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AL RITMO DE DIEGO

Una de las expresiones que manifiestan con mayor claridad la categoría mitológica del Diez son todas las canciones que se escribieron en su honor. Al mismo tiempo, Pelusa también fue un oyente curioso, un bailarín todoterreno y un cantor entusiasta.

Diego abrazado a Mercedes Sosa después de cantarle “Dale alegría a mi corazón”. Besando la mano de Charly García cuando le escribió el tema “Maradona blues” junto al guitarrista Claudio Gabis, pionero del rock en Manal. Escuchando una serenata que le hacen Andrés Calamaro y Fito Páez antes de ir al Mundial 94 en Estados Unidos. En un estudio de grabación con los Pimpinela en la época cuando jugaba en el Napoli. Vestido con un pijama en un concierto de Bersuit Vergarabat cantando “El baile de la gambeta”. Con una sonrisa enmarcada por la barba al estilo del Che Guevara y mirando a los ojos a la folklorista Soledad, que le dedica el tema “Brindis”. Bailando en un balcón de una discoteca del conurbano junto a su novia de entonces, Rocío Oliva, mientras Pablo Lescano de Damas Gratis agita al público con su cumbia villera. O parado, a mitad de la calle, tomado por sorpresa por Manu Chao, el cantautor franco-español, fundador del grupo Mano Negra, que está con su guitarra criolla y le dice en una rumba: “Si yo fuera Maradona, viviría como él”. Diego ligado a una canción, a muchas canciones.

Están los temas que se convirtieron en banda de sonido de su vida. La balada de Roberto Carlos “Yo te propongo” con la que se le declaró a Claudia Villafañe. El casete que armó con tres temas de cábala (“Total Eclipse of the Heart”, de Bonnie Tyler; “Gigante chiquito”, de Sergio Denis, y “Eye of the Tiger”, de Survivor, conocida por formar parte de la película Rocky III) que sonaba en el micro antes de cada partido del Mundial 86 en México. La versión de “Mi enfermedad” por Fabiana Cantilo que usó para entrar a la cancha en el debut con el equipo de Sevilla en el 92. Los temas de Leonardo Favio que sonaban a todo volumen en su entrenamiento de Punta del Este antes de regresar a jugar a Boca en el 95. Los himnos para todos los días, desde Los Palmeras hasta el Chaqueño Palavecino, que lo acompañaban en su rutina de ejercicios durante su última etapa como DT en Gimnasia. Y las canciones para la intimidad, las que cantaba cuando estaba solo: el tango “El clavelito”, en la versión de Miguel Montero, y “Penas y alegrías del amor”, del folklorista Mario Álvarez Quiroga.

EN SU NOMBRE

También están las canciones que se escribieron en su nombre. Son un poco más de treinta, en su mayoría de artistas locales y en castellano. La primera mención a Maradona la hizo Virus en 1981, en su tema “Me fascina la parrilla”, que incluye varios símbolos de la cultura nacional, como Borges y Gardel; y la última canción la grabó el rapero Cousin Feo, de Los Ángeles, en 2019. Aunque la primera que tuvo impacto mundial fue “Santa Maradona”, que popularizó el grupo franco-español Mano Negra en 1994. De las internacionales –donde hay temas de Calle 13 y el italiano Pino Daniele–, la más extraña de todas es la del grupo de punk rock noruego What Came from the Sea.

Hay temas que se hicieron conocidos y otros no tanto. Casi todos dieron la vuelta al mundo durante este último mes y se usaron para musicalizar obituarios. Algunos tienen la carga épica de una ópera dramática de Puccini con piel rockera, como “Maradó”, de Los Piojos: “Toda la gente y todo el mundo ve/ una revancha redonda en su pie/ todo el país con él corriendo va”. Otras resultan canciones de apoyo, como “Capitán Pelusa”, donde Los Cafres cantan sobre un reggae cadencioso: “Tu gente no te cuestiona, no se resiente”; o radiografías de esa personalidad explosiva en “El francotirador”, de Attaque 77, que recuerda el episodio de Maradona tirando con un rifle de aire comprimido a los periodistas que hacían guardia en su quinta de Moreno.

“La mano de Dios”, en cambio, es una biografía de tono nostálgico y con pocos acordes, que llegó a todas las clases sociales: un cuarteto que habla de la redención del futbolista tras su adicción a las drogas, escrito por Alejandro Romero, hermano de la novia de Rodrigo y una de las últimas obras que interpretó el cuartetero antes de morir en un trágico accidente el 24 de junio de 2000. Y, a la vez, es uno de los himnos que Maradona, excedido de peso y con ojos achinados tras varias recaídas y milagrosas recuperaciones, apareció cantando en el documental de Emir Kusturica de 2008.

Muchas son canciones sentimentales, como la rumba “Dieguitos y Mafaldas”, del español Joaquín Sabina. Otras son de corte bíblico, como “¿Qué es Dios?”, de Las Pastillas del Abuelo, donde cantan: “Bajó una mano del cielo y acariciando su pelo/ rulo y señal de la cruz/ la caricia de Jesús/ hizo posible el milagro”. Himnos escritos para corear en una tribuna de cancha, como “Te sigo”, del grupo ska Los Calzones, y “Para siempre Diego”, de Ratones Paranoicos de 2001, donde el rocanrol suena a plegaria: “Quisiera ver al Diego para siempre, gambeteando por toda la eternidad”. A veces eran serenatas de amistad, como “Maradona”, de Andrés Calamaro, donde el futbolista grabó una dedicatoria para sus hijas Dalma y Gianinna al principio de la canción. Otros son tributos emotivos creados en una esquina del barrio de Tolosa de La Plata por La Guardia Hereje en el candombe “Para verte gambetear”, o en la milonga “Maradoneando”, del grupo Quinteto Negro La Boca.

UNIVERSO PROPIO

Durante las últimas décadas, este puñado de canciones reflejó ese inabarcable universo maradoniano. Diego es el baile de cumbia, el tango emocionado, la explosión del rock y el sentimentalismo de la canción romántica. Es, también, el recorrido de una vida y la relación de millones de personas con el último de sus héroes, a través de la música: los milagros en la cancha y las batallas en la vida del más humano de todos los dioses, como lo definió el escritor Eduardo Galeano. Así como en la antigua Grecia los poetas escribieron elegías a los semidioses por sus conquistas, para eternizarlos en el tiempo, los trovadores del mundo contemporáneo le escribieron a Maradona, un hombre elevado a la categoría de ser mitológico, para que sea recordado por las generaciones futuras.

Escrito por
Gabriel Plaza
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