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Caras y Caretas

           

La sagrada familia

El Indio Solari siempre fue muy discreto con su intimidad. Tanto que su mujer y su hijo se hicieron más conocidos después de su muerte.

La última foto que se conoció del Indio lo muestra caminando junto a un frondoso árbol Rhus de hojas rojizas. Contó su mejor amigo, Marcelo Figueras, que hay tres ejemplares en el parque de su casa de Parque Leloir, dos crecidos y uno pequeño: “Su familia en versión arbórea. Virginia, su hijo Bruno y él”.

Firmes y enraizados en un mismo espacio. Se habló mucho más de Viru y Bruno en los días posteriores a la despedida del líder de Los Redondos que durante su extensa carrera. Porque preservó su intimidad rodeándola con el misterio que supo construir.

Virginia Mones Ruiz fue su compañera durante más de cuarenta años. “Viru”, “Viruta” o “La Flaca” para él. En su autobiografía Recuerdos que mienten un poco –publicada en 2019 a partir de conversaciones con Figueras–, contó que “Virginia era amiga del secundario de la mujer del Mufercho [Sergio Martínez, el primer maestro de ceremonias y monologuista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota]. Nos cruzamos en La Plata, en lo de mi amigo Piti. Acababa de terminar la experiencia del Alex en la costa y volví a La Plata sin un mango. Me quedé en lo de Piti y ahí encontré a La Flaca. Nos ligamos el mismo día en que nos conocimos”.

Ella eligió el 14 de febrero de 2021, Día de los Enamorados, para referirse a aquel comienzo. En un inusual comentario sobre su historia de amor, escribió en Instagram: “Nos conocimos promediando el verano del 81. Años después, cuando escuché por primera vez ‘Me quedo contigo’, por Los Chunguitos, encontré las palabras que describían mi amor. Hoy, 40 años después, lo siguen haciendo. Feliz día a los que tienen un amor para cantarle, y a los que no, sigan preparándose para cuando llegue”.

BELLEZA ESPIRITUAL

La pareja pasó un tiempo “de casa en casa”, dejando libros y discos atrás en las mudanzas, según contó él en su libro. Hasta que se instalaron en un galpón ubicado detrás de una vivienda de la familia de La Flaca.

Antes de convertirse en leyenda trabajaba como secretario en un hogar de niños en Once. Viru oficiaba de bibliotecaria. Fue ella quien comenzó a alentarlo para que dejara ese rol y se dedicara de lleno a la música. Contó que su compañera le decía: “‘¡Se te está agriando el espíritu!’. Y yo sabía que, si dejaba el hogar, podía dedicarme a Patricio Rey y hacer cosas que, hasta entonces, solo hacía a las apuradas”.

El Indio y Virginia se casaron en 1988, después de Gulp! (1985), Oktubre (1986) y el mismo año en que se publicó Un baión para el ojo idiota.

Pocos días después de la despedida en Villa Domínico al músico que marcó a generaciones, el humorista gráfico Tute compartió una entrevista inédita que le realizó en 2021. Allí el Indio habló sobre su amor: “Tengo una compañera ya hace muchos años, muchos años. Ella es diez años menor que yo. Y bueno, tenemos hoy en día una relación de mucho cariño, mucha amabilidad, mucho cortejo. Esa es mi historia de amor, la que yo he permitido que penetre en mi vida hasta unos rincones oscuros que por motivos diversos no he querido yo dejar penetrar a mucha gente en mi intimidad. Pero bueno, ahí encontré una persona de una belleza espiritual muy importante”.

DEVOCIÓN

El 5 de diciembre de 2000 nació el único hijo de Viru y El Indio: Bruno Solari. Para entonces el músico ya había hecho historia y era un emblema del rock nacional. Pero logró mantener la intimidad familiar al margen de la masividad que lo rodeaba. Dejó trascender apenas algunas fotos junto a su hijo, como la que muestra a la familia en su acto escolar de promesa de la bandera, en cuarto grado.

Pese a esos cuidados por resguardar la intimidad, Viru y Bruno fueron noticia tras el adiós al Indio. Ella, por haber cobijado a una ricotera desconsolada durante el multitudinario funeral y por haber compartido un mensaje de agradecimiento a quienes hicieron posible semejante ceremonia de forma pacífica. Él, por haber quedado envuelto en una operación que buscó ensuciarlo y terminó teniendo el efecto contrario. Bruno fue cuestionado por tener un puesto en la Legislatura bonaerense, pero el intento de tildarlo de ñoqui duró poco. Enseguida se supo que cumple su tarea como todo empleado, con la diferencia de que dona su –magro– sueldo al Hospital Garrahan.

“Tengo una relación muy linda con Bruno. No soy de tironearlo. Siento devoción por él”, contó alguna vez el músico sobre su hijo.

“Sinceramente tengo la suerte de disfrutar del amor y lo que veo hoy en día es que el amor está siendo desacreditado, ridiculizado permanentemente, como si fuera algo malo o una tontera inexistente, qué sé yo. Entonces, creo que no está de más que alguien que no lo ve de esa manera agregue, a toda la información que hay, un álbum que gira en torno a una canción de amor”, dijo a La Nación en 2007, cuando presentaba el disco Porco Rex.

Entre sus temas está “Y mientras tanto el sol se muere”, dedicado a Viru: “Esa canción en particular habla de alguien que marca la intención de encontrarse con otra persona aún después de la muerte, alguien que no tiene una religión efectiva que lo ampare, pero aun así dice ‘te voy a buscar y te voy a encontrar, en la inmensidad, en la oscuridad’. Uno no vuelve virgen del amor, creo que debe haber una sola oportunidad de enamorarse en la vida, hablando de algo que va más allá del enamoramiento circunstancial, cuando uno encuentra la necesidad de compartir la intimidad más profunda con una persona sin la cual la vida no tiene mucho significado”.

Escrito por
Luciana Rosende
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