Las personas en situación de pobreza, no importa cuáles hayan sido sus adversidades o el origen de sus penurias, pueden salir de la estrechez “por medios propios en el mediano plazo”. Todo es cuestión de “incrementar su capital humano”. Y para los más vulnerables la clave es reforzar su “empleabilidad” (los talentos, aptitudes, habilidades, para dejar de ser desempleados o trabajadores informales). Esa es la fórmula que promueve el gobierno libertario de la Argentina, respaldado por el Banco Interamericano de Desarrollo (organismo crediticio con sede en Washington en el que Estados Unidos y sus aliados concentran la mayoría de los votos).
Sin perder de vista el objetivo estratégico y “madre de todas las batallas” –profundizar, también en la educación, el recorte de partidas presupuestarias para asegurar el superávit fiscal–, las autoridades nacionales pusieron en marcha varios proyectos financiados por el BID, a fin de lograr una verdadera transformación en materia educativa.
Esas iniciativas alientan la adaptación del rubro al ajuste general de las cuentas públicas y propician un uso más “eficiente” de los recursos estatales. Metas enmascaradas bajo la denominación más moderna de “gasto inteligente en educación”.
En ese rumbo se busca reducir (abaratar) la intervención del Estado, mientras se responsabiliza de su suerte exclusivamente a las mismas personas pobres e indigentes. Si les fue (les va) mal, es porque su formación y su esfuerzo individual no fueron suficientes para aumentar las chances de superar las condiciones de pauperización.
Con esa mirada se realizan las recomendaciones a aquellas familias a las que las circunstancias recientes o pasadas (crisis económicas de todo tipo e intensidad) les impidieron mantener empleos y mantener (o aumentar) sus ingresos.
Sugerencias semejantes, de funcionarios locales y de la región, se aplican también a quienes que se vieron desalojados de la relativamente confortable clase media baja y cayeron en la más cruel indigencia.
El gran paso
Ilustrativo en cuanto a las propuestas en pos del desarrollo personal y mejora socioeconómica futura es un material en formato de video sobre la “jornada escolar extendida”, publicado en la página web del BID, en el que se da voz, entre otros, a dos estudiantes brasileños.
Raquel dice: “Espero terminar mis estudios para poder ir a la universidad. Yo sé que es un gran paso, que así podré comenzar una vida que mi familia no pudo tener”.
Moisés, por su parte, resalta la importancia de hacer sus actividades “con más eficiencia”. Aptitud, subraya, que lo convertirá en “protagonista” de su propia historia. “Cuando eres negro, pobre y joven, la única arma es el estudio”, sintetiza.
Por cierto, la crisis eductiva existe y demanda respuestas desde el Estado: por primera vez nuestro país se ubica por debajo del promedio regional en lectura, e incluso algunos estudiantes terminan la escuela primaria con muy bajos niveles de alfabetización. Ese cuadro se proyecta a lo largo de la trayectoria de los estudiantes en todos los niveles socioeconómicos.
El BID declaró su presunta inquietud en ese sentido y propuso como inicio de una solución “avanzar hacia un uso más eficiente y estratégico de los recursos”. En ese sentido, financiará un foro que reunirá, por primera vez en Buenos Aires, a ministros de Finanzas y de Educación de países de la región, para discutir sobre el “gasto inteligente” en educación.
Es que “la creciente inversión en educación en América latina no siempre ha ido acompañada de mejoras proporcionales en los resultados educativos”, justificó el Banco Interamericano en referencia al encuentro programado para el 3 y 4 de septiembre próximos.
La cita tendrá como eje temático las estrategias para mejorar “la eficiencia y efectividad” del gasto regional en educación. En ese sentido se discutirán las vías para que cada país pueda “optimizar la asignación de recursos, garantizar una distribución equitativa y fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas”, de manera de poder “maximizar los resultados de aprendizaje”.
Durante la actividad se presentarán estudios sobre cómo los países navegan por “complejas disyuntivas” relacionadas con la suficiencia (garantizar recursos suficientes), para lo cual se darán a conocer modelos innovadores de financiamiento; la transparencia (rendición de cuentas clara) de los sistemas de financiamiento educativo, y las mejores prácticas –según experiencias de países que implementaron reformas integrales– para equilibrar equidad y eficiencia.
El encuentro ministerial apuntará además a construir un consenso regional sobre la importancia de combinar una mayor inversión con reformas estructurales. Explorará asimismo “cómo los países pueden adaptar prácticas exitosas a sus contextos específicos, mientras navegan los compromisos inherentes al financiamiento educativo”.
Desafíos
En la Argentina se ha logrado garantizar un acceso prácticamente universal a la educación obligatoria: la tasa de escolarización en sala de 5 años es del 97,5 por ciento, en primaria es del 100 por ciento y en secundaria, del 94,1 (Relevamiento Anual 2022).
Sin embargo, se evidencian dificultades en el logro de aprendizajes vinculados con la alfabetización integral. Esto es, según Unesco, “el desarrollo de habilidades que permitan a los individuos leer, escribir y comprender. Pero también comunicarse, aplicar el pensamiento crítico y analítico, y utilizar la tecnología de la información para participar plenamente en la sociedad y contribuir al desarrollo sostenible”.
Las últimas evaluaciones internacionales de Unesco (pruebas ERCE 2019) mostraron que casi uno de cada dos chicos y chicas de tercer grado (el 46%) no entiende lo que lee, mientras la cifra ascendía al 61,5 por ciento entre los estudiantes de menor nivel socioeconómico.
Además, solo uno de cada diez alumnos (14%) se ubica en el nivel de desempeño más alto en lectura. Mientras que para la región, el promedio es dos de cada diez alumnos (21%). En Brasil (30%) y Perú (30,8%), tres de cada diez estudiantes alcanzan el nivel más alto.
El reto está planteado particularmente en la enseñanza primaria de gestión estatal (18 mil unidades educativas, a las que asisten 3,6 millones de estudiantes que se encuentran a cargo de aproximadamente 170 mil maestros de grado).
Por otra parte, existen grandes desigualdades educativas entre las jurisdicciones, que se manifiestan en parte en las brechas de gasto por estudiante de gestión estatal, que en 2022 era tres veces más alto en Salta que en Córdoba.
Este dato, de todos modos, debe ser relacionado con los resultados educativos para poder establecer la eficacia y eficiencia del gasto.
Esperanzas
Si para los ya adultos es prácticamente imposible escalar posiciones apuntalados por la educación, queda la esperanza de que hijos y nietos hoy empobrecidos, valiéndose por sí mismos, con paciencia y aprendizajes incorporados en un plazo extendido, puedan salir del pozo, sostiene ese relato.
Dicho con palabras de expertos del Banco Interamericano, “en lo social hay necesidad de conformar una plataforma de protección social que impulse el incremento en el capital humano de sus beneficiarios y, con ello, mejore su capacidad de mantenerse fuera de la pobreza”.
El enfoque coincidente del BID y de los funcionarios locales excluye el análisis de otros múltiples factores causantes del relegamiento de importantes franjas de la población.
Por ejemplo, la persistencia de reglas de juego que refuerzan, por un lado, la miseria y, por otro, la tendencia a la concentración de la riqueza y los ingresos en beneficio de un pequeño número de empresas y sus propietarios internos y externos.
Sin aludir a esos condicionamientos estructurales, el diagnóstico compartido entre el organismo y los funcionarios nacionales es que urge “trabajar en mejorar la calidad de los aprendizajes”.
Mediante la equidad y la eficiencia de las inversiones en aprendizajes podrá reforzarse el crecimiento del capital humano y hacer “empleables” a los más postergados, se asegura.
Es decir, en la visión neoliberal, cómo hacer esa mano de obra más productiva y menos conflictiva. Asentada en esquemas y prácticas individualistas, favorables a la generación de ganancias empresariales. Todo eso, en democracias limitadas al predominio del “libre mercado” y con escuelas que vayan desechando paulatinamente ideas igualitarias.
