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Los enigmas de Gardel

Ilustración: Ricardo Ajler
Ilustración: Ricardo Ajler

Muchos aspectos de la intimidad del Zorzal Criollo son objeto de polémica y especulaciones. Durante años, uruguayos y franceses se disputaron su origen. Y después de su muerte se le atribuyeron romances con varias mujeres del medio artístico. La única certeza es que él vivió para su madre.

Se cumplen 87 años de su muerte, pero la nacionalidad de Carlos Gardel aún es centro de disputa. En Uruguay afirman que el Zorzal Criollo es uruguayo (nacido en Tacuarembó) y que así lo demostraría su cédula de identidad, emitida en octubre de 1920, en la cual el cantor se definió como artista, soltero y uruguayo. Para los tacuaremboenses, esta prueba es irrefutable. Los detractores de la teoría, sin embargo, afirman que se trata de un documento apócrifo.

La aparición de una partida de nacimiento que pertenecería a Gardel indica que su nacionalidad es francesa. Después de diez años de recabar documentación, un grupo de investigadores dio con la partida de nacimiento, que fue publicada en el libro El padre de Gardel (Proa Amerian Ediciones). Allí se certifica que Charles Romuald Gardes –su nombre de nacimiento– fue inscripto el 11 de diciembre de 1890 en el registro civil de Toulouse, en Francia.

Los autores del libro, el argentino Juan Carlos Esteban y los franceses Georges Galopa y Monique Ruffié, revelan que Gardel llegó al país a los dos años y tres meses con su madre, Berthe Gardes, quien fue expulsada de su familia en Francia por ser madre soltera. En 1920, Gardel tenía que viajar a Europa para una temporada teatral, pero estaba indocumentado. En ese momento decidió inscribirse en el consulado oriental. Se registró como uruguayo nacido en Tacuarembó y se inscribió como Gardel. Recién en 1923 sacó cédula de identidad, pasaporte y certificado de nacionalidad argentina.

Su infancia fue difícil. Solo con su madre, vivió en conventillos y desde pequeño tuvo que hacer algunos trabajos para ayudar en la casa. Gran parte de su vida transcurrió en el barrio del Abasto, de donde saldría su apodo “el Morocho del Abasto”. Allí, en 1927, compró una casa para su madre en la calle Jean Jaures 735, que actualmente es un museo.

LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS

Como en las letras de muchos tangos, la madre, la vieja, era la persona que Gardel más quería y respetaba. Vivió con ella hasta su muerte y solo pensaba en darle todo lo que durante mucho tiempo se le había negado.

Doña Berta trabajó como lavandera y planchadora de ropa para criar a Carlos, quien, a pesar de tener buenas calificaciones en el colegio, únicamente pensaba en ser artista. A los 14 años se fue solo a Montevideo con la única intención de hacerse conocido como cantor.

Con el reconocimiento de Gardel, finalmente Berta gozó de cierta calma y un enorme orgullo por la carrera de su hijo. Pero esa época de bonanza se vio interrumpida por el peor de los dolores, la temprana muerte del artista.

“Una vez por semana voy al cine y al cementerio para ver a mi hijo. Aquí dan tres películas en una función. Así me consuelo un poco. Además de esto, yo no deseo ir a ningún lado ni pasear. Cuando estoy en casa escucho por la radio las canciones de mi pobre hijo. Es todo lo que yo deseo. Si tú supieras… nadie lo olvida. Todos los días, todas las radios pasan sus canciones y se dice todo lo bueno que fue para aquellos que lo han conocido. Si tú pudieras ver su mausoleo… Nunca faltan flores al pie de su busto. Todas las personas que pasan le dejan una flor y el día del aniversario de su muerte se llena de gente. Y el día que dan una película suya la sala se llena”, le escribió Berta a una prima de Francia.

Berta murió el 7 de julio de 1943 y sus restos descansan junto a los de su hijo en el Cementerio de la Chacarita.

LA VIDA AMOROSA

“No me enamoré nunca, todas las mujeres valen la pena de que uno se enamore de ellas, pero darle exclusividad a una es ofender a las otras”, decía Gardel en una entrevista que le hicieron en pleno auge de su carrera.

Si bien Gardel era admirado por todos, las mujeres se enamoraban de ese señor que aparecía en la pantalla con esa sonrisa, esa elegancia y una voz maravillosa.

De los rumores sobre romances, la mayoría surge de otras personas ya que él era un hombre discreto, incluso parco a la hora de hablar de su intimidad.

La relación más larga que se conoce fue con la joven Isabel Martínez del Valle, con la que mantuvo un vínculo de casi doce años. Cuando se conocieron, ella tenía apenas 14 años, y él, 30 (algo que no era condenable en esa época) y enseguida iniciaron un romance.

En 1985, en un reportaje publicado en Tiempo Argentino, Isabel habló sobre esa historia. “Me enamoré perdidamente de Carlos y él de mí, fui el único amor de su vida, pese a todos los amoríos que le adjudicaron. Cuando él viajaba por sus compromisos, yo acompañaba a la madre, doña Berta, de la que fui muy compañera. Era una mujer de trabajo, de origen muy humilde, nunca le interesó la coquetería y odiaba tener que cambiarse o pintarse para una foto. Con Carlos salíamos de noche a comer en algún restaurante del centro, como El Tropezón o La Emiliana (…) Ni siquiera pensé en casarnos, era muy feliz así.”

La actriz Mona Maris, que filmó una sola película con Gardel, aseguró que entre ellos “hubo una fuerte atracción”, pero la pronta muerte del astro frustró cualquier intento de relación. Años después, en un almuerzo en el programa de Mirtha Legrand, Maris contó que con el cantor solo habían sido “buenos compañeros de trabajo”.

También se habló de la actriz Rosita Moreno (Tango Bar), de Azucena Maizani, Trini Ramos, Gloria Guzmán, Carolina Angelini, Elena Fernández, la española Perlita Greco y la bailarina Alicia Coccia.

Mito o realidad, lo cierto es que Carlos Gardel vivió rodeado de mujeres hermosas, y haya mantenido o no un romance, seguramente enamoró a varias con su voz y su seducción.

Escrito por
Laura Santos
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