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EL AMOR Y LA DEVOCIÓN DE UN PUEBLO

Gilda nació en Villa Devoto en 1961 como Miriam Alejandra Bianchi. Su mamá, Isabel, profesora de piano, la llamaba Shyll, y miraba cómo la pequeña cantaba y ensayaba los pasos de moda frente al espejo. Miriam quería ser profesora de Educación Física, pero al morir Omar, su papá, debió ocuparse de sostener a su familia y abandonó la carrera y entró a trabajar en una dependencia impositiva. Su vocación docente junto con su amor hacia los niños la decidieron a retomar los estudios, esta vez en un profesorado de educación inicial. Fue maestra jardinera mientras comenzó a probar suerte en el ambiente musical.

Tendría unos 30 años cuando decidió quemar las naves y dedicarse plenamente a su carrera artística, lo que la llevó a un duro tironeo con su marido y padre de sus dos hijos, Mariel y Fabrizio. No estaba bien visto que una chica de clase media, “maestra y linda”, incursionara en el “demasiado popular” ambiente de la bailanta. Pero ella, que ya era Gilda, como la potente diva que encarnaba Rita Hayworth, siguió adelante y se fue consolidando cada vez más como una figura protagónica en ese género, y comenzaron a llover los contratos, la fama, las giras y la devoción de su público, mientras lanzaba su primer disco, De corazón a corazón.

Su manager y última pareja, Juan Carlos “Toti” Giménez, la ayudó a consolidar su fama en un medio complejo, muy machista, y armar su banda musical definitiva. Con su impronta única y carisma arrollador, disruptivo en un mundo de hombres y mujeres voluptuosas, Gilda se mantendría fiel a su estilo único y distinto, grabaría La única, Pasito a pasito con… Gilda y su disco más exitoso, Corazón valiente, que se convertiría en disco de oro y doble platino. La foto de portada del álbum, tomada por Silvio Fabrykant, en la que se ve a una Gilda luminosa con una corona de flores, se volverá icónica. Y el contenido perdurará para siempre con temas como “Paisaje”, “Un amor verdadero” y el hit “Fuiste”.

Se multiplicaron los shows que la llevaron por toda la Argentina, Bolivia y Perú. Esta intensa actividad comenzó a afectar su salud. El cuerpo le pedía parar. Tenía problemas renales, intensas alergias y llagas en los pies que se convertían en tormentos para alguien que pasaba muchas horas de pie y bailando.

Para 1996, Gilda estaba en lo mejor de su carrera, estaba grabando el que sería su último disco, Entre el cielo y la tierra, y le daba unos últimos toques a su canción “Esta no es mi despedida”, en la que decía: “Quisiera no decir adiós, pero debo marcharme, no llores por favor porque vas a matarme. Recuérdame en cada momento porque estaré contigo”.

El 7 de septiembre, mientras viajaba por la provincia de Entre Ríos rumbo a Chajarí, un camión, conducido por el brasileño Renato Santana, chocó de frente al transporte en el que viajaba. Murió junto a su hija Mariel, su madre Tita, tres integrantes de su conjunto y el chofer. El lugar del accidente, en el kilómetro 129 de la Ruta 12, cerca de Ceibas, se ha vuelto un sitio de culto popular, al igual que su tumba en el cementerio de Chacarita. Sus seguidores le atribuyen sanaciones y no dudan en calificarla de santa. Esta edición de Caras y Caretas está dedicada a esta extraordinaria artista argentina que supo ganarse el amor y la devoción de su pueblo.

Escrito por
Felipe Pigna
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