Es el poeta popular de los relatos de fútbol por excelencia. Capaz de transformar un partido en una obra de arte plena de belleza o una metáfora política. O de cambiar con sus palabras de una vez y para siempre la vida de un jugador. Frases y latiguillos tales como “balas que pican cerca”, “no quieran saber, no le pregunten a nadie”, “Gracia ni por el gol, Alfredo” o, por supuesto, “Ta ta ta Goooool” y “Barrilete Cósmico”, la nominación que utilizó para describir a Maradona cuando hizo el gol del siglo contra los ingleses en el Mundial 86, ya forman parte de la memoria cultural, de la crónica sentimental y del acervo popular argento.
Su vida profesional y afectiva está indisolublemente unida a la de Boca Juniors y, sin dudas, es quien mejor ha relatado al equipo de la Rivera. Su debut como relator en una radio argentina coincidió con la primera vez que Diego Armando Maradona se puso la camiseta azul y amarilla. Desde entonces, la pasión mutua no ha cesado. La historia de Boca no sería la misma si Víctor Hugo Morales no la hubiera contado, no les hubiera puesto palabras, tonos y musicalidad a los goles, las jugadas, los tiros libres, los penales, los colores, los gritos, las atmósferas y hasta a los cánticos de las hinchadas.
-¿Cuál es tu primera aproximación a Boca Juniors, quizás en tu niñez?
–Lo primero que recuerdo es escuchar a José María Muñoz relatando un partido de Boca versus Santos, el Santos de Pelé. Creo que en esa ocasión ganó Santos 2 a 1. Yo estaba en la plaza de deportes de mi pueblo y dejé de jugar para escuchar. Fue como una epifanía.
–¿Cuándo fue la primera vez que relataste a Boca?
–Lo relaté desde el 66, cuando empecé como relator, pero no tengo episodios que recuerde ahora hasta esa final de la Libertadores en el Centenario de Montevideo, de Boca frente a Cruzeiro la noche del 14 de septiembre de 1977. En esa ocasión, después de un interminable 0 a 0, la Copa se definió por penales. El arquero Hugo Orlando Gatti atajó el penal a Vanderlei y Boca fue por primera vez campeón de la Libertadores con un 5 a 4. Recuerdo haber dicho cosas muy lindas de Boca, andarán por algún lado.
–Si tuvieras que historizar a Boca en una línea de tiempo imaginaria, ¿qué grandes etapas o hitos señalarías?
–El Boca del 72, el del Toto Lorenzo, el de Diego y Brindisi en el 81, el de Óscar Washington Tabárez entre el 91 y el 93, el de Carlos Bianchi en sus dos primeras etapas. La peor época fue en los 80 cuando tocó fondo económicamente y creo que hasta se quedó sin camisetas. Entiendo que la época de Bianchi es insuperable. Sin dudas, es la época de oro de Boca.
–¿Qué anécdotas tenés de Maradona en Boca?
–El primer gol que Diego convirtió con la camiseta de Boca Juniors el 22 de febrero de 1981. Fue el debut oficial de Maradona y culminó con el triunfo de Boca sobre Talleres de Córdoba, por la primera fecha del torneo Metropolitano. Era también mi debut en Radio El Mundo y me temblaba todo. En ese momento tenía la garganta a la miseria por el cigarrillo, estaba mal descansado y tenía miedo de defraudar. Sin embargo, salió un muy buen relato, muy creativo. Recuerdo algunas palabras de la forma que relaté la jugada previa. Fue algo así como: “(Diego) Dijo nada por aquí y nada por allá, mostrando la galera. Empezó a correr y fue sacando conejos y palomas y pañuelos azules y amarillos, hasta que finalmente escapó a Baley”. Maradona iba a convertir el gol, entonces el arquero no tuvo otro remedio que derribarlo y fue penal. Eran 70 mil argentinos en la cancha de Boca seguramente pensando: “Qué lindo es levantarse un domingo a la mañana en Buenos Aires, si de tarde juega Maradona”. Cuando Maradona patea el penal y la mete en el arco, yo grité el gooool de Diego Armando Maradona y dije una frase sobre la manera en que pateó que se volvió épica porque hasta el propio Diego después la celebró: “¡La soltó como una lágrima!”. Era verdad porque la pelota cayó dentro de la red prácticamente.
–¿Cuál fue el mejor gol de Maradona en Boca?
–Destaco el último, por ser el último y porque fue un tiro por arriba de la defensa y el arquero desde afuera del área. La otra vez que recuerdo es la mítica noche del 3 a 0 a River en la Bombonera. Fue el viernes 10 de abril de 1981 ante una cancha repleta. Los primeros dos goles los convirtió Miguel Ángel Brindisi. El tercero fue una obra maestra de Diego que dejó a Fillol tirado en el piso. Ante la inminencia del gol, yo empecé a gritar “que sea, que sea, que sea”, lo cual provocó un disgusto que le duró mucho tiempo a la hinchada de River porque lo tomaron muy mal. Estaba peor vista que ahora la parcialidad del relator. Pero yo lo decía porque pedía un gol de Diego, por la magia que estaba desplegando aquella noche memorable y que merecía un clímax. No solo Boca, los argentinos merecíamos un gol de Diego. Yo tenía un mes y medio en Buenos Aires y se convirtió en mi primer bautismo de popularidad porque el Diario Popular puso en tapa el “Ta Ta Ta”. Literalmente el titular decía: “Ta Ta Ta: 3 a 0”. Me sentí orgulloso de que un diario titulara con mi latiguillo.
–¿Cuáles son algunos de los factores que puedas señalar que construyeron la épica de Boca?
–La épica inconfundible de Boca viene del orgullo de pertenencia a los sectores populares, a su música, a su estética, a la fiesta popular y carnavalesca que no ha logrado ningún otro equipo de fútbol en la Argentina.
–¿Cuáles fueron los mejores goles de Boca que te tocaron relatar?
–Imposible, son muchos. Un gol magistral de Riquelme de tiro libre en un Boca-River en el torneo final del 2014. Creo que en marzo. La pelota fue describiendo la comba perfecta, dando vueltas en el aire ya gris y pálido de la tarde para buscar el ángulo ante la mirada de Barovero que ya sabía que no había qué hacer, como si lo hubiera sabido siempre. Los de Diego que ya te mencioné. Uno de Brindisi por arriba, en el 81. Uno de Hugo Romeo Guerra en la época de Bilardo contra River allá por 1996, por lo emotivo que fue en el final porque finalmente Boca ganó 3 a 2. Pero más allá de la emotividad, Guerra se ganó un lugar de privilegio en la historia de Boca porque ejecutó el gol de una manera digamos poco ortodoxa. Ante una marca que venía exhaustiva por parte de Ayala, Guerra tuvo que optar por marcar el gol con su nuca. Así quedó inmortalizado el famoso “nucazo de Guerra”.
