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Caras y Caretas

           

“Estamos peleando contra un monstruo”

Amílcar Ferro es autor de la trilogía documental Salud soberana, que reflexiona sobre la importancia de la alimentación saludable y de la agricultura regenerativa.

Salud soberana es una trilogía documental guionada, producida y dirigida por Amílcar Ferro. Está compuesta por Suelos, semillas y agroecología; Medicina tradicional y complementaria, y Soberanías, que se encuentra en proceso.  

Suelos, semillas y agroecología fue rodado en la provincia de Misiones. Este largometraje, premiado en nueve países de Latinoamérica, Estados Unidos y España, reflexiona sobre la importancia de una alimentación saludable, de una agricultura regenerativa, de la ley que prohibía el uso de glifosato y que Monsanto logró prorrogar por cinco años, de las prácticas agrícolas y sus beneficios y sus terribles consecuencias, de la persecución sufrida por los movimientos agrarios. Incluye investigaciones, viajes por la provincia, entrevistas a productores, dirigentes, organizaciones ambientalistas, psicólogos rurales, comunidades Mbya Guaraní y cooperativas. 

El segundo documental, Medicina tradicional y complementaria, fue rodado entre 2022 y 2023 en Misiones, en las localidades de Oberá, Picada Guaraní, Posadas, Campo Grande, Salto Encantado, Pozo Azul, Valle del Cuña Pirú, Puerto Rico, Ruiz de Montoya y El Alcázar. De contenido pedagógico, fue declarado de interés por la Cámara de Diputados de la Nación. El punto de partida es la ley provincial misionera que fija un marco regulatorio a prácticas y terapias de la medicina tradicional y complementaria, dentro del sistema de salud pública. 

“Soy de Buenos Aires, viví un tiempito hace tres años en Misiones. Ahí se me despertó todo este interés –cuenta Amílcar Ferro a Caras y Caretas–. El segundo documental toma como punto de partida una ley provincial misionera, que le da un marco regulatorio a lo que son terapias de medicina tradicional y complementaria en un contexto de salud pública. Vos como misionero o misionera, el día de mañana estás hospitalizado en un hospital de salud pública y no estás del todo conforme con el tratamiento que estás recibiendo de parte de la medicina predominante, tenés derecho, por ley, a pedir que se complemente ese tratamiento con, por ejemplo, acupuntura de la medicina china, con medicina ayurvédica, con un chamán guaraní. Lo que me interesó es tomar esto como un humilde intento de una puesta en valor del saber ancestral del pueblo guaraní. La primera percepción que tuve, y después lo fui confirmando, es que es un pueblo que en general está relegado, estigmatizado, marginado. Esta peli intenta poner en valor el saber ancestral de ellos.” 

–¿Cómo surgió la idea de hacer este documental? 

–Al llegar a vivir a Misiones, empecé a ver que había toda una producción agroecológica e incluso desde el Estado había una impronta de sustentar ese tipo de producción agrícola y me empezó a llamar la atención, empecé a hacer entrevistas y a conocer gente y a enterarme más. 

–¿Cuándo fue rodado y en qué lugares? 

–Entre septiembre de 2022 y septiembre de 2023, terminado de editar a principios de 2024 y fue rodado en más de diez municipios de la provincia de Misiones. 

–¿Cómo lo definirías? ¿Cuál es el objetivo? 

–El documental fue concebido con la humilde intención de generar un contenido de tinte pedagógico, me dicen: lo tendrían que ver los chicos en la escuela. Y el objetivo es llevar un mensaje de la importancia de la alimentación saludable para nuestro estado de salud, la importancia de una agricultura responsable, regenerativa, sustentable, para tener acceso a ese tipo de alimentación, de la no necesidad del uso de agrotóxicos.  

–¿Por qué es una trilogía? 

–Recabé seis horas de material, pensaba hacer una película, pero era mucho material, entonces elegí hacer una trilogía que se llama Salud soberana. La película original iba a tener tres ejes: la alimentación saludable, la agricultura responsable y la tercera pata es una ley misionera. Está solamente en la provincia de Misiones y creo que hay algo parecido con el pueblo originario mapuche en Neuquén, en Río Negro, es una ley que le da un marco regulatorio a lo que son prácticas de la medicina tradicional y complementaria en un contexto de salud pública. Se puede salvar vidas, complementar el tratamiento que puede ofrecer la medicina moderna con otros saberes que tienen incluso mucha más antigüedad que la medicina moderna, como puede ser la medicina china, el sistema de salud guaraní. Era un buen pretexto para intentar una puesta en valor del saber ancestral del pueblo Mbya guaraní que habita en la provincia de Misiones desde hace muchos años. Y la tercera película se llama Soberanías y habla no solo de la soberanía alimentaria y las soberanías territoriales, sino que intenta cuestionar un poco la soberanía interna de un país. En general las soberanías son como límites para afuera, pero qué pasa en un país donde es muy difícil el acceso, la subsistencia. Un país con un 50 por ciento de pobreza, con indigencia. Cuán soberanos somos de vivir en un país en el que no tenemos acceso a una vivienda propia, donde nos cuesta llegar a fin de mes, donde morimos de hambre. 

–¿Qué tal resultó el rodaje? 

–Para mí fue un aprendizaje, me había comprado una cámara de fotos dos meses antes de empezar. Terminé haciendo todo solo, desde la idea, la producción, la investigación periodística, los viajes, la producción ejecutiva, que tiene que ver con el dinero para solventar el proyecto, hacer de periodista, hacer preguntas, surgió todo de una manera espontánea. Terminar haciéndome amigo de todos, de todas. Hay una chica que tenía 18 años en ese momento, Marité, con quien nos conocimos en una feria, y es el momento más gracioso de la película, porque ella les pone nombres a los patos y a todo, representa a la juventud que elige quedarse en la chacra, en el monte, trabajando en el campo, que hoy ya casi no existe. Es una de las grandes problemáticas de la producción, que las juventudes emigran a las ciudades y el campo se va quedando sin mano de obra. Yo desde la primera idea tenía la intención de transmitir información dura, que los alimentos tienen tanta carga de químicos, ojo con lo que comemos, bla, bla, bla, y el resultado fue totalmente opuesto, gente que desde lo cotidiano y de una manera tan natural cuenta lo que hace, y entonces te das cuenta de que es tan fácil producir de una manera sana y saludable nuestros alimentos, de una manera soberana, y te empezás a cuestionar un montón de cosas. Parece increíble la matriz productiva que se ha instalado, que tiene como única meta el dinero, que los productores ganen plata, gane plata toda la cadena de distribución en el medio, y en realidad nos están ofreciendo cosas que no son alimentos,  son productos comestibles, que nada tienen que ver con el valor nutricional de los alimentos. Producir de una manera ecológica, de una manera orgánica, sin ningún pesticida, y respetando este modelo que se viene, por suerte, despertando hace unos años. Estamos volviendo a tratar de imitar a la naturaleza, dándonos cuenta de que esa es la mejor manera de producir.  

–Hablás de aprendizaje, ¿creés que es posible instaurar un modelo agroecológico? 

–Sí, totalmente. Lo que pasa es que no hay decisión política, el agronegocio es uno de los poderes económicos más fuertes en el sistema capitalista extractivista en el que vivimos. Monsanto es una compañía que se ocupa de patentar la vida, se ocupa de patentar semillas, es el que elabora el Roundup, el glifosato, estos químicos tan peligrosos. Y es sabido que tiene presión y tiene políticos que trabajan para ellos. En Estados Unidos después de años lograron prohibir el glifosato, y al poquito tiempo salió el glufosinato, que es una variante de glifosato aún más tóxica. Y van a tardar un montón de años en hacer un proceso de concientización, de elaborar leyes, hasta llegar a prohibir el glufosinato, si es que se llega. En Misiones, en 2023, había salido una ley que tarda dos años en ponerse en vigencia. Ahora en 2025 se iba a prohibir el uso del glifosato. Cuando llegué a Misiones, había una publicidad en Buenos Aires que decía: “Misiones, la primera provincia libre de glifosato”. Pero todo el mundo usaba glifosato. En el caso de la gente que tiene tierra y trabaja, se puede llegar a entender porque en los veranos llega a hacer 50 grados, un calor sofocante, y tener que ponerse a dar vuelta a la tierra es complicado. No se justifica, pero se puede entender que sea una práctica normalizada. Se promulga esta ley, que iba a entrar en vigencia este año, y Monsanto logró prorrogarla por cinco años. Imaginate si no tienen poder de presión. Y eso que era una ley promulgada. Monsanto, que nos enferma a través de nuestra alimentación, se ha fusionado hace unos años con Bayer. Nos enfermamos a través de lo que comemos y después necesitamos ir a seguir enfermándonos a través de la mayoría de los medicamentos, que tienen efectos secundarios, y que muchos son innecesarios y se recetan automáticamente. La lucha es desigual, estamos peleando contra un monstruo, pero el cambio empieza individualmente, aprendiendo el ejemplo y transmitiendo ese ejemplo a otros.   

–Integrar el conocimiento ancestral de los pueblos originarios con la medicina tradicional, ¿implica derribar mitos? 

–En el segundo documental están entrevistados médicxs, recibidos en la medicina ortodoxa, y que una vez recibidos empezaron a darse cuenta de que no tenían las herramientas como para atender a la gente. Habían sido formados para tratar enfermedades, pero no para prevenirlas. Las consultas son muy rápidas en centros médicos atestados de gente, donde tenés diez minutos quizá para verlo, y todo termina en general con una receta. El mensaje es la importancia de ciertas cosas, hacer cambios de hábitos que tienen que ver con la alimentación: comer bien, descansar por lo menos ocho horas de un tirón y tratando de respetar el biorritmo. Tener pantallas hasta cualquier hora, el celular, la computadora, hay un sobreuso, una pantalla de luz azul le está diciendo a tu cerebro que es el cielo celeste del día. Entonces ahí se empieza a cambiar el biorritmo. Vengo de vivir dos meses en una comunidad en el medio del monte, conozco unas quince comunidades, son maestros de la paciencia, cómo se crían los chicos, están todo el día jugando, la autosuficiencia que tienen los chicos a los 5 años, se cocinan solos, manejando fuego, manejando cuchillo, no está la mirada miedosa del padre, sino al contrario. Yo viví dos meses en una casa de madera, con una sola lamparita, y la verdad es que no necesité nada más. Ves la felicidad, la libertad, la tranquilidad con la que se crían esos chicos todos los días, y eso es calidad de vida. Una doctora conocida en la Argentina que vio la película me dijo: “Es que a ellos se les revela el conocimiento, nosotros los blancos por ahí tenemos que estudiar toda una vida y no sabemos si llegamos a ese mismo conocimiento, y seguramente que no, mientras que a ellos se les revela, se les aparece en sueños, en situaciones límite”. 

–¿Qué significó para vos realizar este documental? 

–Para mí significó muchísimo, más de lo que supuse cuando empecé a sentir este impulso de hacerlo. Encontré y sigo encontrando, y el documental mismo encontró también, una resistencia del ámbito académico, local, de Misiones. Gente que está motivada por el mismo lado, y sobre todo gente de Buenos Aires que vive ahí. Me vieron venir con una impronta tan fuerte que tuvieron miedo de que me quisiera quedar laburando y sacarles el puesto. Pero cuando me dicen que no, me dan más fuerza, y de hecho terminé haciendo absolutamente todo, lo que fue un aprendizaje. Me voy perfeccionando técnicamente y me voy equipando para brindar un material con un sonido cada vez mejor. Siento la responsabilidad de agarrar la cámara y retratar ciertas cosas para visibilizarlas. Hay que usar el cine y hay que usar el audiovisual como herramientas de transformación social. Eso lo fui descubriendo.

–¿Qué es el Cine Móvil Soberano? 

–Estoy haciendo un cine móvil con mi auto: un proyector, mi computadora y una tela que hace de pantalla. Recorriendo comunidades indígenas, rurales, y centros urbanos, llevando la propuesta de la exhibición de las dos películas. Tengo buena recepción de la gente. Las he exhibido en cines, teatros, centros culturales, en casas y en comunidades al aire libre. Se fueron generando espacios de reflexión y de debate después de la exhibición. Para mí no solo es una gratificación personal, sino que es cada vez más necesario generar esos espacios. Porque no existen, la oferta que tenés a nivel ciudad tiene que ver con el consumismo. Me parece necesario eso, ojalá que algún día reciba un apoyo. La idea es tener una camioneta como para recorrer el país, porque me parece de importancia la difusión de esta ley provincial misionera de la salud, llevar el mensaje por todo el país. Empecé a implementar el Cine Móvil Soberano virtual de una manera sencilla y a un precio realmente soberano, podés adquirir los derechos de exhibición de las películas, de una o de las dos, y replicar no solo el mensaje de la película, sino también estos focos de charla, de reflexión y de debate.  

Amílcar Ferro es realizador audiovisual, músico, escritor y fotógrafo. Trabajó escribiendo las crónicas de sus encuentros con personajes de su barrio para la revista Guía Palomar. Durante la pandemia inscribió una patente de invención. Su libro Valpo streets, de fotografías sobre muralismo en Valparaíso (Chile), fue lanzado en 2011 por la editorial trasandina 8 libros. Sus documentales tienen música y banda sonora de su autoría. Su canción “Quiero saber” cuenta con la voz de Natacha Barros. Es gestor de la primera yerba mate agroecológica Mbya Guaraní, que este año empezará a comercializarse. Su cine indaga temáticas indígenas, a través de su convivencia en comunidades. También motorizó el Cine Móvil Soberano, que recorre el país. 

Escrito por
Claudia Ainchil
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