Desde la asunción como presidente de Javier Milei, pocos rubros de la economía pueden ufanarse de vivir buenos tiempos. Uno de ellos es el informático. La empresa Alegra, que desarrolla un software para pymes de la región, anunció hace pocas semanas que busca incorporar a 145 personas. Con un detalle: todas trabajarán de forma virtual.
Hoy el teletrabajo es una realidad en la Argentina. Pero hace apenas diez años era impensado. ¿Qué pasó en el medio? Cambios culturales. Y la pandemia. Antes de ella, apenas 17 de cada 100 trabajadores lo hacía de manera remota; en las mujeres, solo el 14 por ciento. En lo virtual también se exponen las brechas de género. Y de poder: los cargos gerenciales hacen más teletrabajo que los administrativos o productivos.
A partir de la covid-19 y el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO), el crecimiento fue exponencial. Según un estudio de la consultora Adecco, el 70 por ciento de las empresas en la Argentina implementó el trabajo remoto durante esa época. Muchas transformaciones perduraron. En hospitales como el Italiano, casi el 20 por ciento de las consultas son por telemedicina. El lado B: la precarización de los profesionales de la salud y diagnósticos no siempre tan certeros.
De acuerdo con un trabajo de Cippec, tres de cada diez personas ocupadas podrían trasladar sus tareas a la esfera digital. La crisis socioeconómica, el talento nacional y la facilidad tecnológica de un mundo globalizado posicionan a la Argentina como un centro apetecible de trabajo remoto para firmas extranjeras. Nuestro país terminó 2023 como el tercero de todo el mundo en cantidad de empleados que desarrollan tareas para el exterior.
El dato salió publicado en el Reporte Global de la plataforma de recursos humanos Deel, donde estiman que hay 250 mil “nómades digitales” a nivel mundial. En una nota de enero con La Nación, el representante de GEO Estudio y Opinión, José Lezama, destacó que “el recurso humano argentino tiene un muy buen nivel educativo universitario. La Universidad de Buenos Aires termina siendo en los rankings la universidad iberoamericana más importante, y eso es un sello de calidad difícil de encontrar en otros países”. Esas universidades nacionales reconocidas en el extranjero hoy luchan por sobrevivir frente a la asfixia presupuestaria del Gobierno.
AHORRO PARA LAS EMPRESAS
Para las empresas, el teletrabajo es sinónimo de ahorro en gastos, incremento de productividad, retención de talentos que desean otro modo de vida y más colaboradores free-lance. Para el laburante, significa mayor flexibilidad, autonomía, ahorro de tiempos de viajes, conciliar familia y trabajo, poder vivir en zonas alejadas (y más económicas). Pero por otro lado surgen las desventajas, desde la caída del “espíritu de equipo” y la falta de control hasta la dificultad de organizar los tiempos, más aislamiento y el no poder “desconectarse” de las tareas (algo que varios jefes aprovechan).
Juan Herrera, de la Universidad de Málaga, analizó 78 publicaciones de Web of Science que trataron conflictos derivados del home office. En su trabajo de investigación sostiene: “No existe consenso sobre que el teletrabajo mejore el equilibrio entre el entorno laboral y familiar”. Menciona un aumento del agotamiento y de la ansiedad: “Aislamiento psicológico”. Otros hablan de “tecnoestrés” y el problema de muchos para decir: “Aquí se detiene la vida laboral y comienza mi vida privada”. Encuestas europeas hallaron entre la población de teletrabajo un aumento de la automedicación y el dormir peor.
La mayoría de las empresas que contratan argentinos provienen de los Estados Unidos, Reino Unido y Chile. ¿Las áreas más solicitadas? Desarrollo web, educación, finanzas, atención al cliente y psicología. En los EE.UU. ya el 12 por ciento trabaja de manera remota, y otro 29 lo hace de manera híbrida. Igual los tiempos fluctúan. Amazon y Disney impulsan la vuelta a las sedes físicas. Incluso Zoom (la estrella del teletrabajo) les ordenó en agosto a sus empleados que regresaran a trabajar a las oficinas. Al menos dos veces por semana.
TECNOLOGÍA Y RELACIONES LABORALES
Luis Roa, docente de la UBA y de la Universidad de Moreno (UNM), destaca que la incidencia de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información en el marco de las relaciones laborales vuelven a poner en evidencia un dato genético del derecho del trabajo: “La asimetría de poderes entre empresarios y trabajadores. Las nuevas inteligencias potencian aceleradamente esa desigualdad”.
Menciona un desafío principal del derecho del trabajo: la construcción de mecanismos regulatorios que compensen –en los tiempos actuales– las desigualdades, “para que las nuevas tecnologías (que nunca son neutras) contribuyan a mejorar no solo productividad de las empresas, sino también la calidad de vida de los trabajadores, y a democratizar las relaciones laborales”.
Roa destaca el derecho a la información de los trabajadores, para tener conocimiento de los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial que afectan a la toma de decisiones que pueden incidir en las condiciones de trabajo, el acceso y mantenimiento del empleo e incluso la elaboración de perfiles.
Es uno de los puntos que incluyó la Ley 27.555 de Teletrabajo promulgada en 2021, que obliga a las empresas que trabajen con personal bajo esta modalidad a registrar el software o plataforma a utilizar ante el Ministerio de Trabajo e informarlo a los sindicatos de la actividad. La norma incorpora discusiones sobre la voluntariedad, el derecho a la desconexión y la compensación de gastos por parte del empleador (desde la instalación de equipos hasta las reparaciones).
Junto a la ley se creó la Dirección Nacional de Nuevas Formas de Trabajo, para acompañar, asesorar, articular institucionalmente y hasta concertar convenios colectivos de trabajo.
Pero el trabajo de cada época está ligado a su contexto. Los tiempos cambiaron y una administración libertaria llegó al gobierno. A través del tristemente célebre DNU 70, el Ejecutivo liderado por Javier Milei avanzó en derogar la obligación de las empresas de cumplir con el derecho a la información que planteaba la ley, e incluso limita el derecho a coordinar horarios compatibles con las tareas de cuidado. Las áreas del ex Ministerio, hoy Secretaría, están siendo desmanteladas. Cómo se transformará el mercado laboral en estos años es algo difícil de pronosticar. Aunque hay una certeza: será sin el acompañamiento del Estado.
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