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Teatro abierto

Con estrictos protocolos, las salas porteñas reabrieron sus puertas luego de meses de inactividad por la pandemia. De a poco y a pesar de las limitaciones, el público vuelve a apropiarse de una práctica cultural que tiene una tradición exquisita en la ciudad de Buenos Aires.

Después de ocho meses de inactividad, a partir del 13 de noviembre comenzaron paulatinamente a abrirse los teatros en la ciudad de Buenos Aires.  El Teatro General San Martín reinauguró con una función para invitados primero, y luego para público en general: Happyland, en la Sala Casacuberta, espectáculo escrito por Gonzalo Demaría y dirigido por Alfredo Arias. En el Multiteatro se estrenó El acompañamiento, con Luis Brandoni. En Border, Teatro en la terraza. En Caras y Caretas (Sarmiento 2037), se estrenó Experiencia II: encuentros breves con hombres repulsivos, con Luis Ziembrowski y Marcelo Subiotto, y con dirección de Daniel Veronese. Otros estrenos de diciembre fueron 200 golpes de jamón serrano; Monólogos de la peste; Potestad, de Tato Pavlovsky, protagonizada por María Oneto y dirigida por Norman Brisky. En el Chacarerean Teatro se estrenó El equilibrista, con Mauricio Dayub. El Camarín de las Musas presentó Fotografías, una obra audiovisual dirigida por Daniel Veronese y Mariano Saba, con las actuaciones de Mónica Raiola, Guido Botto Fiora y Claudio Da Passano. En Método Kairos ya están en cartel Che amor y Sí, mon Dieu. En El Extranjero, El año de Ricardo, dirigida por Mariano Stolkiner, con Horacio Marassi, Alejandro Vizzotti y Magdalena Huberman. Y así, aparecen más posibilidades escénicas en este contexto incierto y lábil.

Pero todo debe hacerse con estrictos protocolos. Las salas pueden funcionar con el 30 por ciento de su capacidad. Los espectadores deben guardar un metro y medio de distancia entre sí y deben usar tapabocas durante toda la función. El ingreso a las salas está cuidadosamente organizado: se va llamando de a grupos reducidos, hay alcohol en gel en el espacio de espera, se toma la temperatura en la puerta a cada concurrente, que además debe completar una declaración jurada sobre su estado de salud. En ese mismo papel, cada espectador consigna una dirección de correo electrónico donde le será enviado el programa de la función.

VIVENCIAR EL TEATRO

Cuando me encargaron escribir una nota sobre la reapertura de los teatros, sentí que debía vivir la experiencia. No es fácil conseguir localidades ya que los espacios son muy reducidos. Mariano Stolkiner me hizo un lugar en una función especial del feriado lunes 7 de diciembre.

Contra todo lo que podía haber imaginado antes de asistir, las medidas protocolares no interfirieron ni opacaron mi vivencia como espectadora. Será que en estos ocho meses sin teatro incorporamos y naturalizamos estas prácticas que tienen una causa y razón de ser tan dolorosa: estar permanentemente protegiéndonos del contagio, la enfermedad y la muerte.

Al ingresar a la sala sentí una gran alegría en el pecho y sonreí feliz. Tampoco sabía que esa emoción estaba ahí aguardando. La obra es excelente, hizo que el barbijo, algo muy incómodo para cargar durante un período extenso de tiempo en el rostro, no se sintiera.

Me emocionó mucho volver a estar en una sala teatral y confirmar una vez más que el teatro y la cultura son un modo de militancia, un modo de vivir y de pararse en el mundo. La sala de El Extranjero ese día contaba con 17 espectadores, de los cuales muchos éramos invitados. De más está decir que ni Mariano Stolkiner, director y responsable de la sala, ni los actores están haciendo esa tarea por el dinero, que es por lo que suele moverse el mundo. En medio de una crisis brutal donde muchísimas salas independientes cierran porque no pueden sostenerse y los actores atraviesan serios problemas laborales, ver esta lucha por reabrir las puertas y continuar es realmente movilizante y fuerte. Como dice Rilke en Cartas a un joven poeta, “quizá resulte de esto que usted está llamado a ser artista. Asuma entonces su destino y lleve su carga y su grandeza”. Así va el medio teatral y artístico en general, asumiendo su carga en este momento sumamente desfavorable y su grandeza para abrir, reabrir y continuar con la actividad, mostrando en el caso de El Extranjero una nueva versión de Ricardo III, maravillosa por cierto, y que aporta algo nuevo, una nueva mirada.

Continuemos reabriendo salas, estrenando y reestrenando obras, cumpliendo con las medidas protocolares en este difícil contexto, y vayamos al teatro. Desde el circo criollo hasta nuestros días de crisis, el teatro nacional se desarrolló encontrando una identidad propia, construida y sostenida por el trabajo, talento y creatividad de sus hacedores. De ahí la importancia de seguir estando presentes, creando y haciendo historia. Porque el show debe continuar.

Escrito por
Daniela Lozano
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Escrito por Daniela Lozano
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