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“La de Héroes es una buena historia para las nuevas generaciones de músicos”

A poco de haberse estrenado el documental Héroes. Silencio y Rock&Roll, sobre Héroes del Silencio, Caras y Caretas entrevistó a Roberto Azorín, quien junto a Gustavo Montesano fue productor de la banda española y una figura central de la escena roquera de Iberoamérica.

Roberto Azorín nació en la Argentina, pero hizo su carrera artística en España, donde fue un animal de radio en los años 80 y donde creó MetroRock, el festival más importante de rock de Madrid. En esta entrevista, repasa su derrotero en la música y cuenta parte de la historia de Héroes del Silencio, la gran banda española que produce desde hace años.

–¿Cómo fue tu recorrido como productor y melómano?

–Nací en Buenos Aires, en Barrio Norte. Desde que tengo uso de razón escucho música de todos los géneros y siempre me encantó cantar. Mi ídolo máximo es David Bowie. Desde los quince años empecé a trabajar como programador musical en radios desde Punta del Este hasta Radio Argentina, mi última radio en Buenos Aires como musicalizador de Nora Perlé. Entrevistaba para revistas de la época que te pagaban por reportaje a artistas como Miguel Abuelo, Miguel Cantilo y figuras en general de nuestro pop rock. Tenía mi banda de jazz rock en Buenos Aires llamada El Tren, tocábamos en la ciudad y yo era el cantante, sonábamos con nuestros demos en radio y luego grabamos nuestro primer disco, que jamás salió, ya que me fui a Nueva York a trabajar a las órdenes de Enrique Gratas para el Canal 41 de noticias. De ahí salté a Madrid, donde llegué en 1984, y creé y dirigí una radio que se hizo muy famosa en España, Radio Vinilo, que me dio muchas satisfacciones. Después llegué a dirigir muchas radios más, hasta Radio Expo de Sevilla, Radio 4, Radio Nacional de España, y trabajé en televisión presentando videos musicales en Telemadrid, Cadena Top para Televisa en España, y luego pasé a trabajar en el área de cultura del gobierno de Madrid. Desarrollé varios festivales de música, como MetroRock, Cumbre Flamenca, gracias a mi implicación cultural realizando estos eventos para el Metro de Madrid. Hice los conciertos de dos candidaturas olímpicas de Madrid (Paco de Lucía y Sara Baras con El Canto del Loco el primero y David Bisbal el segundo, ambos en la Plaza Cibeles para el ayuntamiento de la capital.

–¿Cómo fue el contacto con Héroes del Silencio?

–De mi primera radio en España, Radio Vinilo, entrevistando a tantos artistas, uno de ellos, Gustavo Montesano, ex líder de Crucis (Argentina) y de Olé Olé (España), me propuso buscar y producir una banda juntos. Yo era súper fan de Crucis, para mí fue un honor tener esa amistad que hoy en día sigo manteniendo con Gustavo. Me puse en la tarea de buscar esa banda y en la sala Universal de aquella época, año 1985, tocaba una banda de Zaragoza, que se llamaba Los Enfermos Mentales (eran muy malos) pero por la sala se movía un chico que paré y le pregunté si tenía algo que ver con aquella banda, me habló de la movida de la música que se hacía en Zaragoza y de una banda de tres chicos que se llamaban Los Héroes del Silencio y que eran muy buenos. Le conté que estaba con Gustavo buscando bandas y produciendo y nos mandó un demo de ellos, ya eran los cuatro integrantes que llegaron a lo más alto con los Héroes, el hermano de Juan Valdivia ya había dejado la banda y sólo estaba Enrique Bunbury y se sumaron Joaquín Cardiel en bajo y Pedro Andreu en batería. Nos mandaron ese demo en casete y fotos, era todo bien dark, como la música que les gustaba a los Héroes y lo que sonaba en Londres por aquellos momentos, bandas como Sisters of Mercy, The Cure, The Mission, Killing Joke. Decidimos ir a la Sala En Bruto, en Zaragoza, ya que nos mandaron una invitación. En la puerta de la sala, para cuatrocientas personas, la gente se peleaba por entrar, estaba todo vendido y a la tercera canción Gustavo Montesano me pregunta qué me parecían y le dije: “El cantante es muy bueno, la banda me da un poco igual pero ese tipo es un crack”. Me refería a Enrique Ortiz de Landázury, más conocido por su apodo “Bunbury” (nombre que se puso en honor a su abuelo). Quedamos con ellos luego en el VIP de la Avenida de la Independencia, en Zaragoza. Les contamos todo lo que íbamos a conseguir para ellos, que fue todo cierto. Les conseguimos la compañía multinacional EMI después del rechazo durante año y medio de todas las demás compañías que no creían en la banda. Ni siquiera EMI creía, Gustavo era artista de la compañía y yo el director de la segunda emisora de radio más importante de Madrid, así que los obligamos a que nos sacaran el primer single, “El héroe de leyenda”, que superó cualquier expectativa, y luego vino El mar no cesa, nuestro primer disco con los chicos.

–¿Qué momentos podés destacar en esta historia?

–Éramos todos muy pequeños y muy músicos, nos importaba más el hacer un buen trabajo que el resultado que finalmente se consiguió. Yo iba a Zaragoza, a 300 kilómetros de Madrid, casi todas las semanas a ver cómo iban los ensayos y perfilar con ellos un repertorio que luego agradase a la compañía con la que firmáramos y al público. Enrique siempre fue un Frank Zappa en pequeño, dirigía a su antojo a los otros tres miembros de la banda, siempre admiré lo joven que era y lo claro que lo tenía todo. Amante de Raphael y de Bowie, como yo, y un personaje curioso. Recuerdo la primera sesión de fotos que hicimos juntos para la portada del single “El héroe de leyenda”, y cuando nos fuimos a comer me preguntaron los cuatro: “¿Tú crees que venderemos mil copias?”. “Algunas más”, les contesté, y así fue. Gustavo y yo cometimos el gran error de poner en manos de Pito la banda, un poco por imposición de la compañía. Yo tenía otro manager para ellos, Cristóbal Cintas, pero finalmente no se dio. Gustavo y yo no podíamos salir a la carretera por nuestros trabajos con Los Héroes y por eso les buscábamos un manager. Pito convenció a los Héroes de que una vez concluido nuestro contrato de cuatro años con ellos nos dejasen y así fue. Por otro lado, hizo un gran trabajo con ellos, de eso no hay duda. Ellos siempre fueron, y es mi recuerdo, unos muy buenos chicos con unas familias detrás muy buenas a las que tuve la fortuna de conocer, eran mis niños, aunque con la perspectiva del tiempo estas cosas en sus cabezas a veces se olvidan.

Roberto Azorín junto a Enrique Bunbury, de Héroes del Silencio.

–¿Cómo surge el documental sobre Héroes del Silencio para Netflix?

–Me llama un día la que fue directora de promoción en TV de EMI, Betania González, muy amiga de los chicos y mía, y me dice que está con un documentalista, que quieren hacer un documental sobre Héroes y si no me importaba que le diese mi teléfono. De ahí lo conecto con Gustavo Montesano y a las pocas semanas grabamos nuestra parte del relato en el documental, de cómo surge toda la jugada de Los Héroes. Lo grabamos en Madrid antes de la pandemia, hace dos años, y por fin vio la luz hace bien poco. Me encanta ver que la gente esté entusiasmada con una banda como Héroes, que salió de la nada, y a base de esfuerzo y constancia se consiguiera lo que se consiguió. Es una buena historia para las nuevas generaciones de músicos: ver que nada se hace soplando botellas.

–¿En qué estás trabajando ahora y qué proyectos tenés?

–Actualmente estoy en Buenos Aires pero pronto regreso a México y a España, donde he pasado más de la mitad de mi vida, para seguir trabajando en nuevos artistas, asesorando bandas y nuevos proyectos muy relacionados con las redes sociales, que es lo que hoy impera en el mundo. Quiero volver a la radio y a la tele para seguir entrevistando artistas, cosa que me encanta. Estos dos años han sido muy duros para nuestro sector y espero que pronto esto quede como un mal sueño para todos y se reactive la cultura al cien por ciento en todas sus expresiones.

Escrito por
Daniela Lozano
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