En 2014 escribió la biografía novelada de José Mujica bajo el título Comandante Facundo. El revolucionario Pepe Mujica (Aguilar, Montevideo, 2014), y ganó el premio Bartolomé Hidalgo por ese trabajo, que contó con la lectura atenta de Mujica y llevó cinco años de investigación. Acaba de reeditarse como edición homenaje en Uruguay en febrero de 2025. Walter Pernas habló sobre el Pepe, sus inicios, su historia y su legado con Caras y Caretas.
–¿Hay varios Mujica entre el joven militante del Partido Nacional (blanco) y el político que deja la presidencia a Yamandú Orsi?
–Hay un Mujica que, de niño, sabe que va a estar en política; un Mujica que pasa por la guerrilla como un político en armas, y un Mujica que luego asume otro comportamiento, porque había otro escenario cuando sale de la cárcel: la lucha en democracia. Una lucha política más convencional, si se quiere, aunque Mujica nunca fue un político convencional. Utilizó los medios de comunicación de una manera eficaz, como muy pocos políticos lo supieron hacer en toda la historia del país. No son varios Mujica, sino uno solo que evoluciona. Se queda huérfano de niño y tiene que salir a trabajar a los ocho años para ayudar a su madre, para poder comer y vestirse. Rápidamente entiende que la lucha social es el camino, junto a sus compañeros del barrio, apoyando las marchas, huelgas y manifestaciones de los obreros de la carne, que eran de extracción anarquista, en el Cerro de Montevideo. Aprende qué es una huelga de hambre y cómo la policía reprime a los manifestantes. Paralelamente, Mujica trata de estudiar, porque es lo que le dice su madre, su gran mentora política. Viaja a Cuba en 1960, invitado como joven a conocer la Revolución cubana, y vuelve convencido de que puede ser un camino para Uruguay.
–¿Qué conclusiones sacó de su viaje a la Unión Soviética?
–Regresó desencantado. No le gusta la rigidez del sistema ni el descontento de los jóvenes en Moscú. En cambio, le pareció atractiva la revolución cultural de Mao Tse Tung en China. Funda un grupo de jóvenes en los barrios La Teja y el Cerro, llamado MIR, que luego será la base del MLN-Tupamaros en 1966. Pasa por la cárcel y la tortura a partir de 1971, y cuando sale, junto a sus compañeros, es el elegido para disertar ante la opinión pública en un club. Lo primero que dice es que los Tupamaros no vuelven con odios y que no tienen línea política, porque primero tienen que hablar con la gente en la calle para saber en qué anda la sociedad. El MLN pide el ingreso al Frente Amplio en 1986, pero lo consigue recién en 1989, mientras tanto Mujica va recorriendo el país y hablando. Se convierte en diputado en 1994, luego en senador; gana el FA en 2005 y se transforma en ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de Tabaré Vázquez. Cuando Vázquez ve que el go- bierno del FA está amenazado, le pide a Mujica que recorra el país para recuperar la iniciativa y ganar votos. Tan bien hace su trabajo Mujica que termina siendo el candidato y gana la presidencia de la República. De esta manera se cumple lo que su madre sostenía en el barrio, cuando era chico: que su hijo iba a ser presidente del Uruguay.
–¿Qué etapa de la vida del Pepe Mujica te resultó más rica para investigar y narrar?
–En la vida de Mujica todo es apasionante. Desde la muerte del padre y la salida a trabajar de ese chico –hay que ubicarse en lo que implicaba la vida en la década de 1940 en esa zona semi rural de Montevideo–. Es necesario situar al personaje en ese lugar en los años 40, 50 o 60, con sus particularidades. Fue apasionante analizar e investigar al detalle cómo fue la evolución de Mujica en la guerrilla. Especialmente porque hubo toda una nebulosa sobre las acciones que acometió Mujica como guerrillero. Y ahí es donde descubro que Mujica fue uno de los secuestradores de Dan Mitrione y también de Pereira Reverbel, uno de los asesores del presidente Jorge Pacheco Areco, y quien ideó el decreto que eliminaba el derecho de huelga en el país. Si algún trabajador osaba protestar por sus condiciones laborales o salariales, era enviado a un cuartel militar donde se le enseñaba disciplina y solo podía salir para ir a su trabajo y volver al cuartel. Una locura. Le reconozco a Mujica que haya respetado mi independencia periodística al contar todas estas cosas que no se sabían de su militancia. Incluso cuando las leyó, las confirmó.
–¿Por qué elige el nombre de guerra “Comandante Facundo”, en memoria del caudillo argentino Facundo Quiroga?
–Mujica, desde niño, tiene muchas referencias de la política argentina en los años 40 porque pasa sus vacaciones de verano en la casa del tío Angelito, en Carmelo, ciudad lindante con Argentina. El tío Angelito era un enamorado de Perón, al punto que sostenía que en Uruguay los blancos tendrían que tener un Perón. Mujica siempre recordaba la frase de Perón: “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”. No hay que olvidar que los Tupamaros son un Movimiento de Liberación Nacional y tienen inspiración en Artigas, San Martín, los caudillos del siglo XIX, y entre ellos Facundo Quiroga. Por eso Mujica elige “Comandante Facundo”.
–¿Qué hechos jalonan la vida de Mujica para pasar de guerrillero a político electoralista?
–El MLN tiene un momento de apogeo muy fuerte y una caída que se da en 1972, cuando caen todos presos y son retenidos por trece años en cuarteles militares, con toda la intención de quebrarlos y enloquecerlos. Mujica nunca se perdonó haber caído preso antes del golpe militar. Pero usaba esos momentos de cautiverio, en los agujeros donde lo metieron los militares, para pensar el Uruguay del futuro. Logra escribir, en pequeños papeles, su proyecto para el Uruguay que vendrá cuando salgan de la cárcel. Nunca dejó de ser político, ni siquiera estando preso. De modo que Mujica, cuando recuperan la libertad y ven qué pasa en ese nuevo Uruguay, decide que el camino es la política electoral, porque así lo exige la sociedad en 1985. Y se convierte en diputado. Cuando habla, todo el Parlamento lo escucha, capturado por su retórica, y así recompone su fuerza política, que pasa a llamarse Movimiento de Participación Popular (MPP). Llega a la presidencia, y hoy deja al Frente Amplio nuevamente en el gobierno, con una fuerza política mayoritaria dentro de la izquierda y un presidente de su propia extracción, como es Yamandú Orsi.
–¿Qué legado deja Mujica?
–Si bien es prematuro evaluar qué deja Mujica, es evidente que es un personaje que dejó una impronta universal, entre los jóvenes e incluso entre los propios opositores. Es claro que el discurso de Río+20, en junio de 2012, marca la forma en que Mujica se sale del libreto: habla casi de filosofía y no como un político tradicional. Eso va a ser evaluado seguramente en los libros de historia que se escriban en unos años.
