Mientras el gobierno nacional avanza sobre los diferentes actores sociales, parece un acto de nostalgia o ciencia ficción repasar qué ocurrió durante la primera y la mitad de la segunda década de este siglo en materia de derechos, en sintonía con el primer peronismo. Pero su estudio puede ayudar a desnaturalizar sentencias actuales y percatarse que hasta hace apenas ocho o diez años atrás la mayoría avalaba un Estado presente, garantizando la cobertura de necesidades de quienes menos tenían.
La política es ante todo simbología. El primer acto de gobierno de Néstor Kirchner fue viajar hasta Entre Ríos con su ministro de Educación, Daniel Filmus. El objetivo: resolver un conflicto salarial de larga data. Vendrían las reaperturas de paritarias, la ley para garantizar los 180 días de clase y el financiamiento educativo estipulando que al menos el 6 por ciento del PBI se destine al área. Ya en la administración de Cristina Kirchner volvería el Plan Nacional de Lectura, cortado en el menemismo, que desde 2009 a 2015 repartió 55 millones de ejemplares. Y emergieron programas modelos como el Conectar Igualdad, que entregó más de 5,3 millones de netbooks con software libre.
“Cuando asumimos en 2003 el país estaba en una crisis profunda, no como la que dice Milei que sucede ahora. En aquel momento uno de cada cuatro argentinos no tenía trabajo. No había clases en casi ningún lugar del país. Leyes como la de Obediencia Debida y Punto Final estaban vigentes; la mayoría de las empresas públicas privatizadas, el país en default”, describe a Caras y Caretas Daniel Filmus, ex ministro de Néstor y Cristina.
Y acota: “Fue una época de recuperación de derechos y de otros totalmente nuevos, desde lo laboral hasta lo educativo, incluso el sistema de ciencia y técnica. Veníamos de la Alianza, donde Caputo planteó disolver el Conicet, total estaba internet. Todo con desarrollo económico. Néstor decía que la principal política social es la política económica”.
En los doce años de gobierno K se construyeron más de 2500 escuelas y se inauguraron 17 universidades. En paralelo se avanzó con el desarrollo científico. Tecnópolis, la creación de un Ministerio de Ciencia en las ex Bodegas Giol, satélites, vacunas y el programa Raíces (creado en 2003 y que repatrió a 1300 científicos y científicas hasta diciembre de 2015) son emblemas de un sector que hoy vuelve a la lucha contra el ajuste presupuestario de la gestión libertaria, que también decidió que Educación deje de ser Ministerio, algo que no ocurría desde la dictadura de Juan Carlos Onganía.
LA AUH
La iniciativa del kirchnerismo (sobre todo el primer cristinismo) estaba signada por el contexto: tras algún conflicto fuerte la respuesta era un nuncio que sorprendiera. Así, después del enfrentamiento con las entidades rurales vinieron la estatización de YPF, la de Aerolíneas, la Ley de Medios Audiovisuales (debatida en 24 foros y 80 charlas en todo el país y derogada con un simple decreto por Mauricio Macri) y la Asignación Universal por Hijo (AUH).
La AUH podría responder en cierta medida por qué el ajuste del actual gobierno no haya explotado definitivamente en una sociedad que hoy tiene más cobertura asistencial que en 2001-2002. La AUH también se explica en la estatización de las AFJP un año antes, que permitió financiar las asignaciones, las becas Progresar para estudiantes, el Conectar Igualdad y los créditos Pro.Cre.Ar, entre otras iniciativas lanzadas por la misma gestión. La nacionalización permitió sumar a 3,7 millones de personas que estaban excluidas del sistema jubilatorio: la cobertura previsional pasó del 66 al 97 por ciento, la más alta de América Latina.
Se aprobaron leyes contra la Trata de Personas, el Nuevo Estatuto del Peón Rural, la reforma del Código Civil y Comercial, el Voto Joven y la Ley de Tierras, que establece que los extranjeros pueden poseer hasta un 15 por ciento. Esa misma que el DNU 70 de Milei sacó de un plumazo. La del Matrimonio Igualitario (2010) y la de Identidad de Género (2012) fueron dos banderas de la conquista de derechos sociales que volvieron pionera a la Argentina en la región, con resultados concretos. Mientras en CABA los casamientos entre personas del mismo sexo eran el 3,4 por ciento en 2012, en 2020 ya ascendía a 6,4.
CIRUGÍA INÉDITA
Abril de 2023. El Hospital El Cruce, en Florencio Varela, protagoniza una operación histórica. El nombre técnico: tromboendarterectomía pulmonar. La “madre de todas las cirugías”. En los hechos, enfriaron a 18 grados, le quitaron los cinco litros de sangre e iniciaron un paro circulatorio a una mujer que tenía un coágulo en la arteria pulmonar que casi le impedía el paso del aire. Un hito más de un hospital modelo que promedia por año unas 3700 cirugías de alta complejidad y 60 trasplantes de órganos. El Cruce formó parte de un plan de creación de hospitales de alta complejidad del kircherismo junto con otros como el de Cañuelas y el de La Matanza. A siete de ellos les quedaba solo el 10 por ciento para terminarlos cuando asumió el macrismo y los dejó abandonados. Demasiado gasto público. Elefantes blancos de la historia.
Siguiendo el paradigma ramóncarrillista, entre el 2003 y el 2015 se sancionaron casi cien leyes en materia de salud, entre ellas la de diabetes, la ESI, la de salud mental, el acceso a la reproducción asistida y el marco regulatorio de prepagas. La producción pública de medicamentos tuvo un fuerte crecimiento en esos doce años, por ejemplo los que componían el programa Remediar, destinado a 15 millones de personas sin cobertura social. Enfermedades como el Chagas o la tuberculosis solo fueron cubiertas por los laboratorios públicos. Para los privados no eran rentables.
En 2013 se registraron las menores tasas de mortalidad infantil y materna de la historia, y el Calendario Nacional de Vacunación llegó a 19 vacunas gratuitas y obligatorias. En 2003 eran 8. Dos décadas después, el país es gobernado por una fuerza de derecha negacionista y antiestatal. Gran parte de los derechos conquistados en la era kirchnerista ya no existen, o están en peligro de extinción.
Filmus habla de armar una “coalición muy fuerte para evitar que Milei pueda arrasar con todo”. Y enfatiza: “Hay que aceptar que a pesar de todas las transformaciones, en los años que fuimos gobierno tampoco esos derechos tuvieron vigencia para toda la población. Aun si se bajó la pobreza, quedó en valores altos. Parte de la población sintió que esos derechos no tenían mucho que ver con lo que le pasaba en la realidad, y que no tenían mucho que perder”.
