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El factor Burlando

Si bien el mediático abogado no pudo evitar la condena a prisión perpetua a Los Horneros, dejó su impronta en la causa y en muchas más de gran notoriedad.

En la Argentina en ebullición de diciembre de 2001, un tribunal oral absolvió al empresario informático Alfredo Pesquera, acusado por la muerte del cantante cuartetero Rodrigo Bueno en un siniestro vial. Fernando Burlando fue el abogado de Pesquera en ese juicio.

La enorme popularidad de Rodrigo y el dolor que causó su muerte habían convertido a Pesquera en un personaje oscuro, misterioso y –en buena medida por una construcción mediática– odiado por buena parte de la opinión pública.

Burlando intuyó que para ganar la batalla judicial primero debía equilibrar la opinión pública. Por entonces ya tenía buena relación con periodistas (más que con medios) y apostó a una jugada audaz y sorpresiva: invitó a un grupo de reporteros, en su mayoría del mundo del espectáculo, a un asado con fútbol incluido en su quinta. Camisetas para los dos equipos, una bolsa con pelotas, el césped cortado como un campo profesional, pero un detalle impedía el juego: a uno de los equipos le faltaba un arquero.

De la nada, con el buzo y los guantes, listo para atajar, apareció Pesquera. Hubo fútbol, asado, charla, sobremesa. Burlando convirtió al monstruo Pesquera en un hombre común. ¿Cuánto influyó aquella tarde en la absolución del acusado por la muerte de Rodrigo?

Perseguido por otro delito, un homicidio en confusas circunstancias, Pesquera se suicidó en 2013. Antes, le mandó un e-mail a Burlando, su último contacto: “No estoy para otro round como el de Rodrigo”.

El juicio oral por el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas tuvo para Burlando un resultado ambiguo. El costado negativo para su labor fue que sus defendidos (los albañiles José Luis Auge, Horacio Braga, Héctor Retana y Gustavo González, conocidos como “Los Horneros”, porque eran oriundos de la localidad de Los Hornos) fueron condenados a prisión perpetua por el homicidio. El lado positivo fue la altísima exposición pública que obtuvo junto con su por entonces socio en el caso, Juan Martín Cerolini, quien también creció exponencialmente después de aquel juicio.

DEFENSA AUDAZ

La defensa de Burlando fue audaz, como casi todas. Puso a los victimarios como víctimas del policía bonaerense Gustavo Prellezo, el eslabón que permitió que el crimen de Cabezas se relacionara políticamente con el empresario Alfredo Yabrán. Prellezo fue la herramienta que posibilitó desentramar un pase de facturas en el que Yabrán pudo haber sido, incluso, un actor secundario de una titánica pelea entre el entonces presidente, Carlos Menem, y su ex socio y en ese entonces encarnizado contrincante Eduardo Duhalde.

Voluntaria o involuntariamente, Burlando jugó en esa disputa. Se llevó cuatro perpetuas pero se instaló como un actor importante del derecho penal menos académico y más de trinchera. Su personalidad y contactos le abrieron las puertas de la farándula y su presencia mediática se convirtió en rendidora en términos de rating. Su presencia “garpa” en la medición del minuto a minuto.

Si bien es conocida su cercanía de antigua data con Duhalde (Burlando tiene estudio en La Plata y el ex presidente interino fue el gobernador más relevante de ese distrito en el último medio siglo), últimamente eligió coquetear con el Pro. Pero difícilmente Burlando juegue abiertamente en política: su principal característica es la amplitud. A la hora de ejercer como abogado, ninguna grieta es obstáculo.

En torno a Burlando existe una suerte de consigna no escrita que indica: “Si te defiende, probablemente zafes aun cuando seas culpable. Si te patrocina, seguramente ganes el juicio y te den la razón, aunque no la tengas”. Tal vez sea sólo una fantasía. Tal vez.

VIRTUD DE DELEGAR

Pese a su personalismo y su afán protagónico, Burlando tiene la gran virtud de saber delegar. De hecho, suele contratar a abogados satélites –a quienes escoge por sus capacidades pero también por sus lealtades– para que trabajen junto a él en casos complicados, desde la defensa de la falsa médica Giselle Rímolo hasta la querella de los familiares de víctimas del hundimiento del submarino ARA San Juan.

Desde Claudia Villafañe en su disputa en vida con su ex marido Diego Maradona hasta la defensa del actor Juan Darthés (después de que fuera abandonado por su colega Ana Rosenfeld), Burlando encuentra siempre un resquicio para colar su impronta.

Da lo mismo si la clienta es María Palacios, alias “la Chabona” (un personaje bizarro del submundo de la movida tropical que lo contrató por una disputa familiar), o Carolina Píparo y su marido, Juan Ignacio Buzali, en prisión domiciliaria acusado de intento de homicidio a un grupo de motoqueros en las primeras horas de 2021.

Le gusta la exposición, sabe jugar el juego de los medios, adapta sus actitudes a la empatía que pueda generar en la opinión pública y hace un culto total de sí mismo, de su imagen, de su aspecto, de su estética.

Burlando es uno de los abogados considerados de los “caros” en términos de honorarios. No está al alcance de cualquiera.

A menos, claro, que decida ponerse al hombro algún caso que, por alguna razón especial, lo movilice personalmente. El homicidio del joven Fernando Báez Sosa, a la salida de una discoteca en Villa Gesell en el verano de 2020, es uno de esos ejemplos. Quienes lo quieren poco sostienen que cuando asume en uno de esos expedientes en los que sus clientes claramente no pueden costear sus honorarios lo hace porque el grado de exposición mediática y la casi segura posibilidad de obtener una condena de alto impacto público son una suerte de inversión mucho mejor que el dinero. Quienes sostienen, en cambio, que Burlando es poco menos que un semidiós pagano resaltan su sensibilidad para con esas situaciones y aseguran que se mete “por la camiseta”.

En pareja desde hace ocho años con la modelo Barby Franco (con múltiples idas y venidas), Burlando mantiene reserva sobre sus excentricidades. La más conocida tiene que ver con un berretín personal y una autorreferencia implícita: quienes estuvieron en su despacho privado aseguran que es similar al de Al Pacino en la película El abogado del diablo. Alguno, incluso, asegura haber percibido olor a azufre.

Escrito por
Néstor Espósito
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