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“Su obra habilitó a las generaciones siguientes”

La artista plástica Magdalena Jitrik cuenta que hace años fue a ver una muestra de Berni que resultó decisiva en su carrera.

Continuadora de una tradición del arte político en movimiento, Magdalena Jitrik participó, desde 2001 para acá, en diversas manifestaciones populares. Crecida y formada en México por el exilio de sus padres, pintora pero también música, varias series de sus obras coincidieron o incluso se adelantaron a su tiempo, como Manifiesto, Revueltas o Desobediencia, que tapizaron las paredes del Centro Cultural Ricardo Rojas en los contradictorios 90. Entre 2002 y 2007 hizo un impasse en su creación individual para participar de las actividades del Taller Popular de Serigrafía, un colectivo que realizó una serie de acciones de impacto inmediato, como el estampado de diseños en las puertas de la fábrica Brukman, en pleno proceso de recuperación. Justamente, este mes está programada en el Centro Cultural Haroldo Conti una muestra retrospectiva que estuvo curando durante la pandemia.

En su trayectoria se hizo acreedora de diversos premios: el Programa Trama (2000) y el Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas (2001). En el exterior, trabajos suyos se han expuesto en Francia, Porto Alegre, Tesalónica, Puerto Rico, Estambul, San Pablo y México.

Si bien en su background el nombre y la influencia de Antonio Berni no suelen aparecer subrayados como los de otros contemporáneos (Roberto Aizenberg o Guillermo Kuitca, con quien estudió), la vastedad y originalidad de su legado no le resultan ajenas, sino inspiradoras.

–¿Cuál es tu aproximación personal y artística a la figura y a la obra de Berni?

–Su registro es muy amplio. Me interesa toda su obra. En los años 90 se realizó la exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes que daba cuenta de todas sus etapas, que fue visitada por 500 mil personas. Fue decisivo ver eso, recién me iniciaba en la pintura y me alimenté de su metodología, su propuesta de experimentar todo el tiempo con técnicas e imágenes, del cubismo, el surrealismo, el retrato, la pintura social, la gráfica experimental (con la que ganó la Bienal de Venecia), el uso de basura y objetos en sus pinturas, sus personajes. Es una obra que habilitó a las generaciones siguientes.

–¿Cómo evalúas sus distintos períodos creativos?

–En cada etapa hay por dónde meterse y alucinarse. En todo caso, siempre disfruto mucho de ver los retratos, es un estilo latinoamericano, intimista, vigente en esos años, que se lo puede encontrar en mucha pintura argentina y del continente, en donde el retratado o retratada están en una atmósfera tan expresiva como pueden serlo sus ojos o sus manos.

–Tu familia vivió el exilio, y en el perfil de Berni como artista social hay una fotografía política bastante incómoda: se ha mencionado su relación con el almirante Massera, sus vínculos con la dictadura, que lo distinguió con honores.

–La cuestión de Berni y la dictadura es la parte espinosa. Si hubo una amistad con el almirante siniestro, lo que duele creer, también puedo pensar que dicha amistad sirvió para salvar algunas vidas. No hay ninguna obra de Berni en donde cambie su posición política en favor de las mayorías. Como autor, siempre fue fiel a sus ideales y desarrolló un arte emancipatorio. No encuentro un componente que se pueda decir que terminó siendo de derecha o disidente de su ideología.

–La política atraviesa tu obra. ¿Cómo es tu relación personal con ella?

–Políticamente, me siento una veleta, aunque siempre desde la izquierda, ya que me interesa particularmente su historia. Nunca milité en un partido, pero definitivamente me atrae el marxismo, que siempre subyace en el fondo de mis pinturas. Eso no quita que en una coyuntura determinada o, en este caso, en los últimos años, pueda estar siguiendo a Cristina, a pesar de que ella no se sustenta en el marxismo. La cuestión de la desigualdad es la que siempre orienta mis posicionamientos.

–En tiempos de Berni, el ingreso a la Academia Nacional de Bellas Artes constituía la bendición oficial (fue nombrado miembro en 1979). ¿Cuál es el lugar de la ANBA en la actualidad?

–No conozco a ningún artista de mi generación que piense en términos de la Academia. Es una institución vetusta, aunque quizás haya un mundillo que todavía se planifica en sus términos de pertenencia. Creo que ha sido sustituida por un mainstream curatorial contemporáneo, basado en algunas colecciones muy poderosas de Latinoamérica, con sede en Estados Unidos y Europa. Las academias nacionales dejaron de tener ese rol clave para la consagración de los artistas.

–Su personaje icónico Juanito Laguna se hizo canción en versos de Horacio Ferrer para la música de Astor Piazzolla. ¿Cuál es tu relación con el rubro?

–Escucho mucha música, sobre todo rock, y hago música: tengo una banda, Orquesta Roja, y el estilo que desarrollamos tiene una profunda relación con mis obras visuales.

–¿A qué grupo o artista le dedicarías la tapa de un disco?

–A mi propia banda. Haría alguna tapa para Pez, que escuché mucho durante la pandemia. Sus canciones cambian todo el tiempo, como en sinfonías, casi viran al rock sinfónico, se arriman al folklore también. Aunque escuchando la obra entera de un grupo por internet se desdibuja la coherencia interna de cada disco, la colección entera de un artista termina siendo una bola de música en la que no se distinguen canciones ni discos.

–La pandemia puso en jaque la cultura y el arte. ¿Cómo se vivió en tu caso?

–Con mucho compromiso social; cumplí la cuarentena y la extendí. No entendía demasiado cuando escuchaba exclamaciones en singular, del tipo “estoy harta”, como si la totalidad de la población no estuviera viviendo lo mismo. Me sirvió mucho, me gustó el concepto de “esencialidad”, “trabajadores esenciales”, siendo mi (nuestra) única esencialidad la acción de no correr riesgos ni hacérselos correr a los demás. Dejé el taller y trabajé en mi casa, en cosas chicas. No fue una etapa expansiva de mi trabajo, como podría haberlo creído, contando con todo el tiempo del mundo para hacerlo: más bien sentí cierta parálisis. Pero sí me parece importante lo que logré: aunque poco, fue intenso. Me refugié en una vida de naufragio, o de isla desierta, a lo Robinson Crusoe (se ríe).

–Internet, streaming y más allá. ¿Existe o existirá el arte a la distancia?

–Yo apostaría todo a ganarle la guerra al coronavirus y volver a llevar una vida normal. También podés vivir la vida entera sin acceder al arte y no pasa nada. Y están los museos más famosos del mundo en formatos virtuales al alcance de cualquiera. Pero la experiencia directa de contacto con el arte no se reemplaza con nada.

Escrito por
Oscar Muñoz
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