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“Sembramos una esquizofrenia musical que la gente ya conoce”

La Chicana lanzó Hikikomori un disco de tango que casi no incluye tangos. Dolores Solá reflexiona sobre las flamantes canciones, la vida, el canto y todo lo demás.

Con nombre japonés y espíritu indomable, el último disco de La Chicana vio la luz sobre el fin de un año particularmente oscuro. Grabado y lanzado en 2020, Hikikomori ya venía arrastrando en sus canciones historias y texturas de un tiempo sórdido, ese al que Dolores Solá ubica entre los “cuatro años de macrismo y la avanzada de la derecha en el mundo”. Pero ni ella ni Acho Estol (compositor de las músicas y las letras) imaginaron que el día después llegaría con una novedad de encierro y paranoia. “Acho me venía mostrando temas medio oscuros, ‘posnucleares’, decía él, ¡y de repente nos agarró la pandemia! Ahí terminamos de cerrar este concepto de hikikomori”. La palabra nipona describe el fenómeno del aislamiento social extremo, pero en este post-apocalipsis criollo la desolación es estridente y melodiosa y los males se conjuran con valses, cumbia, covers que van de Rubén Rada a Sean Ono Lennon y otras aventuras sonoras donde la poesía de Estol viaja con sus soñadores, perdedores y malandras o trayendo horrores telúricos, como el de la canción “Gatillo fácil”.

Declinando de los conciertos con protocolo y también del streaming (“hicimos dos el año pasado, pero la verdad que no nos gusta”), la cantante lleva bien su propio hikikomori: “No estoy sufriendo. Tenemos una casa con perros, plantas, un estudio de música, estoy muy cerca de mis hermanas, sobrinos, mi madre…”, cuenta. Además, está produciendo repertorio para un nuevo trabajo solista y descubrió, encantada, la magia de hacer radio: a partir de una convocatoria del Ministerio de Cultura, Solá conduce junto a Hernán Lucero un programa sobre la cultura tanguera, Eche veinte centavos en la ranura. “Creo que lo que más extraño es la presencia militante en las calles, el encuentro”, reflexiona sobre estos tiempos. “Todo lo político ahora ocurre a través de la televisión, de las conversaciones”

–El disco está casi de estreno, acaba de ser nominado a los Premios Gardel y aún sigue el encierro: ¿en qué está La Chicana hoy?
–El grupo está parado porque no nos juntamos a tocar, la última vez fue en enero. Pero Acho y yo somos un motor que gesta cosas todo el tiempo, estamos grabando, creando para el futuro y para un próximo disco, entonces el grupo sigue vivo. Actualmente existe esa ventaja, dentro de todas las desventajas del cambio paradigmático que ha ocurrido con la industria discográfica, de que uno puede ir lanzando simples en las redes. Así que seguimos laburando, aunque hemos elegido no tocar en vivo hasta que mejoren las condiciones.

¿Cómo fue producir Hikikomori en medio de las restricciones?

–La verdad es que no fue tan distinto a otros tiempos. Tenemos un estudio en casa y Acho trabaja en soledad, grabando muchísimos instrumentos él mismo, editándolos, haciendo pruebas; lo que sí es distinto es que antes los músicos pasaban por acá para grabar y ahora no, mandaron sus cosas virtualmente. Y otra diferencia es que a veces grabamos algunos temas todos juntos, por ejemplo en ION, pero esta vez eso no ocurrió.

Si bien su marca registrada es la libertad creativa, pareciera que este disco tiene un desparpajo especial…

Es el disco que tiene menos tango, pero no me doy cuenta de que tenga más desparpajo. Me cuesta mucho juzgar esas cosas con el disco recién salido.

Tratamos de que el tango tenga el mismo comportamiento que cualquier otro género en el repertorio de La Chicana. Ya nos hemos deshecho de esa cosa de “tiene que haber tango” o “esto pega con un tango”, que sé yo, convive este tango con “Les Historires d’Amour” en francés. En todos estos años sembramos una esquizofrenia musical que la gente ya conoce.Nosotros siempre insistimos con que escuchen a Gardel. Estuve leyendo una biografía de Felipe Pigna y una de las cosas que descubrí es todo el tango que había antes de Gardel… Cuando llegó a Paris ya había dos cantantes argentinos que eran estrellas, aunque Gardel les pasó el trapo, por supuesto. Y si bien es el cantante de tango por excelencia, empezó cantando canciones criollas, fox trot, camel trot, canzonetta napolitana, paso doble… Fue mucho después de Gardel que el tango se volvió más cerrado, más facho, más reaccionario a la convivencia con otros géneros. Nosotros levantamos el guante de Gardel y además decimos que siendo de la generación a la que pertenecemos, después del rock and roll, de Prince y de Tom Waits -que es un tanguero estadounidense-, ¿cómo no va a ser distinto el tango y a presentarse con más libertad?

–La Chicana sorteó ese complejo de una manera muy orgánica…

–Creo que al surgir el rock nacional, incluso como el movimiento generacional y filosófico que fue, hubo un enfrentamiento con el tango, un poco provocado por esa locura, esa invasión del rock. Pero fue una huevada, porque todos los rockeros, aunque no lo supieran, estaban muy influidos por el tango. Además los tangueros no eran para nada caretas, como se decía. Tal vez porque en un momento se adueñó del tango una estética jodida, mientras que del otro lado estaba Led Zeppelin. Hubo ahí algo generacional que se quebró. 

–Hablando de juventudes; en nuestro país hoy convive la del “Gatillo fácil” de la canción con otra muy captada hoy por la derecha…  

Las redes sociales y todo lo demás, son de derecha y sirven al sistema instalado, no son revolucionarios en el sentido ideológico de la palabra. Los algoritmos reaccionan solos según qué vende más. Hay una falta de idealismo absoluta, no cabe ni la ética ni la moral. Por eso la acción comunitaria, barrial, es revolucionaria, porque es algo que hacés por fuera de ese sistema en el que estamos inmersos.

La pandemia despertó cosas impensadas como esta idea de “no me importa morir”. ¿Cómo ves el panorama social?

El año pasado se dio algo más del tipo “portémonos bien que esto es pasajero…”. Pero ahora, me parece, hemos perdido la inocencia; esto es un nuevo paradigma y está saliendo una nueva locura, la locura social. Hay gente que se rebela contra lo que ocurre de una forma muy rara, que es la negación. Están además los negadores sociales y el horror de la grieta, no poder recapacitar acerca de congelar la grieta en un momento así. Realmente hay políticos que están demostrando su nivel de degradación absoluta, política y humana. Lo horrible es que no todo el mundo lo ve así, hay un poder de engaño y sugestión muy fuerte. Aunque yo creo que la mayoría de la sociedad está bastante cuerda y si bien está sufriendo, a la hora de los votos nos llevaríamos una sorpresa.

Escrito por
Eugenia Tavano
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