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Caras y Caretas

           

“El progresismo ecuatoriano sigue siendo la principal fuerza política”

Andrés Arauz

Durante el 3° Congreso Panamericano, el correísta Andrés Arauz conversó con Caras y Caretas sobre la crisis política que atraviesa su país, el autoritarismo del gobierno y las posibilidades de la oposición.

Andrés Arauz fue candidato a presidente de Ecuador en 2021 por el Movimiento Revolución Ciudadana liderado por Rafael Correa, a quien había acompañado como ministro coordinador de Conocimiento y Talento Humano. Economista, Arauz es investigador senior del Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), organización clave a la hora de conectar a los delegados de Estados Unidos con los de América latina durante la tercera edición del Congreso Panamericano, que se llevó a cabo en Montevideo entre el21 y 23 de agosto.

Este foro multilateral reúne desde 2024 a legisladores, expresidentes y dirigentes sociales progresistas de toda América. El encuentro tuvo tres jornadas de sesiones cerradas, donde más de 150 invitados debatieron sobre cuatro ejes: Paz, Desarrollo, Soberanía digital y Bienestar y cuidados.

En la capital de Uruguay Arauz aceptó conversar con Caras y Caretas. Entre otras cosas habló de su relación con Rafael Correa y el desarrollo de aquella campaña presidencial. “Mi candidatura se anunció junto a la candidatura de Rafael Correa como vicepresidente. Sabíamos que iban a descalificar a Correa, sin embargo, esta decisión permitió la transferencia de conocimiento y de ciertos atributos políticos. Luego de ese anuncio se dio la sentencia más rápida en la historia de la Corte Suprema del Ecuador, en solo 17 días sentenciaron definitivamente a Correa, justo en el último día de la fecha de inscripción de candidaturas. Fue evidentemente un caso de persecución política”, contó sobre ese proceso electoral en el que Correa buscaba tener un rol central.

–Pensando en este momento crítico para los progresismos y los movimientos populares en nuestra región, ¿qué significado tiene un encuentro como este Congreso Panamericano?

–Es muy importante este congreso, por su configuración panamericana y por ser una trama de parlamentarios y movimientos sociales progresistas, sin depender de gobiernos que lo organicen. Es una gran oportunidad para los latinoamericanos, que habitualmente nos encontramos, de poder interactuar con la izquierda estadounidense, que existe y está convirtiéndose en protagonista. Es muy importante que podamos influir en ellos, que están en las entrañas del imperio y pueden ejercer solidaridad con nosotros, así como detectar las peores derivaciones de carácter imperial, especialmente bajo el gobierno de Donald Trump. En segundo lugar, es una oportunidad para construir alianzas aprovechando ese liderazgo cínico, descarado y neocolonial. Aunque hay razones estructurales de fondo en los Estados Unidos, el hecho de que las personifique Trump nos permite construir alianzas más amplias con sectores del centro y de la izquierda estadounidense. Hubo intercambios fructíferos que han ayudado a dinamizar la relación entre la izquierda estadounidense y los movimientos sociales y partidos progresistas del sur.

–¿Puede que los parlamentarios estadounidenses asuman esa idea de imperialismo para hablar de la forma de relación que establecen sus gobiernos con el resto de América?

–No le huyo al término imperialismo, es un término científico. Lo dicen desde los propios Estados Unidos sin ningún empacho. Creo que ha servido. Para quienes vinieron de Canadá y Estados Unidos, que quizás lo entendían académicamente hablando, percibirlo con las angustias, con los tonos de voz, con la sinceridad que implica un encuentro en persona y con esas dimensiones humanas. Así que lo pueden interiorizar más en su saber, en su ser, y ojalá luego, en su hacer.

–Están discutiendo cómo actuar ante los desarrollos digitales y las disputas que implican, sean económicas o culturales. Esto se hizo muy patente en la preocupación generalizada por la posible influencia de Trump en las elecciones brasileñas. En la campaña presidencial de 2021 fue uno de los primeros que sufrieron ataques digitales, lawfare y réplica de noticias falsas. ¿Cómo ve esta disputa en el terreno digital?

–Mi campaña fue la primera de la pandemia. Fue la primera elección en ese contexto, y por ende, la primera en el marco del salto gigantesco de uso de redes sociales y medios digitales en una campaña política. Fue la primera campaña con presencia permanente del WhatsApp, los videos fake y las deepfakes, videos en los que se manipulan las voces y las palabras. Viví una gran cantidad de ataques de ese tipo. Falsedades en que me asociaban con temas de corrupción, de lavado, de situaciones en Venezuela, todos elementos que se percibían como negativos en el contexto electoral ecuatoriano. Todo ello fue financiado con fondos de la Red Atlas, una red de “libertarios” sostenida por grandes capitales que apoyaban a su socio Guillermo Lasso.

–Le tocó ser candidato a presidente por Revolución Ciudadana después de la presidencia de Lenín Moreno, que traicionó a Correa. ¿Cómo trabajó en la construcción de su propia identidad en la campaña?

–Durante un buen tiempo en las calles del Ecuador, los murales decían Arauz-Correa, y eso permitió cierta transferencia del voto. Cuando prohibieron la candidatura de Correa yo asumí un rol muy importante: tenía el voto correísta consolidado, pero como no era suficiente había que buscar sectores afines para poder lograr la victoria. Toda la campaña de Lasso fue atacar al correísmo, todos los días en las noticias salía que lo habían sentenciado por corrupción, y que la Justicia tal o cual, y eso complicó la posibilidad de lograr acuerdos con el movimiento indígena y con los socialdemócratas. Eso nos impidió triunfar en la primera vuelta. Saqué 33 por ciento y lograr acercamiento con esos sectores significaba buscar coincidencias con el proyecto de los pueblos indígenas y con sectores socialdemócratas urbanos, de izquierda. En la segunda vuelta buscamos mostrar otras facetas de mi personalidad. ¿Qué planteamos? Instalar tres adjetivos: que era patriota, demócrata y progresista. Buscábamos enfatizar en algunas características propias mías que no estaban exclusivamente atadas a Rafael Correa. Fue un desafío enorme. Siempre sentí que tengo dos roles en mi vida: ser servidor público, trabajar para el Estado, servir a mi país, y por otra parte soy un activista, por mis convicciones me urge que exista justicia social. Así me presenté como candidato en ese contexto adverso.

–¿Cómo explicaría el proceso que, luego del gobierno de Rafael Correa, llevó a Ecuador a la crisis que vive actualmente?

–En 2018 Lenín Moreno firmó un acuerdo con el FMI que quiebra la historia del Ecuador, porque el primer requisito era eliminar la planificación del Estado. El Estado empezó a operar como gallina sin cabeza, no tenía dirección, se debilitó inmediatamente. Se paralizó la inversión pública, se dejó de invertir en infraestructura. Eliminaron varios ministerios, y lo más grave fue la eliminación del Ministerio de Seguridad. Encargaron la seguridad, que durante Correa había sido liderada por un civil, a los policías y a los militares, evitando el control civil sobre la fuerza pública. Con Moreno se entregó el poder de las cárceles a las bandas del crimen organizado. Luego, en el gobierno de Lasso, se permitió la importación indiscriminada de armamento, supuestamente para mejorar la seguridad. Eso no existía en la época de Correa, cuando llegamos a ser el país más seguro de América latina porque desarmamos al país. Se importaron cientos de miles de armas y eso profundizó la crisis de violencia, porque mientras más armas hay, más muertes hay. Y el país se pudrió. Sobrevino la violencia y el crimen organizado, que antes tenía un comportamiento orientado hacia la exportación, cambió y buscó el control territorial dentro del país. ¿Cuál es la solución desde el progresismo? Inversión social e inversión pública, recuperación de las capacidades del Estado, planificación, inteligencia, desmantelamiento de las bandas, desarme generalizado, etcétera. Desde la derecha, en cambio, es más armas, mano dura y militares en las calles, estado de excepción, suspensión de los derechos humanos. Esto es lo que se ha venido ejecutando en el país. Llevamos cerca de tres años en estado de excepción consecutivo, y una impunidad decretada para las fuerzas de seguridad. Tenemos desapariciones forzadas y ninguna reducción de la tasa de homicidios.

–¿Cuál es la situación social y económica de Ecuador hoy en relación con esta crisis?

–La crisis de seguridad es la peor. Pero además de eso, tuvimos un éxodo entre Lasso y Noboa de millón de ecuatorianos, que es más o menos el 8 por ciento de la población. Muchos de ellos a Estados Unidos por el Darién. Eso ha tenido como consecuencia el aumento de las remesas desde el exterior, que se han duplicado y es la única razón por la cual el Ecuador se mantiene a flote, porque no hay inversión ni pública ni privada. La gente está altamente endeudada. Lo único que existe es remesas y lavado de dinero, producto del circuito del narco. Y lamentablemente estamos en un gobierno narco cleptocrático en donde el propio presidente Noboa está involucrado en las cadenas de valor del narcotráfico a través de los puertos y transporte de banano a través del cual fluye la mayoría de la droga hacia Europa.

–Además, recaen tanto sobre Lasso, banquero, como sobre Noboa, principal exportador de bananas, denuncias que los vinculan con el tráfico de drogas.

–El hermano político, la persona más cercana a Lasso, ha sido sentenciada por crimen organizado y narcotráfico. Y en el caso de Noboa, sus propias empresas, incluyendo el gerente de sus empresas privadas y la entonces presidenta de su partido político, también fueron acusados de narcotráfico, porque siempre encuentran droga en los barcos de la familia Noboa, tanto en Ecuador como cuando se hacen los allanamientos sorpresa, como en Europa, sea en los puertos de España, Róterdam, Hamburgo, Amberes. Esto no han sido denuncias nuestras, sino denuncias de la OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), un consorcio de periodistas europeos y estadounidenses que han encontrado evidencia de colaboración entre las mafias de los Balcanes y la empresa de la familia de Noboa.

–En este contexto, con Correa y muchos dirigentes en el exilio, y con Jorge Glas preso, ¿cómo sigue el proyecto progresista en Ecuador?

–El progresismo ecuatoriano sigue siendo la principal fuerza política. Pero en este proceso electoral, que se adelantó para noviembre de este año, fue suspendida la Revolución Ciudadana, no se le permite participar. Teníamos una organización aliada muy cercana, RETO, también fue impedida de presentar candidatos. Teníamos una tercera opción y Noboa también lo suspendió. Y ha ocurrido quizás el gesto de solidaridad en favor de la democracia más grande que se ha visto en Ecuador. Entre tres a cinco partidos han renunciado a las candidaturas para que en reemplazo de esas candidaturas puedan ir los candidatos de la Revolución Ciudadana. Son 2.200 candidaturas que renunciaron en favor de los candidatos del progresismo ecuatoriano. Es un gesto que esperamos se exprese en victorias en las urnas. Si logramos participar, vamos a ganar en casi todas las jurisdicciones, porque Noboa apenas tiene un 20 por ciento de adhesión, y la oposición a su proyecto somos los sectores progresistas y una gran parte del movimiento indígena.

Escrito por
Daniel Cholakian
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