Decía Mempo Giardinelli en una nota con Mona Moncalvillo en la revista Humor, en 1991: “Creo, como Marguerite Yourcenar, que un escritor es aquel que todo acontecimiento que sucede lo tiene que poner en palabras. Recordarás aquella imagen de Yourcenar que es maravillosa, que dice que si a un escritor le tiran un guante en la cara, el tipo ni se ofende, ni se pone a gritar, ni le da una trompada al otro, sino que agarra el guante, lo investiga claramente y escribe un texto sobre el guante. Yo tomé así este hecho. Yo no soy un ensayista, no soy un filósofo ni un pensador, solamente soy un escritor, un ficcionista, un tipo que tiene algunas ideas de la realidad y le mezcla un poquito de imaginación y hace un cóctel medio bastardo y sale literatura”.
Revisando textos me encontré con lo que significa escribir y qué representa ser escritor. En la Argentina hay muchos escritores y escritoras, personas que se pasan horas frente a la computadora, antes máquinas de escribir, y se sumergen y nos sumergen en esos territorios mágicos.
Para Omar Ramos, escritor y periodista, escribir es una forma de vida: sin métodos establecidos, escribe, corrige incesantemente, se nutre de lo cotidiano. Comenzó escribiendo poesía, luego se inclinó hacia la narrativa y en la actualidad volvió a picarle el bichito de la lírica.
–¿Cómo surgió su nuevo libro?

–Me enteré de que estaban seleccionando escritores argentinos para publicar en la editorial Ápeiron de Madrid. Mandé a través de mi editora, Viviana Rosenzwit, una antología personal de cuentos que elegí de mis cinco libros de relatos publicados y le agregué dos inéditos. Les gustó y me lo publicaron en España. La antología se llama La palabra nos da vida. Yo había publicado con la editorial Planeta en la Argentina y Brasil y distribuyeron en Uruguay, Chile y Colombia, pero es la primera vez que publico en Europa. Seleccioné temas diversos, entre ellos un cuento sobre Borges, a quien entrevisté en 1981. Por un lado, publiqué la entrevista en el diario Los Andes de Mendoza y en la revista First. Posteriormente volví a ver a Borges en la representación teatral de su cuento “El libro de arena” y charlamos sobre ese texto y también sobre su cuento “El otro”. Fue generoso en cuanto a explicarme los pormenores de la creación de esos cuentos y disparó en mí la ficcionalización de los encuentros en el relato que inicia este libro y que se denomina “El encuentro”. Algo similar me pasó con Julio Cortázar, con quien tuve una charla cuando volvió al país en 1983. De ese momento inolvidable y del homenaje al que concurrí en ocasión de su muerte surgió mi cuento “Recordando a Julio”. Cierro los relatos de escritores con el texto “Cuento inédito del abogado Franz Kafka”, realizando un relato intertextual con La metamorfosis. Asimismo, el haber tenido una educación católica estricta y confesional me llevó a escribir “El cielo y el infierno” y Ese cura, donde en forma implícita abordo el tema del abuso sexual en la Iglesia católica. La violencia de género está presente en “Libranos del mal” y la fantasía de un niño y su vínculo con sus padres en “El globo”; la clonación de seres humanos en “Los hermanos”; la ficción histórica en “La ilusión de mar dulce”, con Pedro de Mendoza que quiere casarse con una india, y “El dios entre los hombres”, que tiene como protagonista a Alejandro Magno, sus conquistas y la intriga de su muerte tan temprana.
–¿Cómo definiría sus cuentos?
–Defino mis cuentos como ficciones cuyos disparadores son una idea, temática, vivencias, noticias, sueños y testimonios, incluso de familiares, que luego convierto en un texto imaginario. Contrariamente al periodista, al escritor no le interesa la verdad, trata de lograr lo verosímil, salvo que, como César Aira, se escriba desde la desmesura y el delirio en una literatura de ruptura que admite lo inverosímil. Escribir es una tarea solitaria que al publicar se convierte en colectiva. Por lo general, mis cuentos tienen una estructura clásica, una historia donde la acción se dispara a través de un conflicto que sufre el protagonista, un peligro latente, como lo prefiere el escritor estadounidense Raymond Carver, y una subtrama donde trabajo la reflexión y disquisiciones que pueden abordar tanto lo psicológico como lo filosófico.
–¿Con qué género se encuentra más cómodo en el momento de ponerse a escribir?
–Me siento más cómodo con el cuento, donde en pocas páginas tengo que definir una situación. Relatar historias me permite investir distintas identidades. La poesía, que he retomado después de años, me remite a sentimientos íntimos, donde prevalece la evocación de la nostalgia. Por momentos, al escribir poesía siento que estoy pronunciando un conjuro o un rezo pagano.
–De sus libros publicados, ¿hay alguno por el que tenga un cariño especial? ¿Por qué?
–Es difícil hablar de preferencias, pero elijo la novela El dolor de la ausencia, con elementos autorreferenciales sobre la última dictadura cívico-militar en el ámbito de los tribunales, la impunidad judicial de esos años, y el terrorismo de Estado.
–Es presidente de la Fundación Victoria Ocampo. ¿Qué actividades realiza? ¿Cómo son los concursos literarios?
–Realizamos, en la medida de tener recursos, lo que actualmente es difícil para una asociación sin fines de lucro, concursos de cuento y poesía y publicamos los textos de los ganadores. También presentamos libros publicados por la editorial Victoria Ocampo y ciclos de literatura. Tenemos un programa de radio, El legado, donde entrevisto con el poeta Luis Benítez no solo a escritores sino también a actores, directores de cine, teatro y artistas visuales.
–¿Qué objetivos tienen?
–Con respecto a mi literatura me gusta citar a Cortázar cuando dice que hay que escribir pensando en uno mismo, pero hay que tratar de que ese uno mismo sean también los demás. Trato de transmitir sentimientos, desarrollar temas, reflexiones, dar carnadura a los personajes e incluso desplegar utopías. Con la literatura no se cambia el mundo, pero podemos contribuir a que sea un tanto mejor. Tal vez es una aspiración de décadas pasadas, pero no por eso menos válida.
–¿Cómo percibe hoy el lenguaje escrito en los medios digitales?
–La inmediatez del lenguaje digital lleva a que sea poco elaborado, llano en extremo y escasamente creativo. El apuro en editar y publicar nunca es bueno. Las ideas y su redacción necesitan un tiempo de maduración, análisis y enmiendas.
–¿Qué le preocupa de la escritura en la actualidad?

–Me preocupa que algunos escritores piensen más en publicar que en escribir y sobre todo menos en leer, eso produce, en algunos casos, que falta la elaboración y corrección adecuada. También que privilegien en demasía lo autorreferencial, el subgénero fantástico y lo distópico, dejen de lado el realismo social y desdeñen la ficción histórica que algunos califican como pasada de moda.
–¿Vive de sus libros? ¿Con qué dificultades se encuentran los autores en la Argentina?
–En todos los lugares del mundo son escasísimos los escritores que viven de sus libros. El escritor solo percibe el diez por ciento del precio de tapa. Vivo de mi profesión de abogado. Las dificultades para publicar son enormes dada la crisis económica y muchos escritores tienen que costearse sus ediciones.
–¿Qué opina de lo que ocurre con la cultura en el gobierno de Milei?
–Es un error el desfinanciar o suprimir el Fondo Nacional de las Artes, el Instituto del Teatro, el de Cine y otros entes culturales. Por otro lado, es importante su buena regulación y administración. Hay escritores valiosos, cineastas y dramaturgos que han logrado plasmar sus obras gracias a organismos estatales y obtenido premios y reconocimiento mundial.
–¿Qué proyectos tiene?
–Tengo dos novelas inéditas de ficción histórica y otra en elaboración cuyos protagonistas son Perón y el Che. Está por ir a imprenta una nouvelle que publicará la editorial Palabrava de Santa Fe. Escribir en tiempos difíciles no es solo una catarsis y una resistencia sino también enamorar el alma, lo que no es poco en tiempos de materialismo extremo.
¿Nos compartiría un fragmento del nuevo libro?
–El cuento “Lugares desde donde nunca se vuelve”: “El soldado Carlos Pereyra se arrodilló sobre el gélido barro de la isla. El agua le llegaba a la cintura, apenas sentía los dedos y temía que se le congelaran. Los aviones británicos bombardeaban la trinchera mientras el hambre desmoralizaba a la tropa. La cacería era sangrienta, el instinto de los gurkas no perdonaba. El sargento les había hablado de la enorme superficie de la Argentina y de la pequeñez de los países europeos. Se enorgullecía evocando las heroicas gestas de la independencia, las razzias antisubversivas y al sargento Cabral salvando al general San Martín. La enseña patria jamás había sido arriada y entregada al enemigo, pero cada tres disparos los fusiles FAL se trababan”.
“Creo que ese es el oficio, o si usted quiere –es una palabra más ambiciosa–, el destino del escritor: cambiar las cosas” (Jorge Luis Borges, entrevista con Bernard Pivot).
Omar Ramos nació en Buenos Aires en 1952. Es escritor, periodista y abogado. Publicó los libros Migración del sueño, poemas (1988); Lugares violentos, cuentos (1998), declarado de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires; El cielo y el infierno, cuentos (2003), primer premio Victoria Ocampo; Sangre en las botas, novela (2005); La elegida, primera finalista Editorial Planeta (2005), traducida al portugués; El último pecado, novela, Editorial Planeta (2009); Recordando a Julio, cuentos (2012); El dolor de la ausencia, novela (2019), seleccionada por el archivo histórico de la provincia de Buenos Aires; La ruptura, novela (2019); Ficciones reales, cuentos (2020); Memorias de familia, novela (2022). Además, se desempeña como crítico literario, de cine y de teatro, en distintas revistas nacionales e internacionales y en los suplementos culturales Radar Libros del diario Página/12, La Prensa, La Nación y otros medios gráficos. Dictó talleres de narrativa y periodismo en la Universidad de Buenos Aires. Fue coordinador de la Comisión de Cultura del Colegio de Abogados y en la actualidad es presidente de la Fundación Victoria Ocampo.
