar su tema dedicado a Víctor Jara, asesinado por la dictadura pinochetista en 1973, Los chacareros de Dragones. Ese año, durante un concierto en Comodoro Rivadavia, “un tarado entre el público llamó a la policía, porque yo estaba tocando temas ‘prohibidos’… Igual, el trato fue cordial. Vino un militar, me preguntó por qué me habían detenido y le conté. El tipo me dijo: ‘No tienen por qué detenerte por esta canción’. Estuve dos días preso y me largaron, algo que me volvió a pasar en Córdoba poco después.”

También en Comodoro Rivadavia y apenas 20 días después de que el golpe de Estado del 24 de marzo se hiciera efectivo, una nota de Crónica relata: “El 12 de abril de 1976, entre las 2:00 y las 12:00, permaneció demorado en dependencias de la seccional Primera de Policía el artista León Gieco. El artista tiene ideas que no se pueden cortar con una tijera, por ahora con el corte de pelo alcanza.” Poco tiempo después, León Gieco se va de Argentina, rumbo al exilio.


EL EXILIO

Primero, lo prohibieron en las radios. Luego, en la televisión. Había ciertas canciones que no querían que cantara, pero tampoco tenía tan claro cuáles eran. Gieco zafaba porque no militaba en un partido político. En 1977 empezó a recibir amenazas telefónicas en su departamento nuevo, en el barrio de Belgrano. Un tipo lo llamó tres veces para aconsejarle que se fuera del país, que no era nada contra los músicos pero que lo mejor era que tomara distancia. Gieco le explicaba que lo suyo era legal, que estaba habilitado por el Comfer. La situación le parecía absurda y pensaba que se trataba de una broma. Hasta que un día llamó una mujer y entendió que el panorama era verdaderamente sombrío: los militares sabían a qué jardín iba su hija.

“Yo no me enteré realmente de lo que pasó hasta 1978, cuando me fui a Italia y muchos exiliados me contaron las atrocidades del régimen.” Así es que decidió vender todo lo que tenía e irse con su familia un tiempo a otro lado. “Me fui al aeropuerto y pedí el primer avión que saliera del país –contó al diario colombiano El Espectador–. El primer lugar fue Bogotá. Compré un tiquete de Avianca y llegamos al hotel Tequendama. Jorge Barón me recibió con la condición de que cantara en su programa. Estuve dos semanas en Bogotá, luego salí a Caracas, Costa Rica, México y Los Ángeles.”

Los Ángeles fue una experiencia particular en la vida de Gieco, ya que la obligación de irse de la Argentina terminó empujándolo a viajar, a conocer otros lugares. Estados Unidos estaba en una buena etapa: “Llegué a Los Ángeles, fui a ver a Bob Dylan, me tomé un ácido con unos amigos y me fui a escuchar a los Grateful Dead. Dije: ‘Este país es la gloria’, y me instalé.”


LA VUELTA

En Los Ángeles vivió ocho meses, hasta que se acabó el dinero. En 1979 editó en Argentina su cuarto LP. Durante esos años, hasta su vuelta definitiva en 1981, giró por varias provincias haciendo conciertos.

En 1980 tocó Solo le pido a Dios en un festival solidario de la Universidad de Luján. Fue a buscarlo un tipo, le pidió que se ponga un traje y vaya a ver al general Montes. Cuando llegó, con un traje que Oscar Moro le prestó, Montes tenía un revólver en el escritorio y le pidió, por confusión en el título de la canción, que no vuelva a cantar Cachito cierra las escuelas porque si no le volaría la cabeza.

El regreso definitivo al país llegó un año después. Su canción Solo le pido a Dios trascendería hasta el presente, pero sería especialmente importante en el marco de la Guerra de Malvinas. En ese 1982, otra figura importante para el camino hacia la democracia retornaría al país: Mercedes Sosa.

Luego de cuatro años de exilio, la tucumana agotó trece shows en los que compartió escenario con Charly García, Piero y León Gieco, y fue precisamente con él con quien realizaron una versión de esta canción, en el Teatro Ópera.

En 1982, Porchetto compuso junto a Gieco una canción que reconstruía el espíritu democrático e incitaba a la juventud a participar:

“Con cuerpo y mente joven / siempre que acates decisiones / en un buen rol podrás actuar / en la emergencia nacional / la juventud es primordial / che pibe vení votá / Esencia y moral es bueno / pero de golpe no podemos / el país así cambiar / confórmate con algún puesto / sos joven para entender esto / che pibe vení votá.”

En un Luna Park, con la democracia apenas recuperada, Porchetto dice frente a una multitud enardecida:

“Un tal Lennon dijo una vez de alguien que quería mucho ‘no puedo evitar quererlo’. Quiero presentarles a alguien a quien no puedo evitar quererlo: León Gieco.”

La multitud grita. León sube al escenario y suena Che pibe, vení votá.

Escrito por
Marina Amabile
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