Nacional o foráneo. En imagen real, ficcionada, documental o dibujada. Cualquiera sea la expresión artística, la figura de Juan Domingo Perón deambuló por la pantalla y los escenarios del mundo, a veces en su rol de estadista, otras como compañero de Evita. Un recorrido heterogéneo permite reconstruir por retazos una vida estrechamente ligada a la historia de nuestro país.
Salvando su presencia en cortos como Buenos Aires en relieve (1954) –que marcó el debut nacional de la tecnología 3D–, el primer recuerdo vivo de Perón en la pantalla grande está ligado a La hora de los hornos, monumental trabajo documental a cargo de Octavio Getino y Fernando “Pino” Solanas, como parte del Grupo de Cine Liberación (fundado junto a Gerardo Vallejo), que incluía una entrevista al mandatario en su exilio madrileño. El film se realizó en 1968 pero por obra y gracia de la censura recién pudo estrenarse comercialmente en 1973. Del binomio Getino-Solanas también son Perón. Actualización política y doctrinaria para la toma del poder y Perón. La revolución justicialista, ambas de 1971 y basadas en conversaciones donde se detalla la base de la doctrina peronista. Más acá en el tiempo, y también en formato documental, Leonardo Favio realizó la obra definitiva sobre el personaje, su época y pensamiento: Perón. Sinfonía del sentimiento (1999).
Mientras La hora de los hornos se proyectaba clandestinamente para pocos, llegaba a los cines la aparición más bizarra del político en un largometraje. En 1968 se estrenaba la comedia Che, Ovni, dirigida por Aníbal Uset y protagonizada por Jorge Sobral. Un hombre era abducido por extraterrestres en una ruta de Buenos Aires y aparecía de la nada en Madrid. Mientras intentaba entender lo que había pasado, el protagonista veía pasar un auto manejado por un dibujo de Perón y sus tres caniches, a quien un guardia trataba como si fuera real. El absurdo en su máxima expresión.
Al anterior le siguieron otros oprobios, filmados muy lejos de nuestro país y sin la menor intención de rigurosidad. James Farentino fue un Perón de reparto en Evita Perón (1981), con Faye Dunaway; y Jonathan Pryce terminó siendo casi lo mismo en Evita (1996), aquel despropósito musical pergeñado por Alan Parker en torno a la figura de Madonna. Osmar Núñez (Juan y Eva, 2011), Jorge Marrale (Ay Juancito, 2004), Darío Grandinetti (Santa Evita, 2022) o Armando Capó (Gatica, el mono, 1993) ofrecieron aproximaciones más certeras. Si bien no giraban necesariamente en torno a su figura, recreaban momentos específicos de su vida.
DOS, TRES… MUCHOS PERÓN
De la “vidriera irrespetuosa” que Discepolín describía en “Cambalache”, emerge un hombre a quien el destino ungió como “el Perón de la ficción”. Víctor Laplace tiene el mérito de haber colocado la figura del mandatario en lo más alto del cine argentino. Eva Perón (Juan Carlos Desanzo, 1996) le dio al actor la oportunidad de una composición que surfeó un mar de detractores, mientras recibía la benevolencia del ciudadano de a pie. Tanto así, que el actor redobló la apuesta, y en 2012 escribió, protagonizó y codirigió Puerta de Hierro, el exilio de Perón. Fue la primera ficción cinematográfica que se ocupó profusamente de los años del expresidente en España. Años más tarde, el actor retomó con su icónica máscara en un capítulo de la telenovela Padre Coraje, en la serie interactiva de 2022 Perón responde y en la obra de teatro Borges y Perón, junto a Jean Pierre Noher, como contrafigura. El cruce con el autor de “El Aleph” no fue el único que imaginó la ficción teatral. Perón e Yrigoyen, de Mariano Martínez y Tristán Casnati, o Cholita y Pocho, de Patricia Rom y Omar Capurro, forman parte también del catálogo inspirado en la vida y obra del presidente argentino.
La dramaturgia saltó del escenario al papel (y viceversa) en el libro ¡Perón vive! Cuatro obras peronistas, de Daniel Dalmaroni. A modo de prólogo, Lorenzo Pepe reseña: “Como estas páginas, estos cuatro textos teatrales parejos, plagados de un humor por momentos inocente, otros muy, muy negro, reflejan desde una perspectiva absolutamente humana –como es el peronismo– el devenir de un país y una historia perdidamente atravesada por el Movimiento Nacional Justicialista”.
Y ya en terrenos de literatura, el propio Perón sumó letras y pensamiento a la biblioteca con La fuerza es el derecho de las bestias, crónica en primera persona escrita desde el exilio. También a esos años pertenecen las charlas con Tomás Eloy Martínez, recopiladas y publicadas por el periodista en el libro Las vidas del General. Formato que se repite en Yo, Perón, de Enrique Pavón Pereyra, también basado en conversaciones con el líder político.
Otro volumen para destacar en la prolífica obra sobre la figura del mandatario es Perón, una biografía, con la curiosa excepción de que fue escrito por un estadounidense, Joseph Page. Una investigación basada en abundante material de archivo y entrevistas. Por fuera de la historia conocida, más allá de cualquier novedad documentada, se encuentra Perón, testimonios médicos y vivencias (1973-1974), de Pedro Ramón Cossio y Carlos Seara, médicos cercanos a Perón, que echan luz sobre la última etapa de su vida.
En las antípodas se ubica Las aventuras de Perón en la Tierra, de Luciano di Vito y Jorge C. Bernárdez, que se adentra en el costado más humano y pintoresco del personaje mediante anécdotas muy poco conocidas.
La figura de Perón en la escena cultural es inabarcable; sin embargo, hay una obra cinematográfica que la amalgama. En Eva de la Argentina (2011), dirigida por María Seoane, confluyen la animación, las imágenes documentales, con el estadista y su historia de amor. Una conjunción que reúne a Evita, al peronismo, a los movimientos populares y a Perón, en su carácter de protagonista indiscutible de la historia argentina contemporánea.
