Desde Venezuela, donde participa como veedora internacional en días de intensa actividad previa a los comicios, la militante política y sindical Alicia Castro recuerda a Pepe Mujica. Lo define como “uno de los políticos centrales de raigambre latinoamericana” y destaca que actuó no solo como político, sino también como filósofo. “Las frases que se han popularizado después de su muerte –tales como que los bienes materiales se compran con el tiempo que se invierte en obtener dinero para comprarlos– son ‘pastillas’ de sabiduría”, afirma sobre el legado que perdurará.
Castro, ex secretaria general de Aeronavegantes y diputada nacional entre 1997 y 2005, fue embajadora argentina en Venezuela entre 2006 y 2011, y luego ante el Reino Unido, de 2012 a 2015. En 2020, cuando declinó su designación como embajadora en Rusia por disentir con la postura del gobierno de Alberto Fernández en relación a Venezuela, escribió una carta en la que también mencionaba al expresidente uruguayo entre sus referentes regionales.
“En la década pasada –escribió Castro por entonces– tuve el honor de participar, como diputada y como embajadora, del maravilloso proceso de forja de la unidad regional junto a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández de Kirchner y los líderes progresistas de la región: Hugo Chávez, Lula da Silva, Fidel Castro, Pepe Mujica, Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega. Unidos en la diversidad. Comprendemos claramente, siguiendo el legado de nuestros libertadores San Martín, Bolívar, Artigas, que la unión de Sudamérica es la clave de nuestra soberanía política e independencia económica”.
Hoy, tras la partida de Mujica, la exembajadora señala: “Nos va a hacer falta en una época donde hay en América Latina el surgimiento de expresiones de extrema derecha, fascistas, como es el caso de Daniel Novoa en Ecuador y de Javier Milei en Argentina”.
Entre las muchas banderas que Castro compartió con Mujica, una tiene que ver con la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas. Fustigó el discurso de Milei el pasado 2 de abril, cuando el presidente incluyó el “deseo” de los kelpers como argumento en torno a la soberanía argentina. Una década antes, Mujica había lanzado una propuesta singular sobre el tema: instaba a recuperarlas con la fuerza de las mujeres. “Ese partido había que ganarlo con las mujeres. Cruzar, casar, todo, todo. Sí, sí, eso era una invasión ‘a cobija’. No puede ser que mil tipos te tengan dominado. ¿Entendés?”, dijo en 2014. Una línea de pensamiento latinoamericanista y progresista que sostuvo hasta el final.
–¿Cuál considera que es el principal legado que deja la figura de Pepe Mujica?
–Fue, como sabemos, guerrillero en la época de la dictadura. Luego él mismo dijo que aprendió mucho en la cárcel. En realidad, no solo era un político: era un filósofo. Una persona que sabía aconsejar y orientar especialmente a las generaciones más jóvenes. Su Movimiento de Participación Popular (MPP) fue el centro aglutinante del Frente Amplio, una construcción ejemplar que ojalá los argentinos pudiéramos imitar, con la dificultad que tenemos para organizar una alianza amplia del movimiento nacional y popular. Nos queda mucho por aprender de Mujica. Más tarde fue reconocido internacionalmente como un ejemplo de sobriedad para vivir, de simpleza, que a muchos sorprendía. Siguió viviendo como siempre: con su compañera, con su perra de tres patas, en su granja. Un ejemplo único de austeridad. Y, como se ha dicho tantas veces, un hombre que decía lo que pensaba y hacía lo que decía.
–¿Qué peso tenía esa vida austera en su mensaje político?
–Varios partidos y dirigentes progresistas de la región han dado flancos para ser sospechados de corrupción. Eso nunca hubiera podido sucederle a Pepe Mujica, por la sencillez y austeridad con la que vivía. Allí radicó una de sus principales fortalezas. Se puede hablar de una ética y una estética de Mujica. Su ejemplo cimentó su liderazgo a largo plazo y el recuerdo amoroso que lo sobrevivirá. Las frases que se han popularizado después de su muerte –tales como que los bienes materiales se compran con el tiempo que se invierte en obtener dinero para comprarlos– son verdaderas pastillas de sabiduría.
–¿Cómo describiría su rol en cuanto a la integración regional?
–Pepe es uno de los políticos centrales de raigambre latinoamericana. Fue un gran latinoamericanista. Uno de los defensores de la Patria Grande, de los ideales de San Martín, Bolívar y Artigas. Y pudo explayar esa visión en la década pasada, cuando hubo una extraordinaria concurrencia de líderes progresistas que organizaron el Mercosur ampliado, luego la Unasur, con gran institucionalidad supranacional. Una articulación clave para Latinoamérica. También fuimos parte de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, conformada por 33 países sin la tutela de Estados Unidos y Canadá, que hoy integran los Brics. Lamentablemente, Argentina ha salido de esa construcción ejemplar, que contribuía a un mundo multipolar, de naciones iguales y soberanas. Esa era la política que orientaba Mujica.
–En el actual contexto político argentino y latinoamericano, y ante el avance de las derechas, ¿qué implica que ya no esté la figura de Mujica?
–Nos va a hacer mucha falta, ya nos hace falta Mujica, en una época donde surgen expresiones de extrema derecha, fascistas, como el caso de Novoa en Ecuador y de Milei en la Argentina. Sabemos que el
fascismo es una forma que toma el capitalismo en crisis. Para enfrentarlo, necesitamos pensadores que se comuniquen con las masas, sobre todo con los más jóvenes. Para evitar un corte entre las victorias sobre las dictaduras del pasado y lo que nos pasa hoy. Muchos jóvenes lo ignoran. Hacen su intercambio y la base de su conocimiento en redes sociales, que tienen una capacidad increíble de distorsionar los hechos, el pasado y el presente.
