Una voz urgente atraviesa Lima, vibra en el mundo andino y se proyecta a todo el Perú: Atusparia. Es el título de la última novela de Gabriela Wiener (49 años), la renombrada escritora, periodista y performer limeña –residente en Madrid– que dice con placer: “Para mí recién comienza el camino de Atusparia. Las presentaciones del libro han sido espacios de jolgorio, de fiesta y de activismo. Busqué fomentar un espacio político y también comunitario. Para eso escribo todas mis novelas”.
Y allí están los múltiples significados de Atusparia. La protagonista tomó su alias del apellido de un líder de la resistencia indígena peruana del siglo XIX y, además, es el nombre del colegio comunista al que Atusparia (al igual que Gabriela Wiener) asistió en Lima en los años 80, hasta la crisis del bloque soviético. Y el personaje, de una adolescencia cruzada por las drogas, el sexo y el dolor, en su madurez recobra sus viejos ideales para abrazar el nombre del ícono revolucionario, consustanciarse con la lucha campesina y devenir una promisoria líder de izquierda en camino a las urnas.
Pero nada es lineal en la novela Atusparia: ella afrontará el encierro en una cárcel de alta seguridad en la selva amazónica del Perú y también una operación mediática, en base a terribles hechos de su pasado, que la sacará de la carrera presidencial. Como en Huaco retrato (2021), su famosa y magistral novela anterior, Gabriela Wiener emplea trazos autoficcionales para interpelar a la historia y al presente del Perú: ajusta cuentas con el poder criminalizador de indios, campesinos y líderes feministas, y hace una revisión de la militancia revolucionaria (con múltiples matices, lejos del cinismo y del derrotismo).
Atusparia es, al mismo tiempo, la historia de una mujer formada a la luz de los ideales soviéticos, una pincelada erótica, un retrato desgarrador del Perú y un espejo de la empatía en el activismo comunitario del país andino. ¿Cómo lo ve Wiener, a su vez activista antirracista y anticolonial? “Atusparia no es un libro condescendiente con nada –responde–, pero si hay algo que celebra de la izquierda es su memoria revolucionaria. Puede ser crítico con aspectos de la práctica política y, sobre todo, con la izquierda del presente, incluso con afecto, humor e ironía, pero nunca desde el ataque o desde lo destructivo.”
Para Wiener, “el foco de Atusparia está puesto en mostrar todo lo que se hace desde el statu quo para desactivar el poder transformador de los grupos de izquierda. Por eso en la novela se habla de las masacres campesinas y de otras estrategias de los poderes fácticos para que nada cambie en el Perú y en toda América latina”. En tal sentido, lo bueno de la literatura “es que te permite cubrir estos temas sin hacer una cuestión panfletaria o defensiva, sino plantear un problema con toda su riqueza y su complejidad”.
Una perspectiva histórica y antipatriarcal
De allí el rol que cumplen en la novela las divergentes visiones políticas entre la líder Atusparia (más orientada a la vía eleccionaria) y su compañera y luego rival Asunción Grass (más afín a la acción armada). Dice Wiener: “Ambas representan dos formas de entender la dirección política en los movimientos sociales, ya sea desde el lado institucional o desde la lucha revolucionaria. Como el marco son las reglas de la democracia liberal peruana y el terrorismo de Estado, no hay manera de que ninguna de las dos posiciones avance: ni que haya una izquierda popular en el gobierno ni que el asalto al poder funcione”.

Pero la novela de Gabriela Wiener (trazada por fragmentos, reflexiones y potentes imágenes entre la primera y la tercera persona) jamás pierde de vista el drama de Atusparia: su historia cifra al Perú. ¿Qué cuentas pendientes de su adolescencia –y del consumo de drogas– la perseguirán? ¿Cómo recordará de adulta aquel colegio de izquierda donde se educó admirando a Rusia? ¿Qué aprenderá de Las Ritas, un grupo de militantes comunitarias con perspectiva antirracista y antipatriarcal?
Con sus contradicciones y esperanzas, Atusparia reflexionará –siguiendo a José Carlos Mariátegui y a Manuel Scorza– sobre el problema indio en el Perú y analizará la coyuntura. Le dice Wiener a Caras y Caretas: “El gobierno de la presidenta Dina Boluarte está ejerciendo una violencia de Estado brutal y el negacionismo de la participación política de la gente, sobre todo del sur: las zonas rurales y campesinas. Dina Boluarte está en el poder gracias al fujimorismo y a un Congreso que es de las élites oligarcas de siempre y de nuevas mafias que han ido surgiendo. Es gente que gobierna con un tres por ciento de aprobación”.
Además, la novela Atusparia (y a través de ella Gabriela Wiener) hablará “de toda una nueva imaginación política en Perú, gracias a la lucha indígena y campesina, que no han podido silenciar. En las primeras líneas de las protestas peruanas hemos visto a las organizaciones de mujeres en las ollas comunes, en el sostenimiento popular y en la resistencia. En el Perú se lucha siendo madre, siendo activista y siendo campesina. En la novela lo representé a través de los personajes de Las Ritas”.
Y allí se encarna una reflexión “sobre la memoria histórica, yendo hacia atrás. Desde las luchas anticoloniales de Túpac Amaru hasta la del propio Pedro Pablo Atusparia: el líder indígena de la revuelta de Huaraz, de 1885 –señala Wiener–. Está todo conectado con las luchas por la reforma agraria, como lo que relato en la novela acerca de la región de Puno”. Además, “busqué hablar de toda Latinoamérica: de los defensores de la tierra y los pueblos indígenas que son acosados y asesinados, precisamente por luchar contra el despojo de sus territorios y contra el ocultamiento de sus opiniones sobre sus tierras o sobre cómo deben ser gobernados”.

La ultraderecha y los estigmas
En las presentaciones de Atusparia, Gabriela Wiener repitió: “En Perú, todo el que se declara en contra del statu quo es considerado terrorista”. Ahora lo explica: “Sabemos que todo se ha deslizado hacia la ultraderecha y que cualquier disidente termina siendo tildado de ‘comunista’. En Perú esto es sangrante, porque tenemos un período de posconflicto de guerra interna que no se resolvió bien y no se termina de hallar un lugar para que los diferentes actores se entiendan y exista una reconciliación nacional. Allí, cualquiera que dice algo opositor es tildado de ‘terrorista'”.
Esto también se debe “a que el Perú no se ha desfujimorizado –denuncia Wiener–. Se murió el dictador Alberto Fujimori, pero no se desfujimorizaron ni la sociedad ni la Constitución. Así, seguimos viendo que surgen políticas ultraderechistas contra diversas personas para tildarlas de terroristas. Es un ensañamiento absoluto. A esto en Perú le llamamos ‘terruquear’: acusar a alguien de terrorista con la intención de desactivar su influencia política. No sé si se emplea en Argentina, pero en Perú funciona mucho”.
En la actualidad, “el término se está usando muchísimo, también, para hablar de terrorismo urbano, en alusión a toda una problemática delincuencial en el sur, e intenta convertirse en una ola racista, xenófoba, contra migrantes. Así se legitiman discursos como los de Javier Milei, en Argentina, u opciones más brutales como la de Nayib Bukele en El Salvador. En el caso del Perú, están creando un escenario de mayor mano dura contra todo aquel que se para frente a una institución pública para reclamar sus derechos”. Y así se legitiman “esos nuevos discursos que hablan de terrorismo urbano”.
En las páginas delante –y en manos de Gabriela Wiener– estará Atusparia, hasta el final, para dilucidar las injusticias peruanas y el continente lacerado por los gobiernos opresores. De allí también emergerán las culpas que deberá purgar, entre el amor, el fuego y la desesperanza. “De alguna manera, Atusparia y Asunción Grass pueden ser yo misma, ¿no? –reflexiona Wiener–. Por momentos puedo funcionar como una Atusparia, que confía en las elecciones, y en otros me quiero tirar a la lucha, como Asunción Grass”. En la escritura, “tomé cosas de mi vida para contar otras, tratando de experimentar y de probar con otros registros”.
Gabriela Wiener no halló una única voz para hilar las encrucijadas de Atusparia. “La historia me parecía lo suficientemente oral y colectiva como para intentar otros lugares de enunciación –dice–. Tomé diversas decisiones narrativas para que funcionaran en la vida de una mujer política y de su evolución, hasta su desenlace. ¿Qué camino hubiera sido el más válido? ¿El de Asunción Grass o el de Atusparia? ¿Qué somos capaces de hacer ante determinadas circunstancias? Allí el libro tiene un punto de interpelación al lector. Si Atusparia intenta despertar algo, empujarte a algo, es para hacerlo ya. Tiene una especie de urgencia.”
