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Ellas también estuvieron

“Todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la ‘voz masculina’. Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones ‘masculinas’. Las mujeres mientras tanto guardan silencio”. (Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer)

El primer contacto con la historia de las enfermeras de Malvinas fue a través de una foto: cinco mujeres vestidas de verde, con cascos en sus manos, caminando junto a ambulancias. Sorprendido, me pregunté si esa imagen era el afiche de una película que no había visto, pero al leer la bajada descubrí el nombre de Alicia Reynoso y lo apunté. Pocas semanas después nos encontramos. Aquella primera charla llenó de sentidos esa foto que había despertado mi curiosidad. Alicia me habló de oscurecimientos, de amenazas de bomba, de soldados pidiendo por sus madres; me habló, también, del olvido y del dolor de un silencio que para aquel entonces ya llevaba más de treinta años. “Fuimos borradas de la historia”, me dijo, mientras comprendía que esa historia borrada pedía a gritos poder ser contada.

Por aquel tiempo, Alicia junto a Stella Morales y Ana Masitto comenzaban una lucha solitaria para ser escuchadas a la que me sumé con mi cámara. Fui testigo del maltrato y del ninguneo, filmé a un superior de ellas que les decía a los gritos que pretendían demasiado, cuando lo que estaban pidiendo era poder desfilar con su estandarte durante un acto por el 9 de Julio. La idea de filmar un documental que ayudara a amplificar sus voces fue cobrando fuerza. Y así comenzó un largo proceso de dos años en que nos conocimos y fuimos generando confianza, dos años fundamentales para el rodaje que tendríamos por delante.

Era, esta, una historia olvidada, silenciada durante demasiado tiempo, y el desafío tenía que ver con lograr revertir el olvido y hacer emerger tantos recuerdos enterrados. La idea de viajar a Comodoro Rivadavia, a donde las protagonistas no habían vuelto desde el final de la guerra, tuvo que ver con plantear un viaje en el espacio, pero también un viaje que nos permitiera recuperar el tiempo perdido. Si nadie las había visto a ellas en aquel lugar, era tiempo de viajar con ellas para filmarlas y, sobre todo, escucharlas. Lo que no había sucedido durante la guerra podía suceder ahora y ese debía ser el documental. Los pocos elementos que ellas tenían, pensaba, podían funcionar como ruinas de ese Comodoro de 1982; las cartas, revistas, fotos y diarios personales podían ser, junto al viento y los paisajes, los puentes temporales que necesitábamos.

Cuando finalmente ese viaje llegó, la incertidumbre fue perdiendo lugar frente a un pasado que parecía estar esperándonos. Uno de los primeros días de rodaje nos encontramos con los restos de una trinchera en la que tanto Alicia como Stella y Ana habían pasado varias tardes refugiadas. Encontrar esa trinchera e ingresar con las protagonistas fue sumergirnos en ese 1982 que afortunadamente había resistido a tanto olvido. Otro día se cortó la luz en toda la ciudad y salimos a la calle a filmar. Estábamos reviviendo los oscurecimientos que todas las noches había en la ciudad para no ser vista por aviones ingleses. Caminar por esas calles oscuras, escuchar el ruido de los generadores, fue conmovedor, un acto sincrónico que potenció aún más la sensación de estar redescubriendo el pasado. El rodaje entero fue en un clima de emoción y más de una vez los integrantes del pequeño equipo técnico perdíamos unas cuantas lágrimas mientras acompañábamos a esas tres mujeres que finalmente podían contar sus historias.

Al volver a nuestras casas, la sensación fue la de volver un poco más sanos, como si ellas, que habían curado heridas durante la guerra, finalmente hubiesen podido comenzar a sanar las propias, como si finalmente hubiesen podido decirle a la sociedad “Nosotras también estuvimos”.

Federico Strifezzo es director del documental Nosotras también estuvimos (2021), disponible en Cine.ar

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