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Caras y Caretas

           

“Quedate a ver a River, te vas a divertir”

En un clima de creciente violencia política y conflictividad social, 1975 fue también el año de River, que se consagró bicampeón y generó fanatismo en la hinchada millonaria.

Un habitante de la localidad neuquina de Villa El Chocón envió una carta a la revista Gente: “Como viejo aficionado al buen fútbol que siempre tuvo simpatías por River (pese a ser hincha de Banfield), quiero hacer conocer mi inquietud por la falta de moderación con que algunos hinchas de River se manifiestan en el actual campeonato”. No era para menos: el equipo dirigido por Ángel Labruna ganó la primera rueda del Metropolitano de 1975 con ocho puntos de ventaja sobre el segundo, Unión de Santa Fe, comandado por Juan Carlos Lorenzo, y acariciaba un título que hacía 18 años se le negaba. Aquel lector fundamentaba su postura con unos versos del Martín Fierro:

“…y naides se muestre altivo
aunque en el estribo esté,
que suele quedarse a pie
el gaucho más alvertido”.

Algunos medios de comunicación también se atrevían a confrontar el entusiasmo. “Gana pero no convence”, señalaba el diario Última Hora, y hasta la revista de humor Chaupinela incursionaba con un análisis en esa misma línea en un editorial: “Ese manto eufórico, esa especie de macroclima, místico, impide ver que aunque obtenga triunfos el equipo no es bueno”.

Sin embargo, los aplausos primaban. El Gráfico, la revista más influyente en el rubro deportivo, se sumaba a la “euforia excepcional que sacude al ambiente del fútbol y conmociona al país entero”. Y celebraba que después de casi dos décadas de “frustraciones y amarguras, una de las más pobladas hinchadas de nuestro país canta con nuevo vigor su estribillo de triunfo: ‘Es el glorioso River Plate'”.

Por esos días de mayo, el país se conmocionaba también por otros temas: la llegada de Celestino Rodrigo al Ministerio de Economía, el avance represivo del Operativo Independencia (“Las guerrilla tuvo 350 bajas en Tucumán”, titulaba Clarín), la muerte del bandoneonista Aníbal Troilo (fanático millonario), los posibles topes salariales en las negociaciones paritarias (en el primer convenio firmado, los trabajadores viales lograron un 38 por ciento de aumento), el desenlace de la huelga en Villa Constitución, la asunción del general Alberto Numa Laplane como nuevo jefe del Ejército, la designación de Alejandro Orfila como secretario general de la OEA y el final de la guerra de Vietnam.

Las estadísticas que mostraba El Gráfico eran contundentes. Además de ganar la primera rueda (19 partidos) con 33 puntos y perder un solo encuentro (frente a Newell’s),  contaba con el 10 del momento, Norberto Alonso, que llevaba convertidos catorce goles (de los 46 del equipo, el más anotador del certamen), solo uno más que el 9, Carlos Morete.

Para el semanario de la editorial Atlántida, el defensor Roberto Perfumo fue el jugador con mejor promedio (7,16) y otro zaguero, Héctor Ártico, logró la mejor actuación individual, con diez puntos, en el 0 a 0 frente a Estudiantes de La Plata en la primera fecha.

En la primera parte del torneo, tuvo un promedio de 30 mil entradas por partido y venció a todos los “grandes”: 2 a 1 a Boca, 1 a 0 a Independiente, 3 a 2 a Racing  y 5 a 1 a San Lorenzo.

Para la publicación, el equipo ideal estaba conformado por Fillol; Comelles, Perfumo, Ártico y Héctor López; J. J. López, Raimondo y Alonso; Pedro González, Morete y Más.

El Millonario da para todo

Con la obtención de la primera rueda, los medios multiplicaron las notas sobre los Millonarios. En mayo, El Gráfico ofreció a sus lectores, además de las coberturas habituales de los partidos, una nota conjunta al arquero símbolo del club, Amadeo Carrizo, y a la figura del momento, Ubaldo Fillol, firmada por el periodista Osvaldo Ardizzone. Otra entrevista del emblemático redactor fue al 3 del equipo, Héctor López. Y en una producción sobre padre e hijos futbolistas, un recuadro destacaba al técnico de River con su hijo Omar, de 18 años, que jugaba en la cuarta y la quinta del club.

La nota de color no faltaba: una entrevista con Henry Anthony Punzi, un estadounidense de 16 años que atajaba en la sexta (en River no tuvo suerte y se fue a Defensores de Belgrano, donde debutó en Primera; se lo considera el primer jugador de los Estados Unidos en jugar en la Argentina).

Las revistas de actualidad aprovecharon el fenómeno. Alonso era el centro de atracción. Gente eligió ilustrar con un collage de imágenes del nuevo ídolo: “Mi vida, mis fotos, mis recuerdos”. Allí se lo ve en su debut en 1971, vestido de colimba, con su padre, en su primera votación en 1973, jugando al golf, en su casamiento, con su esposa en su primera casa…

Siete Días optó por una entrevista más tradicional, realizada por Otelo Borroni. El medio decidió titular “Norberto ‘Mandrake’ Alonso: un mago en el área chica”. Nadie reparó (salvo un atento lector) que el apodo usado no le correspondía a Alonso, sino a Marcelo Trobbiani, el juvenil 10 de Boca.

Otro personaje buscado era el DT. “¿Quién es usted, Ángel Labruna?”, se preguntaba la nota del periodista de Gente Mario Lombari, un “identikit de un hombre polémico, difícil, famoso y desconocido a la vez”, con una selección de fotos que destacaban sus gestos desde el banco de suplentes. “Un ser humano cálido, contradictorio, falible, sincero, dispuesto a ‘jugarse'”, sintetizaba.

“En este momento River da para todo”, anunciaba la misma revista para presentar una producción fotográfica con duplicaciones, efectos de movimiento y situaciones graciosas protagonizada por Fillol, Merlo, Passarella (en la nota se lo confundieron con Comelles), Raimondo y Morete. Un ejemplo: el delantero José “Pepona” Reinaldi, de larga cabellera rubia, posó junto a una muñeca gigante con su mismo color de pelo.

En ese “dar para todo” puede incluirse la nota con “los mejores chistes sobre Boca y River”, una antología de ocurrencias anónimas y otras con nombre y apellido de humoristas y famosos, todas de dudosa gracia.

En tono satírico, Chaupinela le dedicó su tapa de mayo al fenómeno River, con un dibujo de Ceferino Namuncurá que en la solapa de su saco tenía el escudo del club y el anuncio de un suplemento especial de doce páginas (“River campeón 1975”), en el que se anticipaba que el certamen ya estaba digitado de antemano para que lo ganara el millonario. ¿Las pruebas? “Un extraño suplemento deportivo del diario ‘La Nazón’, fechado 4 de agosto de 1975, un día después de la culminación del campeonato de fútbol, de acuerdo al fixture oficial de la AFA”, encontrado en las instalaciones del club. En verdad, el festejo definitivo llegó diez días después, a una fecha de finalizar la competencia, en medio de una huelga de los jugadores profesionales. Y cuatro meses más tarde, para seguir con la algarabía, River ganó el Nacional.

Al ritmo de Luis Aguilé

Después del fracaso de la selección argentina en el Mundial de Alemania 1974, el entrenador de Huracán, César Luis Menotti, asumió la conducción de los combinados nacionales. Y en mayo del año siguiente obtuvo su primer logro, el Torneo Esperanzas de Toulon, disputado en esa ciudad francesa. Los argentinos vencieron 1 a 0 a los locales, con gol de Jorge Valdano, futuro campeón del mundo en 1986.

En aquel juvenil, Menotti incluyó a otros jugadores que luego se consagrarían en el máximo torneo del fútbol: Daniel Passarella (1978 y 1986); Alberto Tarantini, Américo Gallego y José Valencia (1978) y Marcelo Trobbiani (1986).

Mientras tanto, continuaban las dudas sobre si la Argentina iba a poder realizar a tiempo las obras necesarias para el Mundial de 1978. El presidente de la AFA, David Bracuto, había conseguido que la FIFA ratificara la realización en el país, durante una reunión del organismo internacional en la capital de Senegal, Dakar.

“Ahora todo depende de nosotros…”, advertía El Gráfico, y adelantaba que la revista haría un recorrido por las ciudades elegidas como sede (Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata) para ver el estado de las obras. El informe fue lapidario: “Estamos obligados a ser alarmistas”.

Pero el fenómeno River acaparaba las miradas (y los oídos) y se enlazaba con la cultura popular. Un tema del cantante Luis Aguilé, “Amor de flacos” (más conocido como “Flaco, no me dejes”), fue reversionado por la hinchada millonaria, que cantaba:

“Flaco, no te vayas,
Flaco, vení.
Quedate a ver a River,
te vas a divertir”.

Escrito por
Germán Ferrari
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