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Caras y Caretas

           

El Operativo Independencia y el relato “antisubversivo” 

Ordenado por la presidenta Isabel Perón, el 5 de febrero de 1975 se puso en marcha el accionar represivo del Ejército contra la guerrilla en Tucumán, que se extendió durante la dictadura.

“Es el macizo del Aconquija, con alturas de 5 mil metros y cumbres de nieves eternas. En este marco de enorme belleza vital, el Ejército argentino, apoyado por lo mejor de su pueblo, combatió y venció como siempre lo hizo a través de su historia a un enemigo extraño, cruel, implacable, dogmático y artero.” La voz en off acompaña una sucesión de imágenes de las sierras tucumanas sobrevoladas por un helicóptero militar. Es el comienzo de “Estoy herido”. Ataque!, un cortometraje propagandístico realizado por la dictadura en 1977 para mostrar los resultados del Operativo Independencia, la “gesta heroica” pergeñada por el gobierno de Isabel Perón para combatir a la guerrilla del ERP instalada en la provincia norteña.   

Esa producción destinada a ser difundida en la televisión y los cuarteles ficcionaliza lo que las Fuerzas Armadas denominaron “Combate del Río Pueblo Viejo”, ocurrido el 14 de febrero de 1975, en el que murió el teniente primero Héctor Cáceres.  

El despliegue militar y de seguridad en el sudoeste de San Miguel de Tucumán había comenzado el 9 de febrero para cumplir con el decreto secreto y reservado que ordenaba “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, firmado por Isabel cuatro días antes. El 261 inauguró una serie de cuatro “decretos de aniquilamiento” dictados por el gobierno peronista; los otros tres llegarían en octubre de ese mismo año, firmados por Ítalo Luder, por entonces a cargo del Poder Ejecutivo. 

A las 17.50 del domingo 9, la sociedad argentina se enteraba de la decisión represiva del gobierno de Isabel, una noticia más en medio del descalabro de esos tiempos dominados por la violencia. Aquella intervención militar, que la prensa comenzó a llamar Operativo Independencia, sería la instauración definitiva del terrorismo de Estado como sistema para enfrentar a los grupos civiles armados. 

La revista Gente aseguraba que ya en septiembre de 1974 “se había comenzado a hablar con seriedad sobre la posibilidad de que fuera necesario trazar un plan de regular magnitud antisubversiva para su ejecución en los valles que el Che Guevara había mencionado alguna vez por escrito como altamente indicados para la acción guerrillera”. Los “expertos en materia antisubversiva”, según la revista, consideraban que el territorio tucumano era más apto para la lucha armada que la Sierra Maestra cubana. 

La Presidenta puso al frente del Operativo Independencia al general Acdel Vilas, un militar nacionalista católico que años más tarde se afilió al peronismo, al que consideraba “una barrera de contención contra el comunismo”. En diciembre de 1975 fue reemplazado por el general Antonio Bussi, un símbolo de la represión que durante la dictadura también ocupó la máxima autoridad de Tucumán y llegó a ser gobernador electo entre 1995 y 1999.  

“La Señora (Isabel Perón) me ordenó: ‘General, mate sin piedad’. Me recluí en una pieza, hablé con la Santísima Virgen, y maté sin piedad.” Una revista del nacionalismo católico puso en boca de Vilas este testimonio. Si se toma por verdadero, sintoniza con el integrismo profesado por los represores: se creían cruzados que actuaban iluminados por Dios.  

Durante su desempeño en Tucumán, Vilas puso en funcionamiento “La Escuelita” de Famaillá, el primer centro clandestino de detención que se registra, por el que pasaron más de 3 mil personas. Según datos del CELS, el Operativo Independencia cometió 527 secuestros, 258 desapariciones y 40 asesinatos, además de torturas y violaciones. 

 

Antes de pasar a retiro, Vilas continuó su accionar represivo en Bahía Blanca y el norte patagónico. Uno de sus objetivos fue la Universidad Nacional del Sur. También estuvo involucrado en las detenciones de los dirigentes radicales Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Abel Amaya, en agosto de 1976. Meses después, Amaya moriría como consecuencia de las torturas. 

En varias entrevistas publicadas luego de su paso por Tucumán, Vilas se quejaba de que la dictadura no le había reconocido su labor en el Operativo Independencia y que Bussi se había llevado ese mérito.  

Vilas murió en 2010 sin ser condenado por los delitos de lesa humanidad a los que estuvo vinculado. Isabel Perón tampoco fue llevada a los tribunales por el Operativo Independencia: en 2017 la Corte Suprema rechazó un pedido para que declarara en la causa. Sin embargo, la Justicia condenó a 18 militares por delitos cometidos durante esa operación.  

La construcción de un relato 

Más allá de haber sido un acto de gobierno impulsado por la presidenta derrocada, el Operativo Independencia se convirtió rápidamente en un símbolo que la dictadura enarboló como parte de su discurso para mostrar los logros de las Fuerzas Armadas en su lucha contra la guerrilla. Algunos ejemplos sirven para graficar una reivindicación que extiende sus lazos a la actualidad. 

Fechado el 17 de agosto de 1976, aniversario de la muerte de José de San Martín, El Ejército de hoy (Páginas para su historia) es un libro de propaganda editado por el Comando General del Ejército que recopila historias vinculadas con militares y agentes de las fuerzas de seguridad muertos por la guerrilla.  

Varios de los relatos están relacionados con el Operativo Independencia. Uno de ellos se titula “¡Estoy herido!, ¡ataque!”, la misma frase insignia del cortometraje que se conoció al año siguiente. El texto exalta a “esa muchachada sana física y moralmente, representada con virilidad por los oficiales y suboficiales jóvenes del Ejército”, “bravos exponentes de la juventud argentina”. 

Otro de los relatos destaca la “acción cívica” que los integrantes del Ejército desplegaron durante el Operativo para profundizar un “mayor acercamiento con el pueblo” y reproduce una carta de agradecimiento de la directora suplente de una escuela tucumana a la madre de un oficial que participó de esa intervención.  

Desde el comienzo de la dictadura, las Fuerzas Armadas ubicaron al Operativo Independencia como parte estratégica de su ideario. El 24 de septiembre de 1976 –aniversario de la batalla de Tucumán de 1812– Jorge Rafael Videla dio un discurso desde la provincia norteña, trasmitido en cadena nacional, para ratificar la “lucha antisubversiva” y participó de la fundación del pueblo Teniente Berdina, en homenaje a uno de los militares muertos por la guerrilla. Como parte de ese plan también nacieron los pueblos de Capitán Cáceres, Sargento Moya y Soldado Maldonado. 

En el tercer aniversario del comienzo del Operativo Independencia, Videla regresó a Tucumán y en 1980 le tocó al general Leopoldo Galtieri, comandante en jefe del Ejército. 

La literatura de propaganda del régimen –por ejemplo, Tucumán, Argentina. Cuna de la Independencia 1816-1977. Sepulcro de la subversión 1975-1977– convivía con emprendimientos editoriales de difusión comercial. En este contexto, surgieron los diez tomos de la colección Humanismo y Terror, de la editorial Depalma, que se propuso “estudiar la acción subversiva en distintos ámbitos de la actividad nacional: en la economía, la vida sindical, la Universidad, el Parlamento, analizando también el desarrollo de la violencia en el mundo y presentado algunos personajes –casos del teniente coronel Julio [sic] A. Larrabure, del almirante Quijada y del industrial Oberdan Sallustro–, tomados como símbolos de inmolación”. La explicación pertenece al director de la colección, el historiador Armando Alonso Piñeiro, que reunió, ordenó y prologó el primer tomo: Crónica de la subversión en la Argentina, publicado en septiembre de 1980. 

Allí justifica el Operativo Independencia porque “está en el consenso popular que la guerrilla es una guerra sucia, no declarada”, y que por ese motivo “a sus componentes no les pueden alcanzar obligaciones y derechos que tienen los bandos en lucha leal”. 

Luego de la derrota militar en la guerra de Malvinas y anunciada ya la convocatoria a elecciones, la dictadura emitió el “Documento final” en abril de 1983, una justificación el terrorismo de Estado en la que aseguraba que el país había sufrido una “guerra” y que los desaparecidos estaban “muertos”. 

En ese informe, rechazado por la inmensa mayoría de los sectores políticos, sociales y religiosos, se destacaba la decisión del gobierno de Isabel y “el desafío inédito para las Fuerzas Armadas”, que tuvo que sortear “imperfecciones e imprecisiones en las etapas iniciales de una lucha no convencional”, que “fueron superadas gradualmente, aprovechando la experiencia adquirida en el desarrollo de las operaciones”. 

“Doblegadas en el monte tucumano, las bandas terroristas reforzaron y acentuaron su accionar en las grandes concentraciones urbanas”, señalaba el informe, un argumento que escondía la persecución a la población civil, en especial en los ámbitos gremiales y universitarios. 

Antonio Domingo Bussi fue comandante del Operativo Independencia (1975-1977) y gobernador de Tucumán (1995-1999).

El odio a través del tiempo 

La localidad tucumana de Teniente Berdina, fundada el 24 de septiembre de 1976 en una ceremonia encabezada por el dictador Videla, homenajea a Rodolfo Hernán Berdina, muerto en Tucumán el 4 de septiembre de 1975. Su madre, Hebe Susana Solari, fue una de las fundadoras y presidenta de Familiares y Amigos de los Muertos por la Subversión (Famus), agrupación que tomó notoriedad pública a fines de la dictadura y durante el gobierno de Raúl Alfonsín a partir de la publicación de solicitadas y declaraciones en las que atemorizaba a la sociedad con el “terrorismo marxista” e incitaba a “luchar con valentía contra el comunismo intrínsecamente perverso”. El diario La Nación y la revista Cabildo le brindaban espacio para difundir sus ideas y actividades antidemocráticas y defensoras del terrorismo de Estado.  

La última presidenta de Famus fue Leonor Llames Massini, madre del subteniente Diego Barceló, muerto en Tucumán el 24 de octubre de 1975. La organización quedó disuelta en diciembre de 1991 después de los indultos de Carlos Menem, con el fin de adherir a la política de “pacificación nacional” impulsada por el Gobierno.  

Durante su existencia, Famus editó Operación Independencia, un “justiciero homenaje a los héroes” que participaron de esas acciones, según el libro, y que contribuyó a consolidar el discurso pro dictadura en democracia. 

Cabildo, un espacio en el que alguna vez había colaborado el general Vilas y al que Famus accedía habitualmente, publicó una nota sin firma en el noveno aniversario del Operativo Independencia, en febrero de 1984, a pocas semanas de haber asumido el gobierno constitucional. 

La revista atacaba al “orden demoliberal y populista” y se posicionaba a la derecha del régimen instaurado en 1976: “El gobierno del Proceso careció –entre infinidad de carencias– de una mística de guerra, de un espíritu épico y de una conciencia clara de los móviles, alcances y significados del Combate. Fue de todo, menos lo que debía ser: una Dictadura Militar”. 

En “A nueve años del Operativo Independencia”, se quejaba de la “tergiversación histórica” y el “olvido deliberado” frente a “una gesta noble en la que dejaron su sangre y su aliento varones esforzados. Soldados de la nación contra las tropas moralmente apátridas. Guerreros cristianos y marianos contra bandas del internacionalismo ateo. Fuerzas Armadas Argentinas contra ejércitos profesionales de terroristas”.  

El discurso violento, militarista, preconciliar y antidemocrático retumba con potencia marcial. Leído hoy guarda más de una alarmante similitud con el que padece la sociedad argentina desde la irrupción de las ideas “libertarias”. 

Escrito por
Germán Ferrari
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