Felipe Pigna sigue iluminando la historia: el miércoles 12 de marzo fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura en la ciudad de Buenos Aires por sus contribuciones para comunicar y desmitificar hechos pasados y recientes de la historia argentina, sin concesiones. En 2024 se cumplieron veinte años del primer tomo –de cuatro– de Los mitos de la historia argentina, y en mayo saldrá su primera novela, en la que narra el viaje a Londres de Belgrano y Rivadavia, dos archienemigos, “en una misión secreta, en 1815, para sondear qué pasaría si se proclamara la independencia”.
¿Cuántos caminos se cruzan en el quehacer histórico y en la voz presente de Felipe Pigna? ¿Cómo toma el reconocimiento en la Legislatura porteña? “Me llena de orgullo y de compromiso. Para mí los premios no son halagos al ego, sino que te comprometen para mejorar, para seguir aprendiendo y para seguir haciendo cosas”, dice, en referencia a la iniciativa del diputado Juan Pablo O’Dezaille, de Unión por la Patria.
En el acto, en el que también lo acompañaron el legislador Juan Pablo Modarelli, la periodista Nora Veiras, el psicólogo y psicoanalista Gabriel Rolón, el filósofo Darío Sztajnszrajber y Daniel Ricci, titular de la Federación de Docentes Universitarios, Felipe Pigna reivindicó la importancia de la educación pública: “Quise hablar de cómo llegué acá y de mi trayectoria en la primaria, en la secundaria, en el profesorado y en mis más de veinte años como docente en el Carlos Pellegrini. Tendremos la posibilidad de formarnos y de crecer en la medida en que esas instituciones sigan funcionando y teniendo el presupuesto que tienen que tener”.
Porque en este contexto de la historia argentina, prosigue Pigna, “asistimos a un ataque deliberado a todo lo que tenga que ver con lo público, con la cultura, con la educación, con la ciencia, con el desarrollo humano en general. Estamos viviendo una etapa de locura y de crueldad verdaderamente inédita. Entonces está bueno reafirmar lo que sabemos que sirve y lo que vale la pena”.
El dólar intervenido
Los mitos de la historia argentina 1 se había editado originalmente en 2004, tres años después de la crisis terminal de la Argentina por culpa del ciclo neoliberal. ¿Cuáles de los mitos históricos que tocaba allí cree Pigna que interpelan al gobierno de Javier Milei? “Hay varias cosas que cobraron actualidad –dice–. El mito fundante del descubrimiento de América y de la raza, del que yo hablaba en este libro, reeditado en 2024, fue puesto nuevamente en cuestión. Se volvió a hablar de razas superiores y de razas inferiores; de culturas que valen y culturas que no valen. En ese corto audiovisual que hizo el gobierno, pésimamente hecho, se decía ‘Europa trajo la civilización a América'”.
Y decir eso “es una barbaridad: en cualquier universidad prestigiosa del mundo te sacarían a patadas. La idea de que acá no había civilizaciones, que no había cultura, que no había nada antes de la llegada de los invasores”. Otro mito que se vincula con el gobierno ultraderechista de Milei gira en torno de los liberales argentinos: “Hay una contradicción histórica entre los que se llaman liberales en la Argentina, que son, fundamentalmente, conservadores autoritarios: usan el liberalismo solo en su fase económica, pero en lo político son tremendamente represivos”.
Además, “usan al Estado como herramienta de distribución de ingresos hacia los más ricos. Hoy hay un nivel de intervencionismo estatal brutal: cuando el Estado decide intervenir el dólar para que no aumente, eso es estatismo. Eso es el Estado interviniendo contra el libre juego del mercado. El Estado, que según el Presidente no debe intervenir en nada y hay que destruirlo, está gastando miles de millones de dólares que podrían ir a parar a Educación, a Salud o a ayudar a Bahía Blanca, en vez de a mantener el dólar. Y, por otro lado, están destruyendo los elementos que le dan sentido al Estado”.
Los liberales argentinos siempre propugnaron “achicar el Estado para agrandar la Nación”. Otro mito que hay que cuestionar, sostiene Pigna: “Ni ellos lo practicaron. Es un oxímoron. Si achicás el Estado, difícilmente puedas agrandar la Nación. En todo caso, lo que habría que hacer, y que lamentablemente no se hizo, es una real reforma del Estado, donde sea eficiente y use realmente bien sus recursos”. Pero acá han dicho “‘si no me gusta cómo funciona un organismo, lo cierro directamente’. En ningún país del mundo ha ocurrido algo parecido como cerrar el Instituto del Cáncer. También están haciendo una labor distractoria por esta estafa cripto en la que está involucrado el Presidente, realmente escandalosa”.
¿Qué razones hacen que la ciudadanía avale esas políticas? “La mala política –responde Pigna–. El último gobierno peronista fue muy malo y no se ocupó de los problemas reales de la gente, más allá de la pandemia, donde creo que hizo lo que pudo. Pero la verdad es que se perdió mucho poder adquisitivo y no se hizo lo posible por conquistar más derechos y ampliar derechos laborales. Y la gente entendió que eso era culpa de la política y eligió a un tipo que se presentaba como la antipolítica para combatir eso.”

La guerra mediática
El historiador, ¿debe desmitificar el presente de la Argentina? ¿O ir al pasado para concientizar desde allí? “Tenemos un rol importante, pero no tan importante –dice Pigna–. No hemos logrado que la gente cambie su pensamiento. Sí es importante la historia y el rol del historiador. Desde mi lugar hago todo lo que puedo, tratando de ayudar a pensar, pero a veces se sobrevalora nuestra capacidad de cambiar mentalidades cuando hay un aparato mediático gigantesco operando día y noche.”
Y las fake news y las redes sociales también contribuyen a la confusión general. “Las redes son un fenómeno que abarca no solo a los jóvenes, sino a mucha gente grande y particularmente a la tercera edad. Hay gente que está mucho tiempo en redes, que está sola, que las siente como una compañía, que elige ciertas formas de ver la realidad y no le importa si es verdad, sino que le suene bien: no se preocupa por certificar que sea cierto lo que está viendo y leyendo.”
“Son cosas gravísimas que están pasando. Y las que vamos a ver, con toda la manipulación que se puede hacer de una noticia con la inteligencia artificial. Esto recién empieza. Hay que estar preparados para una guerra mediática muy fuerte, sobre todo teniendo en cuenta quiénes son los señores y señoras que manejan las redes. Tenés a Elon Musk, que es un tipo que se confiesa supremacista, nazi, etcétera, manejando las redes.”
En tal sentido, Pigna cree que “la pandemia fue fundamental. Mucha gente estuvo encerrada mirando las redes y se le transmitió un discurso de opresión y de que la culpa de su situación la tenía el Estado. Y eso fue muy bien utilizado por los sectores de ultraderecha que apelaron al sentimiento de libertad: al ‘quiero salir’, ‘quiero vivir’. Hay una cantidad de cosas que pegaron muy fuerte en la gente joven, sobre todo teniendo en cuenta que esos Estados no eran tan visibles para muchos. Ese es el pensamiento básico que se utilizó muy fuertemente en la pandemia y, sobre todo, en la pospandemia”.
¿Qué otro fenómeno de la comunicación del gobierno libertario alerta a Felipe Pigna? “Me sorprende el nivel de agresividad que tolera esta sociedad. A los diputados los llaman ‘ratas’ y votan todo; hay gobernadores insultados que le votan todo sin obtener nada a cambio para sus provincias. No queda más que pensar que hubo algún tipo de favor a cambio. Si no, ¿por qué siguen votando a favor de un gobierno que no les da absolutamente nada?” Además, “hay una resistencia al insulto. Javier Milei descalifica cada vez más con rasgos autoritarios, que están convirtiendo a este gobierno en un régimen autocrático, y sin reacción política: tenemos una CGT que directamente ha desaparecido del mapa”.
La primera novela
El historiador avanza: en mayo, Pigna lanzará su primera novela histórica, sobre la cual estuvo trabajando durante dos años. Allí cuenta “el viaje secreto a Londres de Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, a quienes les ofrecen coronar en el Río de la Plata a un príncipe español: Francisco de Paula, el hermano de Fernando VII. Fue una situación muy bizarra del año 1815, cuando estuvimos a punto de ser entregados a Gran Bretaña como colonia”, anticipa.
La novela, que se presentará el 4 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires, “arranca con la derrota de Vilcapugio y Ayohuma: con Belgrano, que es conminado a encabezar esa misión con su archienemigo Rivadavia o ir preso. Pero justo sucede la caída de Napoleón y el proyecto se derrumba. Si bien todos los hechos son ciertos, hay algunas cosas noveladas. Hay mucha intriga, mucho espía, mucho romance, mucho personaje fascinante y mucho traidor, como Alvear. También aparece el conde Cabarrús, que es un tránsfuga famoso en Europa, y que les ofrece el oro y el moro y termina traicionándolos”.
–¿Por qué decidió que el encuentro de dos enemigos como Belgrano y Rivadavia fuera el foco de la novela?
–Porque tiene muchos ribetes cinematográficos: la idea de dos rivales es un clásico de la narrativa hollywoodense y del cine en general. Siempre aparecen dos personajes que no se llevan muy bien y terminan acordando, o no, como en este caso. Además, admiro profundamente a Belgrano, quien demuestra una vez más su valor en situaciones tan difíciles, como en este viaje a Europa. La novela me dio mucho gusto, porque me liberó un poco de la cosa documental estricta: me encantó hacerla.
