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De Magallanes a La Moneda

Ilustración: Federico Parolo
Ilustración: Federico Parolo

De adolescente pintaba consignas del Mayo francés en las paredes de Punta Arenas. Fue la cara visible de las grandes marchas estudiantiles de 2011 y arquitecto de la “nueva izquierda chilena”. Hoy Boric se prepara para convertirse en el presidente más joven (e insólito) de la historia del país trasandino.

Cuando en 2013 el joven Gabriel Boric Font enfrentó al presidente Sebastián Piñera a la salida de un teatro en su Punta Arenas natal, ninguno de los dos imaginó que el siguiente encuentro entre ellos sería para coordinar la entrega del mando presidencial. Asomando por detrás de la escolta presidencial, Boric recriminó al presidente la represión desatada contra el movimiento estudiantil y el silencio del gobierno ante las demandas populares. “Las decisiones en un país democrático no se toman en las calles”, espetó altanero el presidente Piñera.

En ese momento, Boric era la cara visible del movimiento estudiantil que en 2011 había protagonizado su segundo gran estallido en las calles de todo el país. El primero había sido en 2006, cuando “los pingüinos”, los estudiantes secundarios de uniforme blanco y negro, arrebataron al gobierno de Michelle Bachelet la promesa de reformar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, promulgada en las postrimerías del régimen de Pinochet. Boric ya asistía a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile en Santiago. Y si bien asegura que se la pasaba jugando al truco y tomando mate con otros estudiantes magallánicos, también se sentía parte de lo que sucedía: a finales de los 90, él mismo había participado en la refundación de la Federación de Estudiantes Secundarios de Punta Arenas. De hecho, su incursión en la política había comenzado temprano, alrededor de los 14 años, cuando junto con otros compañeros del British School, el colegio privado al que acudía, creó casi por juego el grupo secreto Intransigencia Izquierda Insurreccionalista. Una noche fue incluso arrestado con sus amigos por pintar en las calles consignas del Mayo francés firmadas con un “I al cubo”. Aún hoy en las paredes de su cuarto en la casa familiar de Punta Arenas siguen estando las pintadas que él hizo con aerosol: “Imaginación al poder” y “La razón hace la fuerza”.

Clase 1986, Boric pertenece a esa generación que no vivió en carne propia la dictadura, pero sufrió durante toda su juventud las constricciones que esta dejó en la sociedad chilena, y que sus mayores no parecían atreverse a modificar. En las entrevistas que concedió tras convertirse en figura pública, suele referirse a su bisabuelo croata, llegado pobre a finales de 1800 con la ilusión de encontrar oro en la isla Lenox, y a su tío abuelo Vladimiro, el primer obispo diocesano de Punta Arenas. Él, hijo de un militante de la Democracia Cristiana y una integrante del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, se lanzó a la política universitaria en las filas de la Izquierda Autónoma, un movimiento que se define anticapitalista y socialista libertario, inspirado en el marxismo gramsciano y profundamente crítico del panorama político conformado por los partidos tradicionales. “En Chile, hay dos derechas: la de Piñera y la de la Concertación”, sostenía por aquel entonces del sector moderado que más de una década después sería clave para su llegada al Palacio de la Moneda.

DE REBELDE A DIPUTADO

En 2008 fue elegido para integrar el Consejo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), espacio desde donde fue liderando la alternativa al Partido Comunista en la política universitaria que tenía a Camila Vallejo Dowling como dirigente estrella y cara visible de las movilizaciones de 2011. Ese año marcó su ingreso a la escena política nacional. Los colectivos y agrupaciones que conformaron una nueva izquierda en la política estudiantil, y que años más tarde darían vida al Frente Amplio, destronaron al PC de la conducción de la Fech, y Boric fue el elegido para liderar ese proceso. Las demandas del movimiento estudiantil lograron un amplísimo apoyo por parte de la ciudadanía. “Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero quiero recordar que, al fin y al cabo, nada es gratis en esta vida”, fue la famosa frase con la que Piñera liquidó los pedidos del movimiento y que Boric le reprochó en la puerta del teatro de Punta Arenas.

Una de las principales herencias que dejó esa temporada de luchas fue la irrupción de la “bancada estudiantil” en el congreso chileno tras las elecciones de 2013. Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Karol Cariola y el mismo Boric ingresaron al parlamento. Jorge Sharp, su compañero de estudios y de militancia en la Facultad de Derecho, se convirtió en alcalde de Valparaíso en 2016, y los dirigentes que protagonizaron las movilizaciones de 2011 lograron consolidar un tercer polo en la política chilena, a la izquierda de Chile Vamos y Nueva Mayoría.

Sin embargo en Magallanes, distrito donde el presidente electo logró un histórico 26,2% de los votos, no todos lo apreciaban. Cuando sus detractores querían desacreditarlo, sacaban a relucir su pasado de niño de clase alta en un colegio de elite. La prensa chilena dedicó miles de páginas a su apariencia. Así como Vallejo sólo parecía merecer la atención de los diarios por “bella”, Boric destacaba por andrajoso y demasiado informal. “El parlamentario más rockero y sexy de la historia de Chile”, titulaban algunas revistas para adolescentes.

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Federico Larsen
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