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Caras y Caretas

           

Salando las heridas

zzzznacg2NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, DICIEMBRE 30: Una jornada de homenajes a las víctimas del incendio en el boliche República Cromañón se llevó a cabo hoy en diferentes puntos de la ciudad de Buenos Aires, a 15 años de la tragedia por la que murieron 194 personas, mientras que familiares y sobrevivientes renovaron su reclamo para la expropiación del local.FOTO NA: MARIANO SANCHEZ zzzz

El universo de las víctimas de la masacre del 30 de diciembre de 2004 excede a los 194 fallecidos esa noche: los sobrevivientes, las familias, los amigos son, también, víctimas y desde entonces cargan con el dolor de la pérdida. Pero con el tiempo, los reclamos y las movilizaciones se van transformando.

Cromañón es un suceso cambiante. Entre aquel incendio que dejó 194 jóvenes en el camino y este movimiento que lucha por reparación y memoria, ha habido un largo camino.

Acaso no exista una respuesta predecible y esperable para un hecho de esa magnitud. Para muchas personas Cromañón significó trauma psíquico, para otras daño pulmonar y respiratorio, para otras la pérdida de un ser querido. Para muchas otras, todo eso. Luego del desastre algunas de esas personas no pudieron salir de sus casas por la depresión, tristeza y el abatimiento; otras recurrieron a terapias y grupos de autoayuda. Algunos tomaron el camino de la lucha, comenzaron a reunirse en las calles y a exigir cárcel para los responsables de la mano de amigos, ciudadanos de a pie, y de organizaciones sociales y políticas.

Quienes tomaron ese camino le cambiaron el nombre a la “tragedia” y la llamaron “masacre”. Desde inicios de 2005 y por el lapso de tres años, los días 30 de cada mes se dieron encuentro en Plaza Once, a metros del local siniestrado. Como testigo de esa noche, allí estaba el santuario construido de forma espontánea sobre la calle Bartolomé Mitre, y a su lado la Plaza de la memoria ahora inexistente. El derrotero del reclamo los llevaría caminando, marchando, ordenados y repitiendo sistemática y coherentemente sus consignas, como si de un ritual se tratara, hasta Plaza de Mayo.

Y ahí estaban, imbricados en una lucha tensa, conflictiva, personas que quizá no compartían las mismas ideas sobre el mundo, ni provenían de hogares con características comparables, ni tenían historias familiares similares… incluso, muchos estaban allí por motivos que reflejaban que “justicia” no significaba lo mismo para todos: madres y padres de fallecidos que querían ver a la mayor cantidad de acusados presos, jóvenes sobrevivientes que pedían que no se incluyera a Callejeros en esa lista, militantes de partidos de izquierda que creían que la justicia verdadera no era posible sin revolución, personas solidarizadas con la causa que no trazaban claramente una división entre víctimas y victimarios y que, por lo tanto, no se animaban a exigir nada sino solo a acompañar… y ahí estaban: ellos eran el movimiento que realizó más de 110 movilizaciones pidiendo por los chicos.

Durante esos años Cromañón se reveló como un suceso incómodo para muchos sectores: las acusaciones a algunos actores políticos como el entonces jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, que formaban parte del progresismo local respaldado por sus vínculos con el mundo de los derechos humanos, ponían en un lugar difícil a quienes reclamaban justicia.

Junto a las posiciones tensas y a veces divergentes sobre qué significaba “hacer justicia”, familiares y sobrevivientes mantenían vínculos recíprocos de parentesco, conocimiento interpersonal y afecto. Esos padres y madres lo eran de chicos fallecidos que habían sido los amigos, primos, novios, de los sobrevivientes. Esos sobrevivientes eran amigos, primos, novios de esos hijos que ya no estaban. Estas relaciones cruzadas contribuyeron a que el movimiento perdurase en el tiempo y lograra superar dificultades y desafíos.

En esta etapa los familiares de los chicos fallecidos tuvieron la voz protagónica y fueron la voz principal del movimiento. Entre 2005 y 2009, año en que finalizó el juicio principal (con una mayoría de acusados liberados pero luego encarcelados a instancias de sentencias revisadas por tribunales superiores), se condensó aquella primera etapa de búsqueda de justicia.

DE LA BÚSQUEDA DE JUSTICIA A LA REPARACIÓN

Pero decíamos que Cromañón es un suceso cambiante… A partir de 2010 un grupo de sobrevivientes, junto con algunos familiares, comenzaron a trabajar en una ley de reparación integral –que fue aprobada en 2013– a fin de garantizar acceso a servicios de salud, un mínimo subsidio, capacitación laboral, entre otras cuestiones. Casi sin saberlo, como suele ocurrir, estaban siendo protagonistas de una refundación del movimiento. Estaban iniciando una nueva etapa que ya no estaba centrada en la búsqueda de justicia sino en la de reparación. Ahora los protagonistas serían ellos, ellas, los y las sobrevivientes.

Desde entonces, un gran número de sobre vivientes que cuando ocurrió el hecho eran apenas adolescentes se sumaron como adultos comprometidos con su recuperación y con la de otras víctimas y damnificados. En estos últimos años, entre las organizaciones existentes han trabajado por una ley de reparación integral definitiva que modifica la de 2013 que está próxima a caducar y que propone medidas concretas de inclusión laboral, acceso a los servicios de salud y de acciones de reparación simbólica. En estos meses se dirime el futuro de esa normativa vital para quienes atravesaron y siguen atravesando Cromañón.

Este nuevo sendero en búsqueda de reparación trajo consigo el trabajo por construir memoria y por ese motivo aquellas organizaciones han trabajado en diversas iniciativas. Así, lograron que fueran declaradas cuestiones de interés nacional el local y zonas adyacentes como el santuario, así como la Colección “Cromañón”, alojada en el Archivo Nacional de la Memoria que se encuentra en el espacio de promoción de los derechos humanos ubicado en la ex ESMA. Como parte de ese camino, actualmente están impulsando la expropiación del inmueble para que allí funcione un espacio conmemorativo. Una buena parte de esa tarea ya está realizada: a través de una ley que fue votada favorablemente en 2022 por unanimidad en la Cámara de Diputados de la Nación y con un solo voto en contra en la Cámara de Senadores, se ha decidido que el local sea sometido a expropiación. Sin embargo, el proceso de tasación previa que requiere la expropiación tenía un plazo máximo de dos años pero nunca llegó a realizarse. Por ese motivo, actualmente todo el proceso se encuentra amenazado.

Concretar esa iniciativa implicaría avanzar en una acción de reparación simbólica que retoma el ejemplo de espacios expropiados en los que se ejerció el terrorismo de Estado que, como se ha demostrado en esos casos, constituiría un avance trascendental para la memoria pública sobre lo sucedido. Ese espacio, que hoy se encuentra cerrado y abandonado, podría ser renovado, revitalizado, resignificado, y allí todos tendrían la posibilidad de contar su propia historia.

Escrito por
Diego Zenobi
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