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Caras y Caretas

           

El 17 de octubre del año “cero”

El final de Hitler y el principio de Perón tuvieron como protagonistas a personas poniendo las patas en la fuente que buscaban refrescarse para empezar una nueva etapa.

En Europa se ha denominado a 1945 año cero, debido a la profundidad de las consecuencias de la caída de Hitler, que habría de despertar la esperanza de refundación sobre bases democráticas. Los jóvenes celebraron el fin de la barbarie en tono festivo, con las “patas en la fuente”. Meses después, una foto similar tomada en Buenos Aires se convertiría en una postal icónica del 17 de octubre. Este juego de espejos nos sirve de disparador para detenernos en las reverberaciones del “año cero” europeo en el 17 de octubre argentino, fecha fundacional para el peronismo y nudo clave de la historia argentina que no puede desentenderse de los acontecimientos de escala global. El peronismo irrumpió en un contexto de vertiginoso cambio histórico.

La Segunda Guerra Mundial, una guerra total que dejó más de 50 millones de muertos, no podía sino traer fuertes consecuencias. A continuación, la Conferencia de San Francisco, la fundación de Naciones Unidas y los juicios de Núremberg trajeron expectativas de que el fin de los fascismos consolidaría la paz y la justicia. En muchas partes se desplomaron gobiernos y surgieron otros con impulso rupturista. En Brasil, la caída de Getúlio Vargas desembocaría en el triunfo del socialdemócrata Gaspar Dutra mientras que, en Gran Bretaña, el partido Laborista obtuvo un triunfo histórico que permitió afianzar el Welfare State. En Argentina, se formaría un partido homónimo que alzaría la candidatura de Juan Domingo Perón una vez que el gobierno militar llamó a elecciones democráticas.

Recordemos que en la Argentina regía un gobierno militar luego del golpe del 4 de junio de 1943 que había impuesto un tono marcial en el país, a través de purgas de cúpulas sindicales de izquierda, así como en las universidades. El gobierno militar encabezado por el general Pedro Ramírez (miembro del GOU) intentó suavizar sus facetas más autoritarias con medidas de corte social (control sobre valores de los alquileres y creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, que quedaría bajo la órbita de Perón, por ejemplo), pero no fue suficiente, puesto que toda la vida política había quedado en suspenso. El contexto internacional no tardaría en marcarle la cancha al gobierno debido a la fuerte presión de Estados Unidos sobre América Latina. Muchos actores de la sociedad civil y de la política multiplicaron sus reclamos para que se habilitara una salida democrática en el país, aunque en un primer momento los movimientos opositores debieron limitarse a actuar en la clandestinidad.

Para mediados de 1944, la atmósfera política se recalentó con la invasión de Normandía y la liberación de París. La guerra comenzaba a dar claras señales de que no tardaría en llegar su finalización. El gobierno respondió con la creación del Consejo Nacional de Posguerra, que introdujo en la agenda cuestiones de planificación económica: estaba preocupado por el impacto económico y social del fin de la contienda. Mientras tanto, Juan Domingo Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión continuaba trabajando en pos de ganarse la confianza de varios sindicatos, lo cual le permitiría convertirse en el rostro más amable de un gobierno marcadamente impopular. A la vez, el rechazo que se ganó entre los sectores propietarios y empresariales luego del discurso de la Bolsa de Comercio afianzó su vínculo con sectores de la clase obrera que comenzaron a verlo como uno de los suyos. El año clave fue, al igual que en la coyuntura mundial, 1945. Los militares, que querían evitar verse jaqueados por los crecientes reclamos democráticos, declararon la guerra a Alemania finalmente.

TIEMPO NUEVO

El tiempo de Juan Domingo Perón estaba llegando, pero todavía debía sortear resistencias en las propias filas militares. Finalmente, la efervescencia del 17 de octubre sacudiría el tablero: todos los actores se reacomodaron a continuación. Perón carecía de partido político propio, pero rápidamente los sindicatos conformaron el Partido Laborista y apoyaron su candidatura presidencial. Perón por su parte supo sumar a sectores de otras procedencias: nacionalistas, radicales (Hortensio Quijano, su compañero de fórmula), conservadores y católicos. También la oposición se reorganizó y así nació la Unión Democrática (con socialistas, radicales, comunistas, entre otros), con un tufillo a Frente Popular, aunque la coalición de los radicales y la izquierda llegaba con diez años de demora. Así, la campaña electoral de solo cuatro meses fue intensa y emocionante para ambos contendientes, recordada por la intempestiva intervención del embajador norteamericano Spruille Braden, que dio lugar al contraataque peronista y antiimperialista del eslogan “Braden o Perón”. El resultado fue el holgado triunfo de Perón en las presidenciales de 1946.

Si la Unión Democrática en 1945 evocaba los Frentes Populares de los años treinta que hablaban en nombre de la lucha antifascista, nutriéndose de los aires de liberación que venían de Europa, Perón y el movimiento que pronto llevaría su nombre dieron un paso más, puesto que optaron por un discurso cargado de reclamos de justicia social y de una liberación leída, esta vez, en clave antiimperialista, a tono con la agenda que se perfilaba desde las periferias no europeas. Como fuere, ambos fueron hijos de 1945 leído en clave global y mostraron que en el año “cero” de Europa ya nocabía abordar la política con una grilla proveniente de tiempos pretéritos.

Escrito por
Miranda Lida
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