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Pasión por los burros y por la camiseta

Fotomontaje: Juan José Olivieri / Fotos: Colección Pablo Taboada y Centre de Documentació i Estudis del FC Barcelona
Fotomontaje: Juan José Olivieri / Fotos: Colección Pablo Taboada y Centre de Documentació i Estudis del FC Barcelona

Gardel era un fervoroso practicante y seguidor de múltiples disciplinas. Pero el turf era su debilidad definitiva.

No se trata de un homónimo. Tampoco es que el Morocho del Abasto fuera un deportista de alto rendimiento. Pero a Gardel le atraían los deportes y hasta los practicaba como amateur. “Los burros, el fútbol y todos los deportes me atraen”, reconoció Gardel en 1933 ante un periodista de la revista La Cancha. La afirmación demuestra lo variado de su gusto: desde fútbol, boxeo, tenis, bochas y natación hasta pesca y turf encontraban un lugar en el corazón del Zorzal Criollo. En la misma entrevista, el periodista explica con claridad su predilección: “Las malas lenguas aseguran que entre un partido y una carrera de caballos, Carlitos se decide invariablemente por lo último. Pese a todo, habla con gran entusiasmo del fútbol y es íntimo amigo del Mago Samitier”.

Las carreras de caballos eran sus preferidas pero la sociabilidad de los deportes atraía a Gardel. Podía vérselo en un match de boxeo o en un partido de fútbol, ya que este ídolo popular supo cultivar la amistad de estrellas provenientes de distintos ámbitos del mundo deportivo. Entre sus amigos célebres se encontraban destacados futbolistas, jockeys y boxeadores. Cultivó la amistad de varios pugilistas, como el argentino Luis Ángel “Toro Salvaje” Firpo, el uruguayo Ángel Rodríguez “Angelito” y el cubano Eligio Sardiñas Montalvo, alias Kid Chocolate, que participó de la película El tango en Broadway.

El cuidado del cuerpo fue siempre una preocupación para Gardel. Su afición por la “buena morfa” se veía reñida con la consciente construcción de su imagen como estrella. El medio para lograr esa meta fue controlar su dieta y practicar gimnasia, natación, paleta, fútbol, bochas, básquet y aerobismo, entre otras actividades deportivas. Asiduo visitante de la Asociación Cristiana de Jóvenes, YMCA o “La Yumen”, como se la denominaba, tomaba clases de gimnasia sueca con Enrique Pascual, de las que participaban otros tangueros, como José Razzano, Julio de Caro, Juan de Dios Filiberto o Francisco Lomuto, en encuentros que fueron bautizados “clases de bohemia”.

SU ÉPOCA

La pasión de Gardel por los deportes era, sin duda, testimonio de prácticas sociales propias de su época. Deportistas y aficionados se apasionan a su vez por Gardel, tanto que el “clásico de Avellaneda” se juega con él como protagonista: Independiente y Racing se lo disputan como “hincha”. La solución tal vez sea la propuesta por Gardel en la misma entrevista de La Cancha, cuando consultado por sus preferencias entre los clubes respondió: “Mis simpatías las distribuyo entre todos por igual”.

Gardel asistió a la final del Mundial de Fútbol de 1930 en el Estadio Centenario de Montevideo. En un disputado partido entre Argentina y Uruguay, los locales se impusieron por 4 a 2 obteniendo así la primera copa de un Mundial organizado por la FIFA. Gardel visitó a ambas selecciones.

Entre sus amigos futbolistas más célebres se encontraban Pedro Ochoa, de Racing, y Josep “el Mago” Samitier, gloria del Fútbol Club Barcelona. De sus múltiples encuentros con los jugadores del Barça, Gardel atesoraba como recuerdo una pelota. Solía contar que se la habían regalado en Londres luego de un encuentro en el que el club catalán perdió ante el Arsenal por la abultada cifra de 7 a 1. Su amistad con los jugadores lo llevó a presenciar los partidos del conjunto catalán en una gira por el Río de la Plata. La excursión fue un fracaso deportivo y económico, lo que llevó a Gardel un tiempo después a grabar un tango humorístico para levantarles la moral. En la segunda versión registrada del tango “Patadura”, Gardel reemplaza a los jugadores argentinos de la letra original por los del Barça: Vicenc Piera, Josep Sastre, Ricardo Zamora, Josep Samitier y Franz Platko. Así quedó grabado en París el 1º de marzo de 1928: “Piantate de la cancha, dejale el puesto a otro/ De puro patadura estás siempre en orsay […] Querer hacerle goles al colosal Zamora/ Como lo es Sami, el mago del balón”.

POR UNA CABEZA

Gardel fue un apasionado del turf. El 17 de noviembre de 1918 se corrió en el Hipódromo de Palermo la “Carrera del Siglo”. Botafogo venció a Grey Fox en la que se considera la más sensacional contienda de la historia hípica argentina. Gardel estaba en ese momento realizando una gira promocional en La Pampa junto a Razzano y la Orquesta de Firpo. Su pasión por los burros lo hizo desistir de sus compromisos laborales para presenciar esa carrera. Se cuenta que Gardel y Razzano se marcharon sigilosamente del hotel y viajaron unos cien kilómetros en taxi hasta la estación de Trenque Lauquen para tomar el tren de las siete de la mañana a Buenos Aires.

El repertorio gardeliano incluye varios tangos “turfísticos” o “burreros”, como “Palermo”, “Bajo Belgrano”, “La catedrática”, “Soy una fiera”, “Polvorín”, “Uno y uno” y el célebre “Por una cabeza”. Otro tango burrero salía del corazón más que de la garganta de Gardel cuando cantaba: “Leguisamo, viejo y peludo/ Ya está el puntero del Pulpo a la par/ Leguisamo solo/ Y el Pulpo cruza el disco triunfal”. El jockey Irineo “Pulpo” Leguisamo era un entrañable amigo de Gardel que, como él, había comenzado desde abajo y llegó a ser conocido internacionalmente. Otro de sus queridos amigos provenía del ambiente del turf: Francisco “Brujo” Maschio, entrenador de caballos purasangres. Maschio fue el encargado de preparar un caballo de Gardel por el cual el cantor sentía adoración: Lunático. Entre sus queridas carreras, sus amigos deportistas y su propia práctica de deportes, Gardel no era ajeno a esa sana costumbre de mover el cuerpo… incluso sin música.

Escrito por
Marina Cañardo
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