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UN MUNDO DE SENSACIONES

Fue uno de los géneros más determinantes de la era dorada de la radio. En los 40 y 50 convocaba a millones de escuchas y tenía un profundo anclaje en la cultura popular. La aparición de la televisión asfixió su encanto, pero todavía hoy las buenas historias siguen encontrando su camino en el dial.

La radio cumple 100 años y no sólo no ha muerto, sino que sigue transformándose y acompañando el avance de la tecnología. La ficción radial continúa el mismo camino: pide historias de amor, de intriga, de risa o de llanto, que nos emocionen y nos interpelen, no importa si nos llegan a través de una piedra galena, de una radio a válvulas, de una Spica o de un podcast elegido con el celular.

Cada década tuvo, entre la gran oferta de obras que ocupaban las grillas de las emisoras, radioteatros emblemáticos que paralizaron el país y se hicieron inolvidables.

Para 1930, el radioteatro ya era un género reconocido en Buenos Aires. Surgen los pioneros y diariamente el dial ofrece más de 40 historias distintas, que dan trabajo a autores, directores, elencos, musicalizadores y sonidistas. Gracias a Chispazos de tradición se venden más y más aparatos de radio, y los que no pueden comprarlos van a las casas de sus vecinos para escuchar. González Pulido, el autor, presentaba su radioteatro como “un gran churrasco criollo que chorrea sangre gaucha”. De sus personajes, el temible Caín era el más odiado. Su contracara era Churrinche, la personificación de la bondad, querido por todos, mezcla de inocencia y picardía.

En la década del 40 crecieron rápidamente los radioteatros “jaboneros”, llamados así por ser sus auspiciantes las empresas fabricantes de jabones para lavar y de tocador.

Todos los días, por LR1 Radio El Mundo, sonaba el teléfono y una voz atendía, dando la bienvenida: “Sí, amigo, esta es la casa de los Pérez García”.

Don Pedro y Doña Clara conformaban una familia tipo argentina, junto a sus hijos Raúl y Luisa. Durante nada menos que 22 años, el público siguió el desarrollo de estos personajes aceptándolos como reales. Tanto es así que cuando se “casaban” o un bebé “nacía”, llovían costosos regalos a la emisora. Como lo anunciaba la apertura del programa, la familia cada día tenía una nueva emoción y también un nuevo contratiempo, por lo que el saber popular acuñó la frase que sobrevivió al mismo radioteatro: “¡Vos tenés más problemas que los Pérez García!”.

MUJERES DE LA HISTORIA

En 1943, la revista Antena anuncia un ciclo dedicado a biografías de mujeres de la historia protagonizado por Eva Duarte. El 16 de octubre inicia con “Madame Lynch, la amazona del destino” (“un pasaje histórico de subyugante romanticismo”); continuará, entre otros, con “Llora una emperatriz”, “Mi reino por el amor”, “Nieva sobre mi ensueño” y “La sangre de la reina huele a claveles”. Su último trabajo será “El ajedrez de la gloria”, la vida de Ana de Austria, cuya emisión se interrumpirá por los sucesos previos al 17 de octubre de 1945. Eva Duarte pasaría así de heroína de radioteatro a Evita, para conmover a todo un país desde la acción política.

Otro éxito de aquellos tiempos fue Gran pensión “El Campeonato”, que incluía inquilinos que representaban cada uno a un equipo de fútbol, y todos peleaban por el amor de la hija de Doña Asociación (AFA), la dueña del lugar. El personaje que encarnaba al equipo que salía vencedor en el campeonato real era quien finalmente conseguía casarse con la joven. Cada inquilino se presentaba con un breve recitado, el que pronto se hacía popular entre las hinchadas: “Mochachi de la pizza e la fainá, buonasera a tutti! La vida será más beya si se ganamo’ otra estrella” (Boca Juniors) o “Damas y caballeros, buenas y millonarias, y digamos todos con voz tonante, La Banda, La Banda, ¡siempre adelante!” (River Plate).

En los años 40 comienzan a aparecer también las grandes plumas del radioteatro: Nené Cascallar, Silvia Guerrico, Mabel Loisi, María del Carmen Martínez Payva, Alberto Migré, Abel Santa Cruz, Yaya Suárez Corvo y Roberto Valenti.

LA PAVOTA Y SU HIJA

Raúl Martínez es autor en 1948 de un melodrama llamado La pavota. Es tan grande su éxito que le piden una continuación. Entonces, con la mente puesta en la saga, escribe La hija de la pavota. Así, gracias a la lacrimosa y sufrida protagonista, surge una expresión que se incorporó al habla popular: “¿Quién soy yo, eh? ¿La hija de la pavota?”.

Mientras concluyen los 83 capítulos del clásico radial El león de Francia, de Roberto Valenti y Adalberto Campos (único radioteatro que llegará a las mil representaciones al estrenarse en teatro), el verdadero auge del género infantil llega con Tarzán de la selva. Protagonizada por César Llanos (Tarzán), Mabel Landó (Juana) y Oscar Rovito (Tarzanito), el éxito de la serie se sumó al de otros programas: Poncho Negro, Sandokán y el primer radioteatro de Batman emitido mundialmente, con el recordado Carlos Carella como el enmascarado y Ricardo Bosch en el papel de Robin.

Apareció la televisión y desapareció el radioteatro, causa y efecto que nadie osaría poner en duda. Pero la estocada final estuvo en manos de un funcionario del gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía: Federico Frischknecht, quien abruptamente desmantela todos los elencos estables de las emisoras y prohíbe el género por considerarlo anticultural y antieducativo.

Por suerte el mundo es redondo y hoy el radioteatro parece estar volviendo con más fuerza a una radio que, si bien posee otro aspecto, conserva su esencia. Como dice Mabel Loisi: “En realidad los autores nacimos y nos hicimos antes de la electricidad y después de la internet. Lo único que hay que hacer es ir trasladando la ficción a las nuevas tecnologías. La sensibilidad del público sigue siendo la misma”.

Que así sea. Por los siglos de los siglos.

Escrito por
Mercedes Di Benedetto
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