Al enterarse de la creación de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), Augusto Felipe Rufino Navamuel vio la posibilidad de que Orán tuviera una sede universitaria y realizó las gestiones para lograrlo. “Estábamos desayunando con mi padre, yo cursaba tercer año del secundario. Me mostró El Tribuno y me dijo: ‘Se creó la Universidad Nacional de Salta y vamos a tratar de tener una sede en Orán'”, cuenta su hijo, el escritor y poeta Augusto Enrique Rufino.
El 19 de julio de 1972 se realizó la primera reunión en la casa de la familia Rufino Navamuel, y quedó formada la Comisión Pro Facultad en Orán, asesorada por el agrimensor Augusto Rufino Navamuel. La Sede Regional Orán fue creada el 26 de marzo de 1973.
En la sesión ordinaria del 15 de abril de 2025, la Cámara de Diputados de Salta rindió un homenaje post mortem a Augusto Felipe Rufino Navamuel, donde se destaca “su aporte a la comunidad del departamento Orán a través de su compromiso con la educación, el desarrollo local y la solidaridad social, y su legado como un ejemplo de vocación y entrega al bien común de la región”. Caras y Caretas conversó al respecto con Augusto Enrique Rufino.

–Cuéntenos de su padre. ¿Quién fue Augusto Rufino Navamuel?
–Nació en San Ramón de la Nueva Orán, un 25 de julio, en la antigua casa de su familia materna, donde vivió hasta su muerte, a los 63 años. Su madre, maestra, su padre, periodista, y sus tías, también maestras, influyeron en su formación. En esa época, los oranenses solo podían acceder a la educación primaria, por lo que, habiendo finalizada esa etapa, lo enviaron a estudiar a Salta capital, donde hizo nuevos amigos ya que no eran muchos los que continuaban la educación secundaria. Posteriormente, se trasladó a La Plata, para estudiar Ingeniería civil, logró el título de agrimensor nacional y regresó a Salta por la temprana muerte de su madre. Era consciente de que era un privilegiado, como otros salteños que tenían la posibilidad y los recursos para estudiar fuera de su ciudad natal y de la provincia, que, en ese momento histórico, no contaba con todas las instancias educativas, y también sentía que cada meta lograda era fruto del desarraigo, de dejar atrás a sus más cercanos afectos. Creía que todos los ciudadanos de su ciudad natal y de lugares alejados de los grandes centros, independientemente de sus orígenes, debían tener acceso a la educación. Era agrimensor, ayudaba a las familias a hacer sus subdivisiones sin cobrarles.
–¿Cómo fue el homenaje de la Cámara de Diputados de la provincia de Salta?
–La diputada Carolina Ceaglio, una de las representantes por el Departamento Orán, nos comunicó que quería hacerle un reconocimiento póstumo, por sus aportes a la comunidad. Hizo un breve repaso de la trayectoria de mi padre y agradeció su vocación de servicio, luego de lo cual entregaron a mi hermana mayor una copia de la resolución, en la que consta “Rendir homenaje post mortem al señor Augusto Felipe Rufino Navamuel, quien se comprometió con la educación, el desarrollo local y la ayuda a la comunidad del Departamento Orán”. Lleva la firma del secretario legislativo y del presidente, Esteban Amat Lacroix. Luego le preguntaron a mi hermana si quería hacer uso de la palabra, a lo que accedió, expresando el agradecimiento de la familia a la diputada Ceaglio por el reconocimiento y destacó la importancia que nuestro padre le daba al servicio a la comunidad y la responsabilidad que les toca a los diputados, como representantes de cada departamento de la provincia, en relación a continuar manteniendo y generando nuevos espacios educativos, en cada rincón de la patria.
–¿Cómo fue la primera escuela generalizada del barrio?
–Orán no contaba con escuelas, motivo por el cual se enviaba a los niños, desde temprana edad, a estudiar a la ciudad de Salta capital, lo que motivó que se solicitara la creación de una escuela. Como no se contaba con un edificio para tal fin, la familia de mi padre cedió parte de la antigua casa para que se iniciaran las actividades, lo que fue el origen de lo que luego se llamó Escuela General Pizarro, que hasta la fecha funciona en su edificio propio, frente a la plaza del mismo nombre. No fue mi padre, que era un niño, sino su familia la que acogió la nueva escuela.
–¿Qué anécdotas recuerda de él?
–Como anécdota, las reuniones interminables en la casa familiar, con estudiantes de todos los colegios para soñar juntos con el proyecto de tener universidad propia. Como en esa casa se gestó un entusiasta movimiento, liderado por él, con la convicción que debíamos ser, como estudiantes, protagonistas de un cambio importantísimo para nuestro futuro. La casa convertida en un espacio de trabajo y lucha, un lugar donde los sueños se gestaban en equipo de trabajo y junto a nuestro padre escribíamos la historia de la educación superior en nuestra ciudad.

–¿Para él que representaba el conocimiento?
–Para mi padre, el conocimiento científico era prioritario para la formación de niños, jóvenes y adultos. Entendía que solo a través de la ciencia se generaban nuevos conocimientos que permitían mejorar la calidad de vida de la gente. Dada la época en la que estudió y desarrolló su vida, creía que la razón era la base del conocimiento y si bien consideraba los saberes populares, entendía que podían ser objeto de estudio pero que no podían guiar nuestra vida.
–¿Qué legado dejó en usted?
–Su amor por la literatura, en especial por la poesía, que compartía también mi madre, nos marcó profundamente. De los cuatro hermanos, tres somos escritores. El otro, médico, era un gran lector pero nunca publicó.
–¿Le escribió algún poema?
–Mi padre falleció el 27 de febrero de 1984, hace más de cuarenta años. Nunca le pude escribir una poesía pero siempre llevo conmigo un poema de Marcos Blanco Belmonte que mi padre nos leía con frecuencia. Fue como un himno que nos marcó, porque mi padre fue un sembrador que dejó su legado en sus hijos y en tantos estudiantes que recibieron su título universitario gracias a las gestiones que él inició con el apoyo de sus hijos, alumnos y las fuerzas vivas de Orán.
“El sembrador” – Marcos Blanco Belmonte
De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.
Aún no sé si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
solo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Es que su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡Que hasta los leñadores mirando al roble
sienten las fuentes de lo gigante!
Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño;
¡desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.
¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa?, dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
“Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho;
“Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?…
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.
“Por eso cuando al mundo, triste, contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo
aunque pobre y humilde parezca y sea.
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura,
y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura”.
Dijo el loco,
y por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
“¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…”
–¿Qué representan la educación y la cultura?
–El poder del conocimiento a través de la educación y la cultura es la herramienta más valiosa de que disponen los seres humanos para triunfar en la vida. La llave del éxito.

Augusto Enrique Rufino nació y reside en San Ramón de la Nueva Orán, provincia de Salta. Es delegado de la Unión Hispanoamericana de Escritores (UHE), coordinador del Grupo La Bohemia Cultural, delegado del Movimiento Poético Mundial y cónsul en Salta del Movimiento Poetas del Mundo. Publicó más de treinta plaquetas y cartillas de poemas y relatos, individualmente y con otros escritores. Participó con sus obras en más de cincuenta antologías en la Argentina y otros países. En forma individual se destacan Poemando (2002), Al alba de un sueño (2007), Sentir-es (España, 2012), Souffle de vie (bilingüe francés-español, 2013), Pensarte (Taiwán, 2016), Lettere con le Ali (Italia, 2021) e Historia de la creación de la Sede Regional Orán de la Universidad Nacional de Salta (2023). Está incluido en Cuatro siglos de literatura salteña II. Fue declarado Ciudadano Ilustre y Embajador Cultural de Orán. En 2010 recibió el Premio “San Ramón” en el rubro cultura. Fue coordinador del Encuentro Argentino de Poetas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. La Cámara de Diputados de la provincia de Salta lo reconoció en noviembre 2021 por su trayectoria, calidad literaria y proyección internacional. Una calle del Barrio 4 de Junio de la ciudad de Orán lleva su nombre. Sus poesías fueron traducidas al inglés, portugués, francés, italiano, bengalí, chino y taiwanés. Participa anualmente en encuentros internacionales de escritores, congresos y ferias de libros en América, Europa, Asia y África.
