“No vamos a ganar la Copa, vamos a ir a defenderla”, afirma Lionel Scaloni, DT de la Selección nacional, en una de las habituales publicidades que suelen funcionar, a modo de aperitivo, del clima mundialista. Precisamente, ese es el gran desafío que les espera a Lionel Messi y compañía en este particular mundial que se jugará en tres países: validar la gloria obtuvo en Qatar.
La tarea no resulta nada sencilla. De hecho, en casi un siglo de historia mundialista, solamente dos selecciones accedieron al olimpo del bicampeonato: Italia en 1934 y 1938 –con la necesaria aclaración de que el primero de esos torneos se jugó en la Italia fascista de Benito Mussolini– y Brasil en 1958 y 1962. Argentina estuvo muy cerca de subirse a esa elite cuando perdió la final de Italia 90 ante Alemania Federal, luego de haberse consagrado campeona en México 86.
En estos cien años de mundiales futboleros sobran los casos de equipos que llegaron con la aspiración de lograr el tan deseado “bi” y desbarrancaron estrepitosamente a mitad de camino. Le pasó a la Argentina en el Mundial de España 1982. Aquella selección dirigida por César Luis Menotti llegaba con la misma base del equipo que había obtenido la Copa en Argentina cuatro años atrás, con el agregado de nada menos que Diego Maradona. Era la gran candidata para quedarse con el título, una vez más. Sin embargo, cayó categóricamente tras perder de manera consecutiva con Italia y Brasil y desempeñar un discreto papel a lo largo de todo el torneo.
Pero, volviendo a Leo y sus muchachos, ¿con qué elementos a favor cuenta esta selección para que los argentinos nos volvamos a ilusionar? Por empezar, la continuidad de un proyecto. A diferencia de lo que pasó en los últimos dos mundiales, Argentina llega a esta instancia con el mismo cuerpo técnico que se consagró en Qatar y que no paró de ganar títulos internacionales. Cuenta con un plantel de futbolistas que vienen jugando juntos desde hace muchos años, una característica que cada vez se da menos a nivel de selecciones. De mitad de cancha hacia adelante tiene jugadores que están pasando un presente extraordinario en sus equipos, como Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
UN EQUIPO ARMADO
El factor Messi. Si bien Lionel terminará este mundial con 39 años y hace tiempo que dejó de competir en ligas de máximo nivel, sigue siendo un futbolista que absorbe la presión y condiciona a los equipos rivales. Otro punto a favor es la identidad de juego. Esta selección a veces juega muy bien y a veces no tanto. Pero tiene muy claro qué quiere hacer dentro de una cancha y cómo ejecutarlo. Esto está emparentado con dos de las cuestiones señaladas más arriba: la continuidad del cuerpo técnico y el conocimiento mutuo entre los jugadores. En la mayoría de los casos, las selecciones suelen ser un mosaico de buenos futbolistas. Les pasó históricamente a los equipos argentinos. Pero este caso es diferente y quizás ese sea el principal capital con el que cuenta Argentina respecto del resto de los equipos que disputarán este mundial.
Pero no nos dejemos arrastrar por la euforia y creamos que inexorablemente el 19 de julio vamos a estar todos otra vez festejando en el Obelisco. También hay aspectos que llevan a ser más cautos y a pensar que no por nada hubo tan pocos bicampeones en un siglo de mundiales.
El elemento en contra más claro con el que Argentina llega a este mundial es la poca competencia del más alto nivel que tuvo esta selección en los últimos años. Es un hecho inédito que, en el período que va de un mundial a otro, Argentina no se haya enfrentado con ninguna selección europea. Recién lo hará en estos días contra Islandia, una selección de tercer o cuarto orden y que ni siquiera participará de este mundial. Todos los procesos anteriores contaron con una serie de amistosos frente a grandes o medianas potencias futbolísticas que sirvieron de vara para saber dónde estaba ubicada Argentina en cada circunstancia. Incluso, antes del Mundial de Qatar, aquella Finalissima ganada de manera contundente frente a Italia sirvió para que definitivamente la Selección sacara chapa de candidata.
Con el cartelito colgado de campeón del mundo, en estos años se privilegió lo económico por sobre lo deportivo. Se perdió la oportunidad de medirse con selecciones de primer nivel que permitieran ratificar que Argentina sigue teniendo uno de los mejores equipos del mundo o advertir que era necesario introducir correcciones antes de que fuera demasiado tarde. La Finalissima que nunca se jugó contra España hubiera sido una excelente oportunidad para calibrar en qué situación se encuentra actualmente este equipo.
LAS DUDAS FÍSICAS
Es cierto que en el medio se ganó la Copa América 2024 y Argentina terminó primera, y muy lejos del resto, en las Eliminatorias de la Conmebol. Pero a esta altura de la competencia suenan a logros “de cabotaje” frente al gran desafío que significa un mundial.
Otra luz roja la marca el estado físico de algunos jugadores en puestos clave del equipo. El caso más notorio es el de la zaga central. El Cuti Romero se encuentra en plena recuperación de una lesión de ligamentos en su pierna derecha y llegará casi sin competencia para el primer partido, contra Argelia. Es más: nadie aventura que pueda ser de la partida en ese encuentro. El reemplazante natural del Cuti, en caso de que no llegue en forma, es Lisandro Martínez, quien también viene de sufrir una rotura de ligamentos en enero pasado. Si bien se encuentra totalmente recuperado de esa lesión y ya volvió a jugar partidos completos en su club, el Manchester United, es una incógnita saber con qué ritmo futbolístico llegará al Mundial.
Y para terminar con la cuota pesimista, están los imponderables que inevitablemente siempre aparecen en todo mundial. Cualquier detalle puede significar la gloria o el ocaso. Lo saben bien el Dibu Martínez y el francés Randal Kolo Muani, y lo que significó para cada uno aquella tapada milagrosa del arquero argentino. Argentina puede hacer un excelente mundial, pero cualquier hecho fortuito puede dejarla afuera de todo.
Lo cierto es que Argentina llega a esta instancia como uno de los candidatos serios y este grupo de jugadores ya demostró más de una vez que no le pesa ese tipo de rótulos. Al contrario: daría la impresión de que lo fortalece. Por lo tanto, hay sobradas esperanzas para creer, como promete Scaloni en la publicidad, que la Copa del Mundo seguirá bajo resguardo argentino cuatro años más.
