El legado de Cecilia Grierson trasciende lo académico o lo profesional. Es un legado social y cultural que desde el ejercicio de la práctica médica y la docencia, abrió innumerables caminos que parecían –y eran– insondables. Caminos que abrieron paso a las mujeres desde los estertores del conservador siglo XIX al mundo de las ciencias y el trabajo calificado y que es el germen del masivo movimiento de mujeres presente en la Argentina y el mundo. Pero también sirvieron de flujo para la aplicación de protocolos novedosos que hoy son parte del día a día en la asistencia sanitaria, sin olvidar su gran aporte a la profesionalización de las asistentes de la salud, con la creación de la escuela de enfermería. Así lo expresan hoy referentes de la cultura, la ciencia y el feminismo en momentos en que su figura se revaloriza cada día un poco más.
“Haber sido primera médica argentina ya es una condición de excepcionalidad, no fue la primera en inscribirse pero sí la primera egresada”, destaca la socióloga e historiadora Dora Barrancos, quien dirigió el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). “También la contamos entre el grupo de las primeras universitarias argentinas que adhirieron al feminismo. Ella participó a fines del siglo XIX de un gran Congreso que se había hecho en Londres, ella vino muy impactada de ese Congreso y al volver está con mucha presencia en la creación del Consejo Nacional de Mujeres”, agrega Barrancos y advierte que este grupo no tenía “una posición estrictamente, ortodoxamente ‘feminista’, eran figuras convocadas por la idea de una progresión social de las mujeres. Y Cecilia correspondía a un grupo que era, podría decirse, un poco más radicalizado. Porque ella efectivamente había interpretado con mucha convicción y entrañablemente toda la discusión que había transcurrido en Londres y efectivamente estaba más cerca de lo que podía ser el feminismo tal como se transitaba, con cierta integralidad, todos los derechos truncados en ese momento: la igualdad jurídica de las mujeres, el derecho al voto pero sobre todo el derecho a la educación en igualdad con los varones”. Por esta razón “Cecilia se va a separar de ese Consejo y desde mi perspectiva tiene que ver con un punto de vista más profundizado que tenía sobre los derechos de las mujeres, el resto del Consejo tenía un apego más conservador”.
Para Barrancos, estas acciones llevan a recordarla como “una pionera del feminismo”, sobre todo “por esa posición que tiene de separarse de las concepciones más conservadoras y de haber estado participando fuertemente en lo que sería la organización del Congreso Femenino de 1910. Entonces hubo dos, uno que protagonizaron las mujeres más cercanas al feminismo y el Congreso Patriótico de Mujeres, que fue un congreso del establishment. Pero ella tuvo animación en el Congreso Femenino, paralelo a este”, apunta.
La autora del libro Cecilia Grierson: una lucha sin tiempo, Adriana Fiedczuk, licenciada en museología y vinculada al Museo de Agrobotánica, Historia y Naturaleza (MAgNa) Santa Catalina de la Universidad de Lomas de Zamora, plantea que con Grierson, el ingreso de la mujer al mundo de la medicina impulsa un
cambio de paradigma que llega a nuestros días. “Lo que logra la mujer cuando empieza a actuar en medicina es un cambio de paradigma. El paciente ya no es un caso científico, sino una persona. Y se la ve de una manera total. Esta persona está enferma pero tiene una vida, un trabajo, le pasan cosas y el médico hombre, hasta el momento, iba, veía la enfermedad y se retiraba. A partir de ella, se van a ir muy lentamente recibiendo mujeres en el ámbito de la salud. Son las que hoy consideraríamos como las pioneras de la medicina social, que se enfocan en la persona que no tiene acceso a la salud o vive en condiciones que no son higiénicamente aceptables. No nos olvidemos en ese momento de la clase más baja, la clase obrera en que trabajaba la mujer y era explotada, la explotación del trabajo del niño. Y todo en las paupérrimas condiciones que había, eso es lo que más la compromete a trabajar”, describe. “El tema de la higiene de los hospitales, no existía. Ella lo va a imponer y va a decir constantemente lo que le costaba hacer entender el valor que tenían esas ideas, desde el punto de vista científico y humano. Incorpora la higiene permanente y continua, la asepsia, la importancia de la ventilación, la higiene del enfermo. Por eso la creación de la escuela de enfermería, porque tenía que haber personal capacitado para asistir a esas personas”. Grierson logra imponer, dice Fiedczuk, un método de abordaje de la asistencia impensado entonces: “en cuanto a los niños que estaban internados ella impone algo que después se hace muy popular con Eva Perón, por supuesto, pero fue idea de ella, el hecho de regalarles juguetes a los niños que estaban enfermos, de visitarlos, de decorar las habitaciones con imágenes alegres, infantiles, cosas que hoy parecen mínimas, cotidianas, pero no existían antes de que ella las impulsara”, relata.
OBRA MAESTRA
Con respecto a lo que Fiedczuk llama “su obra maestra”, que es la creación de la escuela de enfermería, explica que en 1882 y aún siendo estudiante Grierson empieza a notar con inquietud la falta de personal de enfermería. “Se preocupa por investigar y copiar el modelo de enfermería que trae de Inglaterra y de adaptarlo al sistema de nuestro país y crea la primera escuela de enfermería, aún siendo estudiante, y empieza a dictar clases y en todos los lugares le van cerrando las puertas. Y llega a un punto en que termina dando clases en su propia casa para formar a estos enfermeros y enfermeras. Recién cuando asume en el Ministerio de Salud –que no tenía ese nombre– el doctor Emilio Coni va a oficializar esta escuela de enfermería que hoy lleva su nombre. Es su gran obra maestra”, cuenta.
En el libro Historias de la enfermería en Argentina. Pasado y presente de una profesión, la historiadora e investigadora del CONICET, Karina Ramacciotti, apunta que “el modelo impulsado por Grierson fue explícitamente retomado por otras escuelas provinciales, tal es el caso de Rosario, retomado en este dossier por Natacha Bacolla y José Ignacio Allevi. El médico Clemente Álvarez, director y fundador de la Escuela de Enfermeros dependiente del municipio rosarino (1911), tomó sus principios para organizar dicha escuela y también redactó los primeros manuales de enfermería tomando como base los traducidos por Grierson. Esto inauguraría una tendencia habitual en el armado de los materiales de estudio de las escuelas de enfermería, los cuales estuvieron redactados por figuras masculinas, a pesar de que muchos de ellos retomaban los manuales de Grierson o los contenidos impartidos”.
Además destaca que “Cecilia fue una de las feministas más valoradas luego de su muerte que durante su vida”, una condición por la cual también sufrió en el último tramo de su existencia. En ese sentido, Barrancos no puede dejar de destacar que a Grierson se la recuerda “sobre todo por la persistencia notable ante las adversidades que enfrentó por las posiciones patriarcales de la época por las que no se reconocían debidamente a las mujeres en la profesión médica”. Esa persistencia, para Barrancos, tiene mucho de épica y define las luchas que siguieron ese sendero en forma continuada hasta hoy: “La analogía que podemos hacer con el hoy es el propio movimiento feminista, tan agrandado y desbordado a los sectores populares. Lo más analógico que existe es la fuerza y el empeño que sigue poniendo el feminismo, muy redoblado a causa de haberse convertido hoy en una fuerza de masas, a diferencia de la época de Cecilia en que el feminismo era un ghetto”.
