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El clan Spinetta

Ilustración: Mariana Romero
Ilustración: Mariana Romero

Los hijos del Flaco disfrutaron de un hogar colmado de estímulos creativos. Cómo veían a su padre y hasta dónde llegó su influencia.

Durante una entrevista para un medio audiovisual, Luis Alberto Spinetta aparece frente a la cámara junto a un Dante púber. Sin ningún tipo de prurito, y después de ser presentado, el vástago le advierte a padre, entrevistador y audiencia que se va a dedicar a la música. A lo que el progenitor añade: “Data no le falta”. A una década de su partida física, posiblemente ese haya sido el mayor y mejor legado que el Flaco consiguió dejarles a sus cuatro hijos. Potenciado por la complicidad de Patricia Zalazar, compañera y cómplice a lo largo de dos décadas.

“Mi padre fue un revolucionario del sonido y nunca dudó en ir a contracorriente de la industria musical, más allá de las críticas. Fue un claro ejemplo de cómo hacer las cosas sin defraudarte a ti mismo’’, le contó Dante a Associated Press en 2012, a propósito de la vuelta a los escenarios del grupo que creó junto a Emmanuel Horvilleur. Ocho años más tarde, en una nota para la revista mexicana WARP por la salida de su último álbum solista, Niguiri Sessions, el músico sentenció: “Me crie con esa ideología de no tratar de seguir un formato y, en su lugar, seguir el formato de lo que uno siente. Mi padre dijo: ‘Yo quiero que lo mío sea como soy yo’”.

Incluida en su álbum Puñal, de 2017, la canción “La verdad” alude a la infancia del mayor de los hijos del otrora líder de Almendra: “Crecí entre humo y poesía, entre rock and roll y dinastías”. Si bien hoy es un ícono de la música urbana en Latinoamérica, amén de uno de los raperos que mejor supo adaptar el hip hop a nuestro idioma, Dante proviene de una familia de tradición guitarrera: “Mi viejo tenía como una fijación con que yo tocara la guitarra”, le reconoció a la publicación Vice en 2017. “Me regaló una eléctrica chiquitita cuando tenía cinco años. La agarré y la dejé detrás de un árbol. Cuando la vi podrida, me sentí mal y tuve una especie de sensación de ‘yo ya quiero este elemento’. Mi abuelo también tocaba la guitarra, él era tanguero y dejó su carrera para mantener a su familia. Así que de alguna manera mi papá vivió su sueño”.

BAJO PERFIL

Valentino siguió los pasos de Dante en la música urbana. Al punto de que a los 13 años formó otro laboratorio de hip hop: Geo Ramma, del que era MC y al que se sumaron Alejandro Tocker (Omega) en el otro micrófono y Oscar Herrera (DJ Saga) detrás de las bandejas. De los cuatro integrantes del clan Spinetta, posiblemente sea el de perfil más bajo. Rasgo que le sienta muy bien. Si el capitán de los Socios del Desierto a Valentino le dedicó “Para Valen” (está en el disco Mondo di cromo, de 1983) y a Dante lo recibió con “Canción para los días de la vida” (de A 18’ del sol), el álbum Pelusón of milk está inspirado en el nacimiento de su hija menor, Vera.

“Pelusón me habla, me está tirando data”, dijo la musa del gran hit de Spinetta en 1991 a National Geographic. Sin embargo, la relación de la más chica de esta familia insigne de la cultura popular argentina con la obra de su progenitor no siempre fue tan cercana. “Tenía una resistencia total a la música de mi viejo. Me parecía muy cursi, porque en ese momento estaba en otra sintonía. Me gustaba más Charly. Más de grande, lo empecé a acompañar a sus conciertos, y ahí me fui copando con su música más nueva. Entonces Leo Sujatovich (N. de la R.: tecladista de la etapa de Spinetta Jade y padre de Mateo, artífice del proyecto musical Conociendo Rusia) me dijo un día: ‘Vos no conocés a Spinetta’, y me puso el disco El jardín de los presentes. Mi respuesta fue: ‘No, mentira. ¿Ese es mi viejo?’”.

LA MELODÍA PERFECTA

Tras mostrar su temperamento en la actuación y la escritura, Vera se estrenó formalmente en la música en 2020, cuando lanzó Terso en las plataformas digitales. “No hay que quedarse con lo primero que surge”, le aseguró ese año a Página/12. “Mi viejo estaba varios días con la misma melodía. Hasta que no la terminaba, no pasaba a otra. Hay que poder captar lo que está en el aire”.

Catarina, por su parte, actuó, fue conductora de MTV (su primer trabajo, a los 18 años) y de un tiempo para acá se la conoce como DJ, faceta con la que se familiarizó paulatinamente luego de que la comenzara a practicar en el programa radial de su pareja, el actor Nahuel Mutti. Pero cuando se tiene que definir, dice que es artista plástica, actividad que ejerce desde los 12 años. El Flaco no sólo le regaló el atril donde pintaba sino también su primer torno. “Me decía: ‘Inventá’”, le reveló a Clarín. Y hasta la animó a cantar: “Escribió ‘Jardín de gente’ y me dijo: ‘Esta quiero que la cantes vos’”. Nunca se atrevió. Aunque más tarde su propio padre le dijo que lo haría una vez que él ya no estuviera. Lo que sí hizo, tras su muerte, fue velar por su legado. “Traté de hacer lo mejor y de entender todo. Hasta en los aspectos legales”. Además de impulsar la biografía de su padre Spinetta. Ruido de magia (escrita por Sergio Marchi), Catarina fue quien dio con el que es su disco póstumo, Ya no mires atrás (2020). También es madre de Ángelo y Benicio (se sumó luego Justino), nietos del Flaco, que formaron el tándem de trap Flu Os. En tanto que Vida (hija de Dante y de la coreógrafa Majo De La Iglesia) se aboca al baile y al canto, a diferencia de su hermano Brando, que juega al fútbol en las inferiores de Aldosivi. Y Ciaro, el hijo de Valentino, sigue los pasos de su padre en el hip hop. Sólo queda ver lo que harán Eloísa y Azul, los hijos de Vera (el padre del último es el músico Juan Saieg). Pero habrá que esperar un rato porque son los más chiquitos del clan. Lo cierto es que el legado sigue creciendo.

Escrito por
Yumber Vera Rojas
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