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“Hoy sería un pintor del desasosiego”

José Antonio Berni, hijo del mítico artista plástico, reflexiona sobre cómo su padre construyó un estilo inconfundible, su legado y cómo vería este presente.

Antonio Berni (1905-1981) fue cronista de la vida cotidiana. Sobre todo, de la desazón de los olvidados. En aquellos paisajes suburbanos que integraron su primera exposición, en el Salón Mary de Rosario, estaba el germen del realismo social, que maduró tras su paso por el cubismo y el surrealismo. A esta corriente se había acercado durante su estadía en París, en los años 20, de la mano de Louis Aragon y André Breton, entre otros, y de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, que lo inspiró para desarrollar su propio estilo.

El autor de Manifestación fue uno de los “pintores viajeros” que llegaban a Europa para formarse y vivieron de cerca acontecimientos históricos que influyeron en su adhesión al compromiso del arte con la realidad política y social. “El artista está obligado a vivir con los ojos abiertos”, había dicho en una entrevista. Una opción que le restó a su obra reconocimiento en su debido tiempo. Sin embargo, profundizó esa línea, cuyas máximas representantes son las series de Juanito Laguna y Ramona Montiel, aquellos collages sobre habitantes de las barriadas pobres que exaltaban la pulsión de la vida en un mundo plagado de desechos.

“Sabía que las cosas que pintaba iban a entorpecer, en cierta medida, su camino hacia el éxito, entendido como buena cotización o reconocimiento del mundo de las artes”, afirma José Antonio Berni, hijo del artista plástico, en entrevista con Caras y Caretas. Un diálogo en el que rememora charlas y viajes con su padre y habla de las aristas de aquel “hombre tenaz”, que trabajaba hasta trece horas diarias, pero –como afirmó alguna vez– no dudaba en entregarse otras tantas a cortar el pasto, si tenías ganas, sin remordimiento.

–En los años 30 del siglo XX, el muralismo era la gran opción del arte revolucionario. ¿Por qué considera que Antonio Berni no incursionó en esa tendencia?

–Mi padre siempre decía que no era posible en la Argentina porque requería una voluntad institucional. Algo que aquí no tenía lugar entonces. Y entre las demostraciones empíricas del hecho, está el mural de Siqueiros (Ejercicio plástico), ubicado en el sótano de un palacio.

–Tengo entendido que Berni pintaba con base en fotografías que él tomaba. ¿Hacía un retrato fiel?

–No es tan así. Ha pintado sobre fotografías, algunas tomadas por él. En un cuadro representa a una familia al borde de una vía y se ve un tren que se va: hay una foto que puede haber servido como fuente, que no sé si es de él. Después de otras dando vueltas, algunas que inspiraron a personajes del cuadro Desocupados. El rostro de un hombre de barba pertenece al de una foto de la crisis del 30; no era un desempleado, simplemente alguien acostado al borde de una barranca. Él tomaba esos rostros reales como modelos.

–Su padre asumió, como pocos, el rol del artista como actor social. ¿Considera que su acercamiento al Partido Comunista fue un impedimento para que su obra tuviera la valoración merecida?

–El hecho de que haya sido un hombre de izquierda puede haber influido para que no estuviera en un lugar publicitado o preponderante, pero no fue lo único. Era lo que él representaba a través de sus ideas lo que molestaba. Tal vez, si además de adherir a un partido de izquierda se hubiera dedicado a pintar floreros o naturalezas muertas, no le hubiese molestado en absoluto al comprador. Prácticamente toda la obra importante de él, tanto la surrealista como la de significado social, se vendió mucho después de su muerte.

–¿Berni hablaba de esta postergación impuesta?

–El arte, como todos los medios, está completamente encerrado en elecciones políticas, en clausuras ante formas de pensamiento que no sean las propias o las que se necesiten. Ante eso, hay cosas que no existen: acontecimientos históricos, ideas, escritores, filósofos y pintores. Y si no existen para los medios, no existen para nadie. Mi padre sabía perfectamente que así se manejaba el mundillo del arte. Pero, sinceramente, nunca le preocupó demasiado.

–¿Qué decía de sus viajes al exterior, especialmente aquellos fundacionales a España y Francia, donde abrazó el surrealismo?

–De eso hablaba mucho. En los 70, viajamos a España e hicimos el mismo recorrido de su primer viaje. Fuimos a Soria, un pueblito pequeño, y me contó que allí lo había conocido a Antonio Machado. En España, frecuentó el mundo de la generación del 27, y en París, a muchos de los surrealistas de inicios del siglo XX. De hecho, sus pinturas tienen influencia de Giorgio de Chirico, que entonces no era tan conocido. Berni estaba muy al tanto de todo. Eso explica, también, los cambios que hubo en su pintura.

–¿Reflexionaba sobre la evolución de las izquierdas a nivel global?

–No sé si alguna vez creyó firmemente que este mundo iba a cambiar (risas). Sin embargo, perteneció a esa generación que lo vio con bastante esperanza. Después de la Segunda Guerra, en Europa, el mundo viraba hacia lo social –con la imposición de la sociedad de bienestar a través del poder sindical en países como Francia, Inglaterra e Italia–, algo que los socialistas y comunistas, como él, obviamente aplaudieron. En América latina no sucedía lo mismo, pero aspiraba a que las cosas cambiaran.

–Los collages de la serie de Juanito Laguna incluyen materiales de desecho. ¿Considera que su padre fue un precursor del reciclado de materiales para incorporarlos al arte?

–Sin duda. Sin embargo, en esta serie le dio otro sentido: quiso poner el acento en que gran parte de la sociedad vive en ambientes irrespirables. La gente que se criaba en la Capital no veía lo que pasaba en las villas y en las zonas del conurbano, que ya entonces eran lugares utilizados para ir a tirar la basura. Y ahí aparece su mirada sobre el capitalismo, que ya no tiene dónde depositar sus excrementos. Antes de seguir, quisiera comentarle algo.

–Dígame.

–La vida de Antonio Berni es muy poco anecdótica. Siempre se buscan las anécdotas en los pintores que, en realidad, suelen ser gente de trabajo, con mucho tesón. Él era un hombre de ideas, de conceptos.

–¿Cómo era Antonio Berni como padre?

–Era un hombre del siglo XIX. Esa visión del padre actual que se ocupa de los hijos no existía. Comía, hablaba poco y después se iba a trabajar. No charlaba demasiado porque era introspectivo y, fundamentalmente, tenía una sordera importante. El último tramo de su vida leía los labios.

–Haciendo un ejercicio de imaginación, ¿cuáles cree que serían hoy los temas que reflejaría Berni en sus pinturas?

–Creo que hoy sería un pintor del desasosiego.

Escrito por
María Zacco
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