Poeta, narrador y ensayista, Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es un gran creador que lleva publicados 44 libros de poesía, ensayo y narrativa en la Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay. En esta entrevista con Caras y Caretas habla sobre poesía y traza un panorama poético de la Argentina.
–¿Se piensa en los lectores cuando se está escribiendo?
–Es inevitable. Al buscar determinadas palabras y no otras, lo sepamos o no, estamos tomando en cuenta al otro. Además, el poema como tal solo comienza verdaderamente a existir cuando lo lee alguien.
¿Por qué poeta?
–Porque no puedo ser otro que yo mismo y eso incluye el ser poeta.
–¿Algo de la infancia o la adolescencia que lo haya llevado a ser el poeta que es hoy?

–Alrededor de mis 15 años ya venía escribiendo algunos cuentos muy malos pero todavía no le había prestado demasiada atención a la poesía, aunque sí leía poemas de autores argentinos y europeos. A partir de esa edad comencé a hacer intentos de escribir poesía, remedando mis lecturas de Raúl González Tuñón, José Portogalo, Nicolás Olivari, Pablo Neruda, César Vallejo, los dos Machado, Federico García Lorca, Gabriel Celaya y Pedro Salinas. Poco a poco me fui concentrando en el género, pero no logré dar con algo que me indicara el camino hacia mi propia voz hasta 1975, cuando ya tenía 19 años, aunque seguí ampliando mis lecturas de poemas con las obras de otros autores, como Cesare Pavese.
–¿Qué escritores lo marcaron y por qué?
–Fundamentalmente, Poemas completos, de Dylan Thomas, en la traducción de Elizabeth Azcona Cranwell, editado por Corregidor. Fue el libro que en 1975 me mostró el camino hacia mi propia voz. La influencia de Thomas, tan notoria en mi primer libro publicado, Poemas de la tierra y la memoria (1980), fue aquella de la que más me costó librarme posteriormente. Y además de Thomas, Allen Tate, César Vallejo, José Emilio Pacheco, Denise Levertov, Homero, Virgilio, Jorge Luis Borges, Cesare Pavese, José Watanabe y Emily Dickinson. Ellos me ayudaron a comprender los recursos discursivos posibles, a buscar por mi parte sus combinaciones, a dirigir mis lecturas después a otros poetas que, por afinidad u oposición a lo que ya había aprendido, fueron complementando mi educación en el género.
–¿Cómo definiría al mundo literario? ¿Cuánto pesan los egos en ese universo?
–El mundo literario es un fenómeno muy amplio, ya que abarca múltiples géneros. En cuanto al de la poesía, es heterogéneo, hay una rica variedad de poéticas, estilos y discursos, con sus logros y sus pifias. Como en letras nada desaparece, hay estéticas que hoy son remanentes, pero eso no significa que mañana no vayan a estar nuevamente en primer o segundo plano. Pese a las dificultades económicas y de todo tipo que afronta la poesía argentina, es notable la cantidad de editoriales especializadas en el género, el número de autoras y autores en plena producción en todo el país, la frecuencia de encuentros y festivales que se concretan en toda la Argentina, lo que habla de la buena salud de la poesía local. Respecto de los egos, es incluso necesario para afrontar lo duro del camino emprendido por los poetas un cierto grado de convicción acerca de lo válidas que son sus obras, siempre desde una óptica objetiva cuando esta se encuentra bien fundamentada, pero la hipertrofia de una autopercepción como figura descollante o disparate semejante no es más que hilarante. Pesan en el mundo poético, pero van en gran desmedro de las autoras y los autores que incurren en hybris.
–Un texto que lo haya cautivado tanto que lo tenga como cabecera.
–Contraelegía, de José Emilio Pacheco. Lo leo y lo releo para aprender a escribir poesía. En poesía se aprende siempre.
–¿Qué análisis hace de la poesía argentina?
–En el desarrollo de sus cuatrocientos años de historia, en paralelo con lo que resulta ser un factor común de la poesía latinoamericana, es aquella que ha sabido amalgamar las influencias de la poesía europea, la estadounidense y las influencias propias de lo nativo americano, para dar por resultado una renovación del género a escala occidental, aunque falta mucho para que este aporte esencial a la cultura de este hemisferio alcance su necesaria difusión de un lado y el otro del Atlántico y más allá. A escala local, se advierte una atomización de la poesía y sus gestores; falta un contacto más intenso y una mayor interrelación entre autoras y autores de todas las regiones de nuestro país, lo que depararía un notable enriquecimiento mutuo. Esta atomización es un problema serio que afecta a las distintas generaciones: los poetas de la generación intermedia no conocemos en profundidad a los noveles y viceversa. La tecnología brinda ciertos atajos para acceder a este imprescindible conocimiento y reconocimiento, pero no es suficiente dado el, por suerte, crecido número de autoras y autores que moran en nuestro país, realizan sus propias búsquedas estéticas y publican sus libros, aunque estos no poseen una difusión que resulte adecuada ni eficiente.
–¿En qué lugar ubica a la tradición poética argentina y en qué lugar a la poesía contemporánea?
–La tradición de cuatro centurias del género ofrece obras notabilísimas, lamentablemente no reeditadas como deberían estarlo la mayoría de ellas. Como decía el gran César Vallejo, “no hay dios/ ni hijo de dios/ sin desarrollo”. O sea que todo proviene de alguna parte; lo sepa el poeta o no, tiene siempre un precedente, alguien que inició el rumbo de lo que él está buscando, aunque bajo una forma diferente a la contemporánea. La poesía tradicional argentina es nuestra herencia y punto de partida; la conozcamos en profundidad o apenas nos hayamos asomado a ella, nos fue transmitida por todo lo que leímos, transportada a su manera por autores más recientes que aquellos que la forjaron. La contemporánea dice con otras combinaciones y de modo formalmente diferente lo esencial que contiene toda la anterior, insisto, lo sepa o no el autor o la autora de nuestro tiempo. Los factores negativos de una y otra: en lo que hace a la anterior, inevitablemente han envejecido en lo formal muchos de sus componentes; la contemporánea adolece, según sea el área de ella que examinemos, de falta de lecturas, de exceso de experimentalismo por el experimentalismo mismo (lo que importa de un experimento es el resultado final, no las pruebas fallidas) y de una convicción infundada respecto de que acaba más o menos de fundar el género. Por supuesto, en uno y otro campo, lo anterior y lo presente, estos factores son propios de los peores casos y que los hay, los hay.
El artista y su marco

Durante la entrevista, Luis Benítez cuestionó la reducción del Programa Sur de apoyo a las traducciones, implementado desde febrero de 2009 por la Dirección de Asuntos Culturales. “En 2009 fue declarado ‘cuestión de Estado’ por la gestión de aquel entonces y sobrellevó otras, hasta el presente, sin sufrir mermas y posibilitando que más de 1.800 títulos de autoras y autores argentinos fueran publicados en el exterior, subvencionando traducciones a más de cincuenta idiomas. Otorgaba un máximo de 150 subsidios anuales con un tope de 3.200 dólares para cada título seleccionado. Hoy, ese presupuesto, que para un Estado no significa la quiebra ni mucho menos, se ve reducido a unos ínfimos 20 mil dólares, lo que daría para traducir y editar algo así como… ¡ocho o diez títulos! Yo mismo tengo varios títulos traducidos y editados en el exterior gracias al Programa Sur, en Italia, Francia, Rumania, Estados Unidos. Y quiero destacar que el Programa Sur tiene un efecto sinérgico en cuanto a la difusión de las letras nacionales en el exterior: a partir de las publicaciones subsidiadas por el Programa, recibí ofertas (que acepté, por supuesto) de otras editoriales extranjeras –de Seattle, de París, de Italia, de Inglaterra– que querían traducir y publicar obras mías sin apelar al subsidio.” El poeta aseguró que aun si en la gestión que suceda a la presente se restaurara el Programa Sur en su versión original, el daño ocasionado durante cuatro años será irreparable. “Pero los gobiernos pasan y la cultura queda. ¿Alguien recuerda quién era el ministro de Economía cuando Walt Whitman escribía Hojas de hierba?”.
–¿La vida cotidiana se relaciona con la poesía o son instancias alejadas?
–De la vida cotidiana surgen muchos puntos de partida para escribir un poema y, por otra parte, la poesía contiene, reformulados por el género, elementos propios de la vida cotidiana. En tal sentido, toda poesía es social, porque ingresa en la vida cotidiana de quien la lee y la modifica.
–¿Cómo define su poesía? ¿Llegó a la voz poética?
–Participan en ella la metafísica, lo lírico, lo social y la impronta existencialista. Utilizo recursos variados y trato de amalgamarlos de manera distinta en cada etapa de mi poética, ya que creo en una renovación constante del discurso, a fin de evitar la retórica cristalizada y la autofagia que siempre acecha a los creadores que se sienten cómodos empleando un mismo y repetido estilo. En cuanto a haber alcanzado una voz poética personal, aunque lograrlo es trabajo de toda la vida, estimo que ya mis poemas son distinguibles para aquellos que han seguido mis obras desde antes.
–¿Se explican los poemas?
–Si son poemas, ingresan a la sensibilidad del lector por una doble vía: la emocional y la conceptual, por lo que no necesitan de una explicación. Lo que sucede es que la poesía es el género más exigente con sus lectores, y en general este precisa un determinado nivel de preparación para ingresar en sus sentidos y potencialidades.
–¿Qué rituales tiene a la hora de escribir? ¿Cómo surge un poema?
–Primero surge una sensación, motivada por el comentario de un tercero, una lectura, algo que veo por TV o escucho por la radio. Llamo a esa sensación “el fantasma”: progresivamente se va convirtiendo en palabras, generalmente el comienzo o bien el final de lo que puede ser un poema, raramente consiste en su desarrollo. A eso lo llamo “el monstruo”: hasta aquí los procesos son mentales. Escribo lo que tengo del monstruo y allí comienza a diversificarse y tomar forma más concreta. Nunca tiene el poder, la impronta del fantasma es una decantación de esa pura y potente sensación. La poesía siempre es un fracaso, en tal sentido: lo que queda en el papel es un vestigio apenas de esa sensación inicial. Primero escribo con estilográfica, después transcribo a la PC y comienzo pacientemente a corregir una y otra vez, hasta llegar a la versión final, lo que puede demorar días o semanas. No tengo un horario fijo para escribir poesía; sí cuando escribo novela o ensayo, que requieren mucha disciplina y trabajo sistemático y muy ordenado. Tiene que haber absoluto silencio a mi alrededor y debo estar provisto de café negro, cigarrillos rubios y whisky escocés.
–¿Qué lo lleva a escribir?
–Es una necesidad inevitable, tan perentoria como respirar.
–¿Cómo se da cuenta de que un texto es poesía?
–Porque percibo en él la alusión a lo inefable, a lo que no puede ser descrito con palabras, pero a cuyo territorio la poesía es el único género capaz de aproximarse, casi hasta tocar esa frontera.
–¿En la actualidad hay un deterioro del lenguaje?
–Desde luego que sí. No solo en el habla, sino también en la lengua escrita. Es frecuente encontrar errores de ortografía y sintaxis en los mass-media, en las redes sociales y también en obras que aspiran a lo literario, donde no se trata solamente de simples erratas (que siempre las hay, inevitablemente), distracciones del corrector o el editor, sino de algo más grave, producto de la falta de lecturas y del influjo de errores de expresión que infestan a ciertos autores, y no hablo solo de los noveles, sino también de aquellos que contando con el lobby de los grandes grupos editoriales aparecen como “consagrados” gracias a las cifras de ventas de títulos que son, simplemente, paraliteratura.
–¿Qué lugar ocupa la espiritualidad en el proceso creativo?
–Como soy materialista y no creo en lo más mínimo en la existencia de lo sobrenatural, estimo que ninguno. Por supuesto que, al ser materialista, me interesa muchísimo todo lo relacionado con lo sobrenatural. Los “saberes imaginarios” tienen un encanto muy especial.
–¿Hay poemas buenos y poemas malos?
–Solamente hay poemas. Un poema “malo” no es un poema.
–De los poemas escritos, ¿cuál es su preferido?
–Uno muy breve, titulado “Sobre la necedad de los cuentos de hadas”. Al menos por ahora ese es mi favorito.
–¿Cómo fue encontrar un editor para el primer libro y cómo es en la actualidad?
–Como casi la totalidad de mis colegas, tuve que pagarme mi primer libro, Poemas de la tierra y la memoria, y también varios de los siguientes. A partir de mediados de los años 90 ya no tuve que hacerlo. Publico cuando un sello editorial me puede publicar. Lamentablemente, en la Argentina son muy pocas las editoriales que publican autoras y autores de poesía y aun de narrativa por su cuenta, lo cual es perfectamente entendible por la situación económica y lo chico que es el mercado editorial local. De hecho, me resultó más fácil publicar en el exterior que en mi propio país.
–Poesía escrita por mujeres y poesía escrita por hombres, ¿hay una diferencia?
–Ninguna, salvo el talento, que no es privativo de uno u otro sexo. Hay autoras brillantes, mediocres y muy malas, tal como sucede con sus colegas masculinos. Cualquiera puede ser mujer u hombre o tener otra definición en cuanto a su sexo, pero no cualquiera puede ser poeta. La sexualidad biológica o la preferida por el individuo no vienen con talento incluido.
–¿Por qué los medios de comunicación tienen poco en cuenta a la poesía?
–Los medios de comunicación de masas –que son los verdaderos “educadores” de las multitudes, los que definen cuáles deben ser sus opiniones, creencias, prejuicios, opiniones políticas, culturales, sociales y económicas y hasta cómo deben autopercibirse ellas mismas– no tienen mayor interés por la cultura y todavía mucho menos por la poesía. Simplemente, porque estiman la cultura como algo poco rentable en relación con otras actividades humanas y a la poesía como prácticamente nula en tal sentido. La única forma de difusión masiva es la que dan esos medios, moldeadores del hombre y la mujer de nuestro tiempo, como queda dicho, y en tanto no induzcan a las masas a “consumir” poesía como consumen bienes y servicios (que en la mayoría de los casos no precisan en absoluto) la poesía no podrá volverse masiva de ningún modo. De hecho, no lo fue jamás: en la Antigüedad y en la Edad Media su circulación se limitaba a un segmento de los grupos selectos que, en principio, sabían leer y escribir, y en la modernidad, pese a la difusión de la alfabetización a una escala nunca vista hasta entonces, tampoco la poesía se volvió masiva, ya que no solo para disfrutar de ella alcanza con saber leer y escribir, sino que implica una formación muy trabajosa. Los medios “enseñan” que todo debe dársele al consumidor previamente digerido y ello muy intencionadamente, facilitándole adherir a tal o cual postura con el menor esfuerzo posible. La poesía no se puede simplificar, porque en su misma esencia es algo muy complejo. De hecho, la poesía, cuando aparece referida en los programas populares de la TV, es mostrada como cosa ridícula y pasada de moda. Los escasos espacios pretendidamente dedicados “seriamente” a la cultura en los medios masivos de comunicación están dirigidos –como en el pasado remoto– a una élite cada vez más reducida, porque en general la cultura y en particular la poesía no son valores concretos ni simbólicos en nuestro tiempo.
Cuatro poemas de Luis Benítez
“Sobre la necedad de los cuentos de hadas”
los buenos casi nunca ganan.
el amor es más débil.
por lo habitual ni tarde ni temprano
se hace justicia y el tiempo
no es capaz de curar
ni la más mínima herida.
¿pero qué sería de nosotros
–comprendé, estimá y valorá–
sin los cuentos de hadas?
“Tuviste varios horizontes país”
aunque los días de grasa y los años de fuego
te frieron como un biscocho todavía parecés ser
esta materia hecha de paisajes y familias
donde cada tanto alguien le pregunta a otro qué sucedió
qué te llevó a hacernos ciertas cosas
parecidas al crimen o a eso que nadie osa mencionar entero todavía
como una vergüenza escondida en fotografías oportunamente quemadas
o parientes sepultados en el fondo de la casa en la madrugada
cuando nadie está despierto y quien lo está
no quiere ver y se ampara en la gastada historia
de la pesadilla y el insomnio
fui educado para amarte país
yo lloraba de niño cantando la oración a la bandera
y fui la última generación encontrada la última bala de tu ruleta rusa
el clic en la sien que hace despertar en otro mapamundi
donde busqué tu silueta de chica mala inútilmente
dándole manotazos cada vez más furiosos al globo terráqueo
fulana vieja sé que pasaste por muchas necesidades
(los últimos doscientos años no fueron nada buenos
pero para los muchos nosotros tampoco)
y espero que elijas mejor a tus gigolós mañana
por el bien posible de tus hijos también
el internado donde nos dejaste huele a meadas de perro
y nadie es muy amable en ninguna parte
además de que no venís a verme demasiado a menudo
extraño todas esas promesas de cariño
cuando me engendraste en un hospital municipal
tan tuyo parir entre goteras
y hacer llorar a los inocentes por mano ajena
sonriendo como si no tuvieras culpa alguna
esperando felicitaciones y flores y bombones
entre almohadas y atenciones donde brilló
entera y rota y en una parte nueva
tu vieja sangre
“Alta costura”
no hay profesión peor
que la de los diseñadores de moda.
esos que dictaminan convencidos
que para esta prolongada temporada
el largo de los versos
debe llegar hasta la rodilla
o bajar hasta los tobillos.
sus agrias mannequins desfilan luego
por todas las pasarelas disponibles
semejantes a enormes frutillas
–un gran salmón encarnado
trastabillando sobre altísimos zapatos–
o parecidas a ridículas cacerolas vueltas abajo
listas para el prometido aplauso
de la repetida tediosa novedad.
si el “cómo” debe estar medio desnudo
si corresponde que se vea el “qué”.
sus creadores aseguran que de haber sido invitados
homero y t. s. eliot dirían “está bien”
y casi ninguno vacilará en aceptarlo.
en todo asunto el dictado de la moda
es la peor cosa de este mundo.
“Hormigas”
este camino viviente
que atraviesa el jardín
viene de un país
que no es el nuestro.
aunque todo el tiempo
atravesamos la superficie del otro reino
desconocemos sus selvas diminutas
el desolado desierto de una baldosa
la efímera catarata de una canilla abierta
los sucesivos abismos que abre una escalera.
abajo y alrededor de nosotros
otro mundo infinito se derrama.
nos inquieta que ese entrevisto dominio
se asemeje tanto a lo que vemos
desde la ventana de un vigésimo piso.
muy lejos y a nuestros pies
otros asesinatos heroísmos y maldades
tienen sus tiempos y ocupan sus lugares
de un modo que juzgamos mecánico:
el sentido de esos días que transcurren distintos
como mucho es un enigma
que enseguida desdeñamos.
su remoto parentesco nos asusta
cuando observamos a un niño
prestarle su atención más entera:
olvidará al crecer las veces
que fijó los ojos en el otro reino
aquel que como el nuestro
comenzó el mismo día.
Reconocimientos
Luis Benítez recibió el título de Compagnon de la Poésie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Es miembro de la Asociación de Poetas Argentinos (APOA), de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina (SEA) y del Centro PEN Argentino.
Recibió numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10° Concours International de Poésie (París, 2003), el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2007) y el Tercer Premio Municipal “Ricardo Rojas” de Novela (2022).
Su último libro publicado es La vida entera. Una antología (Pro Latina Press, 2023).
