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Redescubriendo la vida de Maradona

Diego Maradona fue el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. El 28 de octubre, a las 22, se estrena en la pantalla de Canal 9 y Amazon Prime Video el primer episodio de “Maradona: Sueño Bendito”, la serie basada en la vida del astro argentino.

Quienes aún se pellizcan para creerse el avance argentino en el Mundial de 1990 aseveran que –tobillo destartalado, cuerpo golpeado, equipo sin plenitudes– jamás Diego fue tan al frente como sobre los suelos italianos de esos días para quebrar las lógicas de la cancha. Quienes recontrajuran que moraron en las tribunas del estadio de Argentinos la tarde del miércoles en la que se estrenó como jugador de Primera predican que, en ese rato de debut, marchó al frente en cada movimiento como si supiera que desde entonces los 20 de octubre (aunque ese 20 de octubre transcurriera en el 1976 tan de la dictadura) tornarían en aniversario insalteable. Quienes cohabitaron la infancia en Fiorito ni dudan en contar que ahí, en Fiorito, no sólo fue invariablemente al frente sino que aprendió que jugar, de verdad jugar, y vivir, de verdad vivir, es ir al frente. Quienes construyeron y compartieron el primer viaje a Cuba (hay una crónica mayúscula de Carlos Bonelli sobre esa jornada a la que conviene volver y volver) narran cincuenta anécdotas que articulan la gracia con la ideología pero resaltan que pisar ese suelo siendo el mejor futbolista de todas las tierras y abrazarse (esa vez y luego cada vez) con Fidel constituye un gesto que distingue a la gente que no se conforma con hablar de las revoluciones en una sobremesa sino que expone la cara y va al frente. Quienes lo erigen en prócer de los rebeldes casi no deben argumentar nada porque Diego, desde su roce inicial con una pelota, se la pasó rebelándose contra las fronteras de lo posible y a favor de acariciar lo imposible. Quienes reivindican que no hay existencia digna sin conciencia de clase multiplican la voz de Diego pronunciando, de frente y delante de la frente de cualquiera, la defensa de sus colegas de oficio. Quienes dominan de memoria el recorrido inempatable de Diego destartalando a buenos defensores ingleses arriba de los más famosos pastos de México para meter un gol que acaso tenga más eternidad que el mundo entero sugieren que no hay un diccionario que revele en qué consiste ir al frente mejor que esa jugada.

Cierto que ir al frente porta el sello de luminosidad futbolera, pero porta quizás un sello más general, un sello Maradona: intentarlo todo, no frenar ni ante lo prudente ni ante lo imprudente, pedir cada pelota en cada cancha y en cada minuto, desafiar la pericia de los contrarios aunque los contrarios no fueran sólo los que se envuelven con otros colores en el campo, atreverse después de cada corazonada que salió y después de cada corazonada que se frustró, cargar el peso, no esconderse, no callarse, confesar más de una debilidad, erigirse desde la más popular de las pasiones en ese dios humanísimo y sucio que percibió, con los dedos y con las entrañas, Eduardo Galeano.

Ir al frente

La biografía encadena lo que muchas personas en muchos escenarios repiten con más exactitud que la que exhiben al eslabonar los datos de cualquier prócer o de más de un familiar: el nacimiento del 30 de octubre en el Policlínico Evita y la infancia sin guita pero con fútbol en una cédula de identidad llamada Villa Fiorito, la irrupción como malabarista de la pelota y de los asombros en los Cebollitas de Argentinos Juniors, los deslumbramientos de cada semana en ese club que lo retuvo hasta que se extinguió 1980 y en el que jugó 166 partidos oficiales, convirtió 116 goles y desarmó sobre la base de amagues la osamenta de cada muchacho que se le paró enfrente, el título mundial juvenil con la Selección argentina en Japón de 1979 como para que el universo corroborara que había aparecido alguien capaz de abrazar la poesía y la eficacia en cada movimiento, el primer paso por Boca para ser campeón en 1981 con la inclusión de un gol a River y al gran Pato Fillol que hasta hoy sirve como documento de que hay ocasiones en las que fútbol y arte son el mismo sustantivo, el cruce del mar hasta Barcelona para las dos temporadas siguientes y para acumular una Copa del Rey, una lesión muy brava y otra colección de muchachos desarmados sobre la base de amagues, un volcán de fútbol con la camiseta del Napoli desde 1984 hasta 1991 para hacer que esa camiseta flameara en la cúspide de Italia gracias a dos campeonatos nacionales, a varias copas internacionales y a una prodigiosa calidad para mojarle la oreja a la lógica a partir de combinar los descaros del potrero con la fiereza competitiva, cuatro mundiales con la Selección que lo transformaron en dueño del mundo en 1986 gravitando como nadie nunca en esos torneos y en emblema entre los emblemas de celeste y blanco rumbo a todos los futuros, unos tránsitos breves en Sevilla y en Newell’s, el retorno a Boca para dar los parpadeos de cierre entre 1995 y el 25 de octubre de 1997, una carrera de entrenador en la que la zona más intensa fue conducir a su Selección en el Mundial de 2010, un cierre como director técnico de Gimnasia para que quienes lo habían comenzado a adorar hacía mucho y quienes no lo habían visto respirar entre cuatro tribunas pudieran proclamarle todos los te quiero que caben en la ternura.

Pero si Diego gambeteó hasta llevar al futbol hacia un cielo que queda por encima del cielo y desbarató los horizontes clásicos del lazo social entre los pueblos y un futbolista, también rompió los corsés de lo que detallan las biografías ortodoxas. O, en todo caso, a esas biografías correspondería añadirles eso de ir al frente.

Sueño bendito

“Maradona: Sueño Bendito” es la serie biográfica de Amazon Prime Video sobre Diego Armando Maradona, narrando los triunfos y los desafíos que formaron parte de su tan exitosa como polémica vida marcada por los constantes escándalos mediáticos. La historia narra la vida y trayectoria de Diego Armando Maradona, desde sus humildes comienzos en Villa Fiorito en su país natal, hasta su prolífica carrera como futbolista en el FC Barcelona, SSC Nápoles y la selección albiceleste. Mostrando su papel clave en la trayectoria con Argentina y acumulando éxitos como la victoria en el Mundial de Fútbol en México en el año 1986, consagrándose como jugador y pasando a la historia como uno de los mejores jugadores de fútbol.

La serie de Prime Video será episodica, aprobado por el mismo Diego Armando Maradona antes de su muerte y estará interpretada por Nazareno Casero, Juan Palomino y Nicolás Goldshmidt, que desentrañarán a Diego Maradona en sus etapas como niño, joven y adulto, respectivamente. Completan el reparto Julieta Cardinali, Laura Esquivel, Mercedes Morán, Pepe Monje y Peter Lanzani.

  • De la nota “De frente en la cancha y en la vida”, de Ariel Scher, publicada en Caras y Caretas en enero de 2021.

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