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Caras y Caretas

           

Honestidad brutal

Hebe de Bonafini nunca fue políticamente correcta. La vehemencia para defender sus ideas y a sus hijos, en algunos momentos le trajeron dificultades de las que nunca renegó.

Si “no es bueno nunca hacerse de enemigos, que no estén a la altura del conflicto”, Hebe supo buscarse, y a menudo encontrarse, antagonistas de peso e influencia, sin medir los riesgos ni los alcances de las polémicas que entablaba. Su carácter montaraz, su impronta verborrágica y sin dobleces, la puso a menudo en el ojo de la tormenta, incomodando a propios y ajenos. Las sotanas de alto rango estuvieron entre sus blancos preferidos ya desde los albores de su forzado activismo, cuando las primeras Madres de Plaza de Mayo se desengañaron rápido de recibir ayuda, o cuando menos orientación, de las jerarquías eclesiásticas respecto al destino de sus hijos desaparecidos. Pero sus dardos picaron bien arriba cuando se dirigieron directamente al jefe máximo de la Iglesia Católica, que durante décadas respondió al nombre de Juan Pablo II. El primer papa que llegó al país, en medio del conflicto del Atlántico Sur con el Reino Unido (1982), nunca esbozó un gesto de condena hacia la violación de los Derechos Humanos en la Argentina de la dictadura.

Hacia fines de los 90, entrevistada por un canal de Bahía Blanca, Hebe despachó aquello: “Es un cerdo. Aunque un sacerdote me dijo que el cerdo se come, y este Papa es incomible”. La frase le generó chisporroteos con el grupo disidente de las Madres Línea Fundadora, pero no era ella mujer de volver atrás con sus dichos, ni tampoco morigerarlos. Más bien, ratificó su encono, ya entrado el siglo XXI. En esta oportunidad, se encontraba en Neuquén, visitando una fábrica de cerámicos recuperada por los trabajadores. “Nosotros deseamos que el Papa se queme vivo en el infierno”, volvió a salir con los tapones de punta. En verdad, la flamígera declaración se enmarcaba como respuesta a las consideraciones del obispo castrense de la Argentina, Antonio Baseotto, quien parafraseó una cita evangélica para señalar que el ministro de Salud, Ginés González García, debería ser “tirado al mar” por pronunciarse a favor del aborto.

En aquella ocasión, Baseotto encontró la solidaridad del Sumo Pontífice desde el Vaticano. Hebe consideró entonces que el Papa de origen polaco “se pasó de rosca” en su apoyo a Baseotto, quien fue finalmente relevado de sus funciones por el gobierno argentino, en su condición de comandante en jefe de las FFAA.

También se enfrentó con el futuro Papa argentino, cuando aún distaba ser Francisco y fungía como arzobispo en la ciudad de Buenos Aires con su nombre bautismal de Jorge Bergoglio. Llegó a llamarlo “la basura que se va oponer siempre a alguien que quiere juzgar y condenar y hacer las cosas bien, como Néstor Kirchner”. Incluso, recién designado como máxima autoridad de la grey católica, ironizó “sobre este Papa que nombraron, solo tenemos que decir ‘Amén’”. Sin embargo, el acercamiento de posiciones de Francisco con la entonces presidenta Cristina Fernández, primero, y el advenimiento de la nueva ola neoliberal, más tarde, contribuyeron a limar asperezas. Hacia 2013, le escribe en una carta: “Don Francisco, no sabía de su trabajo pastoral, solo sabía que el máximo dirigente de la iglesia argentina habitaba en la catedral; esa catedral que cuando marchábamos y pasábamos por delante, le cantábamos: ‘Ustedes se callaron, cuando se los llevaron’. Hoy, ante mi sorpresa, escucho a muchos compañeros explicar de su entrega y trabajo en las villas”.

Francisco devolvió gentilezas, recibiendo a Hebe en el Vaticano y entablando una cálida correspondencia, que se prolongó hasta su fallecimiento, cuando la despidió con un saludo hecho llegar por uno de sus colaboradores más cercanos.

Más complicado de digerir incluso, fue su enfrentamiento abierto con el “catalán de Latinoamérica”, como le gusta definirse a Joan Manuel Serrat, un artista identificado desde siempre con posturas progresistas y de defensa de los Derechos Humanos. El motivo fueron las reiteradas alusiones de respaldo explícito a la organización armada vasca ETA, de quien Serrat fue sumamente crítico, participando de una multitudinaria marcha de protesta contra sus atentados, llevada a cabo en Madrid. “Serrat no es amigo de las Madres”, envió decir Hebe a un periodista que intentaba obtener su testimonio para un libro sobre el cantautor.

En la misma sintonía, se pronunció en relación con el atentado a las Torres Gemelas. Hebe se encontraba con su hija en La Habana y su juicio causó escozor: “Por primera vez, le pasaron la boleta a Estados Unidos. Me alegré mucho cuando escuché la noticia”, declaró.

HIJO DE MIL

Aunque el mayor conflicto de intereses que afrontó la titular de Madres en su intensa actividad política tuvo como partenaire a Sergio Schoklender. Acusado (junto a su hermano Pablo) del sonado parricidio en mayo de 1981, al poco tiempo de salir de la cárcel, a mediados de los 90, se instaló un tiempo en la casa de Bonafini, en La Plata, como una especie de hijo pródigo. Así comenzó a trabajar para la naciente Fundación, en tareas de planificación.

El proyecto de construcción de viviendas sociales, denominado “Sueños compartidos”, entusiasmó al presidente Néstor Kirchner, quien aceptó financiarlo, a través del Ministerio de Planificación Federal.

Pero pronto las irregularidades comenzaron a oscurecer el panorama. Los gastos y el patrimonio de Schoklender mostraban inconsistencias imposibles de soslayar.

Para Hebe fue una decepción personal, pero para la Justicia un ilícito a investigar. Quedó así evidenciado que hubo desvío de fondos, y la dirigente fue llamada a declarar. Ya en tiempos del gobierno cambiemita, el caso tomó nuevo impulso desde los medios, que alimentaron las sospechas y la inquina contra todo resabio de kirchnerismo.

Uno de los momentos más ingratos se vivió hacia agosto de 2016, cuando la sede de Madres, en Congreso, fue epicentro de un desmesurado despliegue policial, ordenado por el juez Marcelo Martínez de Georgi, para detenerla por “prófuga”.

En la actualidad, la causa está paralizada y Sergio Schoklender sigue desempeñándose en el rubro de la construcción.

Escrito por
Oscar Muñoz
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