El viernes 28 de junio se va a realizar un “Pantallazo nacional” en defensa del cine argentino. Distintos espacios autogestivos invitan al público a proyecciones gratuitas de cine nacional. En su organización confluyen gestores culturales, universidades públicas, productores, realizadores independientes, estudiantes de cine y sindicatos. Además de dar cuenta de la grave situación del sector audiovisual impuesta por las políticas del presidente Milei, el pantallazo busca evidenciar cómo esto impacta a nivel regional. Así el cine deja de ser una entelequia sin rostros, como busca construir el discurso oficialista, para mostrar que el cine nos atañe a la mayoría, para hacer visible el efecto que tiene la política de desguace cultural en la vida cotidiana de las personas, a uno u otro lado de las pantallas.
El constante ataque del candidato Milei a las instituciones de la cultura, con el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales como principal blanco, se volvió una brutal política pública. El último día de febrero asumió como presidente del Incaa Carlos Pirovano, un economista sin experiencia alguna en temas de cultura ni en la industria audiovisual. Ese mismo día decidió despedir a 130 trabajadores, con el argumento de que estaban mal contratados, y luego a otros 29 por problemas en el registro del fichaje electrónico. Desde entonces son más de trescientos los trabajadores desvinculados.
Un perfil definido
¿Quién es Pirovano? El realizador Fernando Krichmar cuenta lo que dijo a representantes de asociaciones de documentalistas. “Yo no sé nada de cine, pero sí de tenis –les explicó–. Una vez el padre del Mago Coria me dijo: ‘¿Sabés cuántos pibes de 6 años vienen con los padres y una raqueta por año? Unos cien. De esos sirven uno o dos, y a veces ninguno.” Así graficó su visión sobre el cine nacional.
Desde el comienzo llevó adelante la reorganización legal e institucional, que fue el puntapié inicial de su gestión. Cientos de despidos y pases a disponibilidad de trabajadores y trabajadoras más un nuevo organigrama, en el que eliminó la gerencia de fomento, que por ley es la principal función del Incaa. Para Nicolás Vetromile, delegado de ATE Incaa, la nueva estructura organizacional está hecha “a la medida de achicar, de destruir y de eliminar un montón de funciones que tiene el organismo. Como organización gubernamental administra un fondo de fomento público no estatal, porque no es dinero del Tesoro Nacional. Debemos recalcar que obtiene los fondos de impuestos que son de la misma rama a la cual pertenece el organismo”.
Para Pirovano, como para todo el gobierno, lo nacional parece no llegar más allá de unas pocas manzanas alrededor de su oficina. Busca transferir a las provincias –sin acompañar con recursos– programas de impacto federal como los cines móviles, las salas Incaa, las sedes de la escuela de cine dependiente del Instituto, el apoyo a festivales de cine y el programa “La escuela va al cine”. Además suspendió el apoyo a películas nacionales para que puedan estrenarse en todo el país y no solo en CABA, y el acompañamiento a las películas argentinas invitadas a festivales internacionales. Por esa misma decisión, canceló toda erogación que implicara viajes, reuniones o movilidad relacionados con actividades fuera del ámbito físico del Incaa. No quedaba mucho por hacer para paralizarlo, pero Pirovano dio el golpe final. El 10 de abril suspendió por noventa días el proceso de presentación de nuevos proyectos para obtener asistencia financiera –principal función del Incaa– y además ordenó devolver los proyectos presentados que no tuvieran aún resolución. De facto, el fomento al cine está cancelado.

Oposición y resistencia
Es unánime la oposición del sector audiovisual a las medidas de Pirovano. Tanto las productoras que trabajan habitualmente con plataformas y grupos internacionales como los sectores independientes más pequeños coinciden en que la producción está severamente afectada. No se pagan los subsidios ya otorgados y no se reciben nuevos proyectos para evaluación. En lo que va del año no se aprobó ningún nuevo proyecto, y lo poco que se está filmando son proyectos de años anteriores. Estiman que de un total de setenta películas de ficción realizadas el año pasado, en 2024 se podría llegar apenas a diez películas finalizadas.
El presidente del Incaa tomó estas decisiones a espaldas de los organismos de gobierno del Instituto, la Asamblea federal y el Consejo asesor, que no habían sido convocados. Los cambios que involucraron a la estructura y al plan de fomento corresponden a la Asamblea, órgano que define las políticas y que cuenta con la presencia de representantes de las provincias. Ellos objetan el poder de Pirovano para definir tales aspectos del Incaa.
Por la presión de gobiernos provinciales, el pasado 4 de junio se reunió la Asamblea federal. Para ese momento había circulado un proyecto del nuevo plan de fomento diseñado por la presidencia del Incaa, que limita toda forma de subsidios de proyectos a cuatro concursos. De avanzar el modelo Pirovano para el audiovisual nacional, se eliminarían los planes de financiamiento a la producción nacional y el cine argentino entraría en una encerrona fatal.
La Asamblea se manifestó unificadamente en rechazo de ese plan. Reclamó dar marcha atrás con la decisión de cerrar la recepción de nuevos proyectos, la cancelación del apoyo a las actividades en las provincias y de los programas de formación de públicos. Pirovano sostuvo que estas decisiones son meramente administrativas y por lo tanto son compatibles con su rol, con lo que se negó a acatar las exigencias de la Asamblea. Esta sostuvo su posición contraria a la potestad del presidente de tomar esas decisiones. Así se abrió un conflicto entre Pirovano y la Asamblea federal, que probablemente sea llevado a la Justicia. Por el momento hay un compás de espera y la Asamblea federal se mantiene en organización y atenta a lo que ocurra en el mes de julio, cuando debería reabrirse la aceptación de proyectos cerrada en abril.
Estas políticas implican la caída de miles de empleos formalizados en la producción audiovisual, la pérdida de casi 2 por ciento del PBI resultante de la industria, la imposibilidad para miles de personas de seguir formándose profesionalmente y la paralización de actividades en cientos de localidades argentinas.
Todo esto atenta contra la continuidad del acompañamiento estatal a procesos culturales en cada región y cada comunidad, como garantía de la sostenibilidad y vitalidad de nuestras identidades, y debilita el acceso federal, igualitario y diverso a los bienes culturales producidos en nuestro país. Las políticas llevadas a cabo por Carlos Pirovano, siguiendo el plan de Milei, son las de alguien que cree que los únicos tenistas que importan son los que compiten a nivel mundial. Ellos desprecian a cientos de miles que florencen en todo el país, cada cual con su talento, sus sueños y sus públicos. Esta es la disyuntiva que está en juego.
